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MIÉRCOLES 12/12/2018
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Todos los autos de los presidentes

Un repaso por los vehículos utilizados por los hombres y mujeres que ocuparon el sillón de Rivadavia. Anécdotas, favoritismos y oportunidades de negocio detrás de la banda presidencial. Los modelos, de ayer a hoy.

Todos los autos de los presidentes

Algún fanático de los autos podría afirmar que la Argentina regresó a las sendas de la vida democrática, en 1983, a bordo un Rambler Ambassador azabache. Otro podría asegurar que Juan Domingo Perón se paseaba en un Cadillac junto a Evita, y así se sucederían innumerables anécdotas sobre los automóviles por los que pasaron los hombres y mujeres que ocuparon la primera magistratura del país. ¿Qué tuvieron que ver los motores en la vida de los presidentes argentinos? A pocos meses de vivir un nuevo traspaso de banda, RPM buceó en los anaqueles de la historia para conocer los vehículos presidenciales.

La historia comienza en el bajo porteño, sobre la avenida Leandro N. Alem. Allí está la cochera presidencial que mandó a construir Julio Argentino Roca (1898-1904) para oficiar de caballeriza y, con los años, también de garage. En ella se guardó una carroza de fresno tapizada en seda que Domingo Sarmiento compró a la firma Delaye en 1870 y sobre la que anduvieron Nicolás Avellaneda, Miguel Ángel Juárez Celman, Carlos Pellegrini y Luis Sáenz Peña. También otra marca Victoria, propiedad de José Evaristo Uriburu (1895-1898).

La motorización de los presidentes debe adjudicársele a Dalmiro Varela Castex, quien trajo a fines del siglo XIX un Daimler de encendido por incandescencia. El primer presidente del Automóvil Club Argentino (ACA) revelaría años más tarde a una revista especializada que el presidente Roca le había pedido un paseo en esa máquina durante su segundo mandato. El ACA, que promovió a comienzos del siglo XX las carreras de autos, tuvo entre sus habituales aficionados a Marcelo T. de Alvear, presidente entre 1922 y 1928. Antes de llevar la banda, el dirigente radical corrió varias "picadas" en el Hipódromo de Palermo y compró algunos de los primeros autos que llegaron a la Argentina.

Más tradicional con los vehículos fue el primer Presidente elegido con el voto secreto, universal y obligatorio. Hipólito Yrigoyen prefería la tracción a sangre y durante su mandato se valió de una carrocería Phaeton liviana y de grandes ruedas. Tras su destitución, la historia motor de los presidentes naufraga hasta encontrar al presidente de facto Edelmiro Farrell (1944-1946) andando en limusinas Packard.

El culto presidencial por los vehículos se gesta con la llegada de Perón al poder (1946-1955). El teniente coronel se vinculó a importantes fabricantes y grandes marcas que le proveyeron de modelos exclusivos. El más famoso, tal vez, es el Cadillac Limousine 1951 que General Motors obsequió a la Presidencia. Este vehículo fue subastado a mediados de 2014 en Gran Bretaña por u$s 230.000.

Perón también contó con un Cadillac descapotable que aún permanece en manos del Estado nacional. El vehículo fue utilizado en varias ceremonias de asunción de mando. También tuvo varias motocicletas que guardó en la Quinta de Olivos: la más recordada es la Puma 98 cc con motor Sachs de dos tiempos y dos velocidades.
Arturo Illia (1963-1966) prefirió valerse de su Kaiser Carabela, que había comprado con esfuerzo un año antes de ser electo presidente. En 1965, el galeno cedió ante la propuesta de Ford, que le obsequió un Falcon cabriolet elaborado en la planta de General Pacheco.

La era de los blindados

En 1966 entraría a la historia presidencial el Rambler Ambassador desarrollado por el carrocero Heriberto Pronello en los talleres de IKA-Renault. En diálogo con RPM, el diseñador recordó la preocupación del general Juan Carlos Onganía (1966-1970) por tener un buen blindaje en aquellos años de plomo. Para ello acudió a algunas argucias del diseño y logró extender la carrocería en 600 milímetros para brindar una mayor seguridad y confort a los pasajeros. Los Ambassador fueron utilizados para actos protocolares hasta el retorno de la democracia.

En su tercer mandato, en 1974, Perón incorporó a su colección un Ford Fairlane blindado. Se trataba de un vehículo importado, modelo 1972, que luego heredó su esposa, María Estela Martínez. Isabelita, a su vez, sumó un Lincoln Continental -el mismo en el que fue asesinado John F. Kennedy.

Con el retorno de la democracia, Raúl Alfonsín fue trasladado a la Casa Rosada en el famoso Rambler Ambassador, pero utilizó para el resto de su mandato un Renault 25, amplio pero nada lujoso. El traspaso adelantado de la banda, en 1989, aceleró los motores del Cadillac peronista. Carlos Menem abrazó el bastón presidencial tras un viaje en el lujoso vehículo, símbolo del justicialismo. Pero los vientos de cambio lo llevaron a gustar de otras máquinas: así fue que, en 1991, pasó a conducir la famosa Ferrari 348TB que le obsequió el empresario italiano Massimo Del Lago. La 348 tiene un motor central V8 de 3,4 litros y 300 CV. Acelera de 0 a 100 km/h en 5,4 segundos y alcanza una velocidad máxima de 275 km/h.

Al dejar la presidencia, Menem declaró una coupé Sierra, un Renault 21, dos Peugeot 505, una coupé Fuego, un Fiat Regatta, una camioneta Pathfinder, una moto Honda y un camión Ford 400 por un valor de $ 107.900.
Fernando De la Rúa (1999-2001) también se subió al Cadillac negro de los peronistas, pero lo decoró con las boinas blancas de los radicales. En el gobierno de la Alianza entraron en circulación algunos vehículos Peugeot.
Luego del interregno duhaldista, llegó la época kirchnerista. Néstor abandonó la costumbre del descapotable y prefirió un Renault Laguna para llegar a su asunción. En los inicios de su mandato continuó la primacía de Peugeot, en especial los 607, los 407 y los 406. Pero, luego, la marca francesa prefirió hacerse a un lado. Junto con sus connacionales Citröen y Renault, la firma del león es de las más experimentadas en la provisión de coches a mandatarios. De hecho, las tres compañías se intercalan para ocupar los garages del Palacio del Elíseo.

Cristina Fernández, de 2007 a estos días, se volcó por los motores alemanes. Volkswagen Argentina concedió al Estado nacional algunos Vento, Bora y Passat, aunque al inicio de su primer mandato optó por un Audi A6. A mediados de 2013, manejó un Audi A8: tiene un motor V8 biturbo de 420 caballos y su precio de mercado ronda los u$s 200.000.

¿Qué auto transportará al próximo presidente de los argentinos? Ese es un dato aún no revelado. Pero ya despierta especulaciones entre las principales firmas presentes en el país. Transportar a la máxima autoridad esdifícil de rechazar.

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