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El desarrollo de la cadena como oportunidad

Las pequeñas y medianas empresas pueden potenciarse de la mano de las grandes firmas. Cómo fue la experiencia de cuatro compañías que ganaron competitividad gracias al programa ProPymes, del Grupo Techint.

Las pequeñas y medianas empresas pueden potenciarse de la mano de las grandes firmas.

Las pequeñas y medianas empresas pueden potenciarse de la mano de las grandes firmas.

Las pequeñas y medianas compañías se presentan como un gran motor de la industria y la economía argentina. Por esta razón, potenciar su inversión productiva es uno de los mayores desafíos. El Grupo Techint, desde de su programa ProPymes, busca desarrollar su cadena de valor a través de acciones de trabajo asociativo. A través de su 16° seminario, la compañía presentó cuatro casos que supieron desarrollarse y ser un referente de la industria local.

Roberto Franco preside Franco Fabril, una productora de cabezales para la recolección de girasol y maíz y otras agropartes. Con dos plantas productivas ubicadas en Arias, en la provincia de Córdoba, y Venado Tuerto, en Santa Fe, cuenta con 133 empleados, exporta a más de 15 países y lleva unos 2340 equipos producidos.

"Trabajaba en una empresa del pueblo hasta que decidí, en 1986, que era hora de empezar solo. El lugar donde me siento más cómodo es caminando la fábrica, soy industrial de alma", explica Franco y sostiene: "Hace algunos años, compramos el primer torno de control numérico. Mi hijo faltó una semana a clases para aprender a programarlo. Hoy, en la planta hay más de diez personas que saben hacerlo".

Esta compañía familiar se potenció, a través de los años, mediante créditos, asistencias industriales y programas de capacitación. En la actualidad, saca 100 contenedores a Europa, de los cuales 40 se destinan a Alemania. "Más del 90% de nuestros componentes son de origen nacional. Solamente compramos en el exterior lo que no se fabrica en nuestro país", aclara Franco. 

Mirar afuera

Un momento clave para la mayoría de las pequeñas y medianas empresas es aquel en el que deben comenzar el proceso de internacionalización. Miguel Abad, una empresa que fabrica componentes mecánicos para grúas y movimiento de carga, supo superar ese desafío y hoy es una firma netamente exportadora.

"Donde hay un riel o un cable, ahí están nuestros productos", señala Daniel Abad, presidente de la compañía que cuenta con 46 empleados en su planta en el Parque Industrial de Burzaco. La empresa ha tenido relación con el Grupo Techint desde la génesis.

En 2004, la firma comenzó su proceso de internacionalización a través de la fundación de una empresa subsidiaria en Brasil. "Exportamos el 70% de nuestros productos a más de 20 países", señala Abad, quien destaca que su empresa vende ingeniería detrás de cada producto: "La clave es la innovación y el desarrollo". "De este modo, logramos estar en mercados que de otra forma no sería posible, y aumentar un 20% la cantidad de unidades producidas", destaca el ejecutivo.

Claves de crecimiento 

Vaca Muerta, en tanto, se presenta como una oportunidad para las empresas del sector. La investigación y el desarrollo como claves de crecimiento son el índice principal de Texproil. Fernando García, presidente de esta empresa que se aboca al diseño, fabricación e instalación de productos para el completamiento de pozos de gas y petróleo, recuerda que los inicios fueron en 2004.

“Con otros tres socios, notamos ciertos problemas en el Cerro Dragón, lo que nos incentivó a desarrollar packers para separar múltiples capas. Hasta ese momento, se utilizaban herramientas comunes, pero, gracias a la innovación logramos reducir un proceso de 10 días a 36 horas”, señala García. 

Texproil, con 80 empleados, logró acceder a soluciones disruptivas y bajar costos de operación. En la actualidad, se encuentra en destinos como Colombia, los Estados Unidos y el Medio Oriente, lo que genera que entre el 35% y el 45% de su facturación sea consecuencia de la exportación. 

Otra de las empresas que también apostó al desarrollo de Vaca Muerta es Industrias Secco, una compañía que cuenta con 2144 empleados y fue fundada en 1936 por el abuelo de Jorge Balán, actual presidente. "Nos dedicamos a la generación de energía eléctrica y compresión de gas y fabricamos equipos para la industria petrolera", explica Balán, que tiene una planta en Rosario, provincia de Santa Fe. El ejecutivo recuerda que "Secco nació reparando motores". "Sin embargo, en los años '90, cuando se privatizaron muchas empresas en el país, tuvimos que readaptarnos y comenzamos a fabricar las piezas de los ferrocarriles”, explica.

 Uno de los desafíos de reconvertirse es convencer a la gente que trabaja en la empresa de apostar a un nuevo negocio. "En 1993 desembarcamos en la industria petrolera, mercado que no conocíamos", revela Balán. Hoy, Secco se encuentra en las 24 provincias del país.

Uno de los detalles que destaca Balán es que cuenta con un protocolo familiar. "A medida que fuimos incorporando más integrantes de la familia, decidimos crearlo", cuenta Balán y describe que posee pautas para que cada hijo o sobrino sepa "cómo son las reglas del juego para ingresar a la compañía".

Los cuatro presidentes concuerdan que es importante darle valor a la industria nacional a partir de la calidad de cada producto que se fabrica. "Tratamos de generar toda la ingeniería necesaria para reemplazar lo que viene de afuera. Nuestra tecnología está compuesta de un 60% nacional y un 40% importado", detalla Balán. 

Por su parte, García se refiere a la necesidad no solo de mayores recursos humanos, sino también oportunidades de aprendizaje, capacitaciones. "Hay que profundizar aún más. Venimos de tiempos en donde la situación no fue del todo favorable. Se iniciaron reformas que necesitábamos, las variables de comenzaron a normalizar, pero aún falta", concluye el ejecutivo.

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