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Hay objetos que se llevan en la muñeca y otros que, con el paso del tiempo, parecen llevar consigo una época. Un Rolex pertenece a esa segunda categoría. Su presencia no se reduce a medir las horas: para quien lo lleva, y también para quien lo reconoce, hay en ese pequeño mecanismo una combinación de precisión, prestigio, tradición y permanencia.

Detrás de ese imaginario hay, sin embargo, una historia concreta. Hace un siglo, Rolex presentó el Oyster, el primer reloj de pulsera hermético de la marca, una innovación que buscó resolver uno de los grandes problemas de la relojería de la época: cómo proteger un mecanismo diminuto de aquello que lo rodeaba.

El aniversario encuentra a Rolex con una colección de modelos surgidos de aquella matriz original y con una edición especial del Oyster Perpetual 41, concebida para conmemorar los 100 años del Oyster.

Rolex Oyster: el reloj que nació hace 100 años

Hans Wilsdorf, fundador de Rolex, tenía una ambición que excedía la fabricación de un reloj. Soñaba con que el reloj de pulsera acompañara el proceso de modernización que transformaba a la sociedad a comienzos del siglo XX y que llegara a convertirse en uno de sus símbolos.

Hans Wilsdorf en los talleres de Rolex en la rue du Marché con relojeros trabajando.
Hans Wilsdorf en los talleres de Rolex en la rue du Marché con relojeros trabajando.Fuente: Rolex© Rolex

Para eso debía ser preciso y, al mismo tiempo, resistente. Wilsdorf buscaba que un reloj de pequeñas dimensiones alcanzara una precisión comparable con la de un cronómetro marino. Pero también necesitaba proteger su mecanismo de las condiciones externas.

En 1926 llegó el Oyster. La invención representó un avance en la relojería porque permitió crear un reloj de pulsera hermético frente al agua y el polvo. El sistema se basaba en que el bisel, el fondo y la corona de cuerda se enroscaban a la carrura, formando una protección para el movimiento.

La idea también estaba asociada a una convicción de su fundador: “La prueba de todas las pruebas”. Para Hans Wilsdorf, la excelencia de un reloj no debía demostrarse solamente en condiciones controladas, sino también sobre el terreno.

Mercedes Gleitze y la prueba en el canal de la Mancha

Un año después de la creación del Oyster, Rolex encontró una oportunidad para poner a prueba esa innovación en condiciones extremas.

En 1927, la nadadora británica Mercedes Gleitze cruzó el canal de la Mancha llevando un Rolex Oyster. La travesía permitió demostrar la hermeticidad del reloj y se convirtió en uno de los episodios fundamentales de la historia inicial del modelo.

La hazaña también abrió el camino a una serie de alianzas entre Rolex y personalidades vinculadas con actividades en las que la resistencia de un reloj podía ser puesta a prueba en situaciones reales.

Rolex Oyster Perpetual: el siguiente paso

La evolución del Oyster continuó pocos años después. En 1931, Rolex desarrolló un sistema de cuerda automática basado en un rotor, denominado Perpetual.

La incorporación de esta tecnología mejoró el rendimiento del reloj y sumó una nueva característica a la protección que ya ofrecía el Oyster. Precisión, hermeticidad y autonomía dieron origen al concepto Oyster Perpetual.

La combinación permitió que el reloj acompañara los movimientos de quien lo llevaba sin las limitaciones de un mecanismo que requiriera una intervención constante para mantener su funcionamiento.

Los Rolex Explorer, Submariner, Daytona y otros modelos

A partir de aquella matriz original se desarrolló una amplia familia de relojes Rolex. Entre ellos aparecen modelos como el Explorer, el Milgauss, el GMT-Master, el Submariner, el Cosmograph Daytona y el Yacht-Master.

Cada uno fue concebido y perfeccionado para responder a determinadas exigencias. Entre ellas se encuentran una mayor resistencia a la presión o a los campos magnéticos de alta intensidad, biseles giratorios graduados, funciones de cronógrafo y la posibilidad de disponer de un segundo huso horario.

Con el paso del tiempo, esos modelos se transformaron en referencias dentro de la relojería y varios de ellos son considerados actualmente íconos del sector.

El Rolex Oyster, probado en los ambientes más exigentes

La historia del Oyster no quedó limitada a las pruebas iniciales. A lo largo de las décadas, el reloj acompañó expediciones de exploración, científicas y de aventura en algunos de los ambientes más exigentes del planeta.

Esas experiencias permitieron a Rolex probar sus relojes en condiciones reales y utilizar los resultados para desarrollar nuevas tecnologías y mejorar sus prestaciones.

Fitting of the hands on a Submariner.
Fitting of the hands on a Submariner. Fuente: RolexFrançois Lacour

Pero las expediciones también generaron vínculos con pioneros y precursoras que llevaron adelante actividades destinadas a superar límites, ampliar el conocimiento y explorar territorios y condiciones extremas.

Rolex Oyster Perpetual 41: el modelo por los 100 años

Para celebrar el centenario del Oyster, Rolex eligió como símbolo al Oyster Perpetual, el modelo que representa de manera más directa aquella combinación original de hermeticidad, precisión y autonomía.

La celebración incorpora al catálogo una edición «aniversario» del Oyster Perpetual 41, concebida como un vínculo entre la historia del modelo y su evolución posterior.

El reloj está disponible en versión Rolesor amarillo, una combinación de aleaciones que en este caso reúne un bisel y una corona de cuerda en oro con una caja y un brazalete fabricados en acero Oystersteel.

La elección de estos materiales también busca evocar la estética de algunos de los primeros relojes Oyster.

Cómo es el Rolex Oyster Perpetual 41 aniversario

El nuevo Oyster Perpetual 41 incorpora distintos elementos destinados a identificar el centenario.

Uno de ellos es el número «100», grabado en la corona de cuerda. En la esfera aparece además la inscripción «100 years», que ocupa el lugar donde habitualmente figura «Swiss Made», en la posición de las 6 horas.

La esfera es de color pizarra. Sobre ella, el nombre «Rolex» y los pequeños cuadrados que conforman la minutería están tampografiados en verde, uno de los colores emblemáticos de la marca.

Así, un siglo después de aquel primer Oyster hermético, Rolex vuelve sobre la pieza que dio origen a una de sus familias más reconocibles. El reloj que alguna vez fue concebido para impedir que el agua y el polvo alcanzaran su mecanismo terminó convirtiéndose, además, en una de las expresiones más reconocibles de la relojería de la marca.