Nuevos trazos para la pintura a la tiza

En 2016, Lilian D'Alessandro y Melisa Adad fundaron un emprendimiento que facturó $ 4,5 millones en 2018. El producto empezó a venderse en talleres y actualmente tiene más de 300 puntos de venta. Planean exportar.

Nuevos trazos para la pintura a la tiza

Hace cinco años, Lilian D'Alessandro trabajaba como emprendedora desde el paisajismo. Un día le pidieron que hiciera el jardín del edificio de Melisa Adad, también una emprendedora, que se dedicaba al reciclado de muebles. Así, de casualidad se conocieron y al poco tiempo decidieron unir ambos emprendimientos.

"Un día, al pasar, Meli me preguntó si conocía a alguien que alquile un local. Eso me dejó pensando porque yo también estaba buscando un espacio. Se me ocurrió proponerle que buscáramos un lugar para compartir. Así surgió La Maison, un espacio en Núñez donde se dictaban talleres de distintas técnicas de decoración, jardinería y reciclado", relata D'Alessandro.

Hacia fin de 2014, Lilian quería reciclar botellas de vidrio para usarlas como floreros en su taller de Arreglos Florales. Consiguió botellas antiguas y buscando en internet encontró la Chalk Paint, una pintura con la que quiso intervenir los floreros. Las emprendedoras compraron una muestra en Estados Unidos y luego la hicieron de manera casera, porque en el país no se conseguía. Al poco tiempo de probarla, las alumnas comenzaron a pedirles muestras para usarlas en distintos materiales en sus casas. Así, en 2016 surgió Oh my chalk.

El primer paso fue buscar los envases. "La inversión inicial fue de $ 300 para comprar un bolsón de 400 envases de cera de miel. Al principio, nos preguntábamos que íbamos a hacer con tantos envases", cuenta Adad.

El emprendimiento de pintura de tiza surgió a partir de la demanda de la gente que iba a los talleres y fue creciendo a partir del boca en boca. "Enseguida generamos mucho contenido en la web y las redes sociales. Como odio las fotos donde solo se muestra el producto. Empecé a compartir imágenes y videos haciendo intervenciones con las pinturas. Al poco tiempo, nuestras clientas nos empezaron a compartir las fotos de lo que ellas habían hecho con el producto. Una clave importante de Oh my chalk es que todos los que nos escriben, saben que tienen una respuesta. Para nosotras es muy importante mantener el contacto con la gente. Además, cuando participamos de una feria o una exposición, en el stand siempre estamos las dos", comenta Adad.

En 2016, tanto D'Alessandro como Adad, tomaron la decisión de dejar los emprendimientos propios, que mantenían en paralelo, y dedicarse de lleno a Oh my chalk. En octubre de ese año, para ganar escala, optaron por tercerizar la elaboración de la pintura y ellas se concentraron en envasarla y comercializarla. "Contratamos a un técnico químico, que las hace en una fábrica y nos mejoró la fórmula. En ese entonces, inyectamos un capital de $ 30.000", señala D'Alessandro. Adad agrega: "Cuando dijimos que nos íbamos a dedicar 100% a esto y ya habíamos firmado con la fábrica, ese día me llaman de un punto de venta para contarme que una marca conocida de acrílicos también estaba sacando una línea de chalk paint. Sentí que un elefante se nos iba a sentar arriba. Finalmente, el producto de ellos no fue bueno y nos terminó enalteciendo".

Un producto de Oh my chalk cuesta $ 220 y hay 46 colores. Las fundadoras de la marca compran más de 10.000 envases por mes. D'Alessandro señala que trabajan con stock permanentemente grande. En 2018, la facturación fue de alrededor de $ 4,5 millones.

Las clientas compran las pinturas para miles de fines. Pintan zapatos, heladeras, camperas de cuero, carteras, calefones, muebles y hasta paredes. "Van explorando con varios materiales, nos pasan las fotos y nosotras las compartimos. De esta forma, se armó una comunidad, donde se comparten tips y consejos", dice Adad.

Al pensar en los obstáculos que enfrentaron, D'Alessandro dice que no tuvieron mucho asesoramiento financiero. "Al principio, queríamos vender en las pinturerías y nadie nos daba bola. Fuimos a otros espacios donde también brindaban talleres y les ofrecíamos que las vendan ahí. En el taller, la gente usaba el producto y, al tener una buena experiencia, decidía comprarlo. Ahora las pinturerías y artísticas nos vienen a buscar a nosotras".

Por ahora, las emprendedoras aseguran que no están interesadas en vender sus pinturas en supermercados. "Los márgenes de distribución eran complicados. Se necesita un gran volumen para alcanzar poco margen. No nos cerraba", dice D'Alessandro. Ellas se encargan de la distribución y actualmente cuentan con 300 puntos de venta. Si bien, actualmente no venden a clientes particulares, en su sitio web comparten todos los puntos de venta y tiendas online.

A medida que fueron creciendo, tuvieron que dejar La Maison, porque les quedó chico, y se mudaron a un galpón de 500 m2. El próximo paso tiene que ver con exportar. "Acabamos de inscribirnos en el registro de importador y exportador", comenta Adad.

Desde Oh my chalk se está trabajando en alianzas para ganar más escala. Uno de los objetivos de las emprendedoras es aumentar el piso de ventas en 2019 en un 30%.

"Estamos por hacer una alianza con Edding porque hay chicas que pintan con nuestros productos y después intervienen con marcadores Edding", relata Adad.

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