Durante los últimos años se ha instalado con mayor fuerza el tema del calentamiento global, el cambio climático y sus consecuencias sobre nuestro planeta. Eventos climáticos cada vez más severos y frecuentes afectan a distintas regiones del mundo de forma devastadora, con pérdidas de vidas humanas y a nivel económico. A los efectos de generar cambios para mitigar el problema, el asunto dejó de ser una especulación para convertirse en un tema clave y estratégico de negocios a nivel mundial. Además de riesgos físicos, este fenómeno conlleva riesgos de mercado debido a potenciales nuevas regulaciones, demanda de productos y escrutinio público.

A pesar de la crisis financiera internacional, durante la última ronda de negociación internacional sobre Cambio Climático llevada adelante en la ciudad de Durban en diciembre último, se dejó en claro la determinación de las principales potencias económicas de continuar la tendencia hacia una economía baja en carbono.

Frente a este escenario las empresas comienzan a tomar en consideración distintas alternativas de reducción de emisiones para anticiparse a futuras exigencias por parte de los gobiernos nacionales. Por ello, la existencia de diferentes mecanismos dentro del mercado global de carbono será crucial para disminuir el nivel de emisiones producto de su actividad.

Calcular la huella de carbono conlleva beneficios concretos e importantes para el crecimiento de una empresa. El logro de una mayor eficiencia y calidad gerencial, ahorros en el costo de energía y combustibles, cumplimiento de normas ambientales, mejoras en la relación con la sociedad civil, son algunas de las ventajas generadas mediante la implementación de una política de este tipo. Todas estas acciones le permitirán mejorar su productividad y competitividad dentro del mercado en el cual se desenvuelve.

Frente al cálculo de la huella de carbono de una organización o un producto existen dos alternativas: a) impulsar políticas de reducción de emisiones en aquellos sectores donde se lo pueda hacer; b) compensar aquellas emisiones que no pueden ser reducidas en la opción anterior. La compensación se puede lograr a través de la compra de créditos de carbono generados por proyectos que reducen emisiones desarrollados en distintas partes del mundo.

Como cualquier sector de la economía, durante el último año, el mercado de carbono no ha sido ajeno a las consecuencias sufridas por la crisis financiera internacional. El precio de las distintas unidades de carbono ha alcanzado los niveles más bajos desde sus comienzos y las expectativas para el mediano plazo no vislumbran altas subas que permitan alcanzar los precios observados en años anteriores.

Si bien este hecho perjudica notablemente a aquellos desarrolladores de proyectos que contaban con flujos adicionales provenientes de la venta de créditos de carbono para apalancar inversiones, desde el lado de la demanda puede ser visto como una oportunidad.

La baja en los precios de las distintas unidades de carbono permite a las empresas adquirir créditos a muy bajo costo permitiendo compensar la totalidad de sus emisiones logrando su neutralidad.

Mantener un mínimo nivel de emisiones permite cumplir con las nuevas exigencias impuestas por distintos grupos de interés y prepara a las empresas para afrontar un escenario de regulación internacional que exigirá, en el corto plazo, medidas de este tipo.

Lejos de restarle importancia al tema, el cambio climático y la sustentabilidad de los negocios son un tópico primordial dentro de la agenda corporativa global. En nuestro país, implementar medidas en este sentido significa, no sólo ser coherente con una nueva tendencia mundial, sino también estar a la vanguardia del mercado, desarrollando una estrategia que permite alcanzar altos niveles de competitividad siendo ambientalmente amigable.