La camioneta abandona el asfalto de la ruta nacional 3 en el kilómetro 1264, en medio de la estepa patagónica. 24 kilómetros de ripio rodeados de una inmensidad casi sin referencias la separan del sitio donde se está construyendo la terminal de Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), la obra de infraestructura de u$s 3000 millones que permitirá acelerar las exportaciones de crudo de la cuenca neuquina.
Punta Colorada, el puerto rionegrino elegido para el proyecto, tendrá su segunda oportunidad. La terminal, construida para la exportación de hierro de Hipasam, la empresa estatal que desarrolló la mina de Sierra Grande, nunca llegó a ser lo que se prometía en los años 70 del siglo pasado. Ahora aguarda que los hidrocarburos la lleven a una época dorada que nunca llegó a conocer.
Tras media hora de camino de tierra, lo primero que se llega a ver son las inmensas cúpulas de aluminio, sobre las que se refleja el sol de la primavera, de los tres tanques de almacenamiento de petróleo que ya están terminados. Otros tres siguen en plena obra, que avanza a toda velocidad. La postal es una de las imágenes que mejor permite dimensionar la escala de lo que se está construyendo en este rincón de Río Negro.
Cada tanque tiene 83 metros de diámetro y una altura equivalente a 10 pisos. La capacidad de uno de ellos equivale a unas 50 piletas olímpicas, con espacio para almacenar el equivalente a 22 millones de pelotas de fútbol.
Es una infraestructura pensada para recibir el crudo que llegará desde Vaca Muerta, almacenarlo y prepararlo para su salida hacia los barcos.
Una obra a escala de Vaca Muerta
Pero los tanques son apenas una parte de la obra. VMOS incluye un oleoducto de 437 kilómetros, estaciones de bombeo y toda la infraestructura necesaria para llevar el petróleo desde la cuenca neuquina hasta la costa atlántica.
El proyecto ya superó el 85% de avance físico y tiene una inversión estimada en u$s 2976 millones. La primera etapa fue diseñada para transportar 180.000 barriles diarios, aunque la infraestructura completa permitirá llegar a 550.000 barriles por día.
La escala no termina ahí. YPF y sus socios ya estudian una ampliación hasta 750.000 barriles diarios y la aspiración de Gustavo Gallino, vicepresidente de Infraestructura de YPF y presidente de VMOS, es que, en algún momento, el sistema pueda llegar al millón de barriles por día.
El salto está directamente relacionado con las perspectivas de producción de Vaca Muerta: la capacidad de evacuación que tendrá VMOS busca acompañar el crecimiento de una cuenca que ya produce en una escala que hace unos años parecía difícil de imaginar.
“Cuando nos planteamos los plazos, fueron sumamente desafiantes y exigentes”, dice Gallino. El proyecto empezó a tomar forma en 2024. En ese momento todavía no había un terreno definido para la terminal y tampoco estaba terminado el diseño. Menos de dos años después, la obra tiene prácticamente toda su infraestructura principal ejecutada.
El cronograma original contemplaba unos 18 meses de ejecución. En el camino aparecieron problemas que no estaban en los planes: hubo equipos que debieron sortear dificultades logísticas y proveedores internacionales que pasaron a tener una demanda extraordinaria cuando distintos conflictos -especialmente el bloqueo del estrecho de Ormuz- y problemas industriales en otras partes del mundo hicieron competir a los proyectos por los mismos fabricantes. Bombas, sistemas de control y otros componentes críticos tienen pocos proveedores globales.
El desafío de llegar a tiempo
La obra se apoyó además en una metodología de trabajo poco visible desde afuera. Buena parte del proyecto se construyó utilizando una maqueta digital en 3D, que permitió anticipar interferencias, controlar dónde estaba cada equipo y verificar que los materiales estuvieran disponibles antes de llegar al momento del montaje. Para un proyecto en el que el plazo es uno de los principales desafíos, la herramienta funcionó como una manera de detectar problemas antes de que llegaran a la obra.
El próximo gran hito está previsto para enero, cuando comenzaría el llenado del sistema con crudo.
La primera carga de un barco está proyectada para marzo, aunque la fecha dependerá también de la disponibilidad de petróleo de los productores que forman parte del proyecto. Antes habrá que llenar los 437 kilómetros del oleoducto y los tanques de la terminal. Solo el caño tiene capacidad para unos 1,2 millones de barriles.
El funcionamiento de la terminal permite entender por qué ese proceso lleva tiempo.
El crudo llegará por el oleoducto, atravesará un sistema de filtrado y medición y luego será enviado a los tanques. Desde allí pasará nuevamente por filtros hasta llegar a las bombas que lo impulsarán hacia los barcos.
La instalación estará preparada para despachar hasta 1 millón de barriles por día. Un buque de 1 millón de barriles podrá cargarse en unas 20 horas, mientras que uno de 2 millones demandará alrededor de 40 horas.
“Cuando esté lleno todo el sistema, tenemos que llenar los dos tanques para poder cargar el primer barco”, explica Gustavo Chaab, gerente general de VMOS. La compañía calcula que el llenado inicial del oleoducto y de la terminal llevará varias semanas: el objetivo es comenzar en enero, terminar de completar el sistema durante febrero y tener la primera carga durante marzo, siempre dependiendo del crudo que aporten los productores.
La salida hacia el mar
La elección de Punta Colorada tampoco fue casual. La terminal está pensada para recibir buques de hasta 2 millones de barriles, una escala que permite aprovechar las aguas profundas de la zona. La alternativa también tiene una consecuencia económica: cuanto mayor es el buque, más petróleo puede transportar en cada viaje y menor es el costo unitario de flete.
Gallino calcula que la diferencia frente a otras opciones puede representar entre u$s 2 y u$s 4 por barril.
La parte marina es, justamente, uno de los sectores que todavía concentra buena parte del trabajo. En tierra, los tanques y las instalaciones principales ya permiten imaginar cómo funcionará la terminal.
Más cerca del mar aparecen las estructuras que conectarán el sistema con los buques, las líneas y los equipos que deberán quedar preparados para operar en condiciones mucho más exigentes.
Desde la sala de control, todavía en construcción, se podrá seguir prácticamente todo el recorrido del crudo dentro de la terminal. Habrá operadores trabajando las 24 horas, con monitoreo de la recepción del oleoducto, los tanques, las bombas y la carga de los buques. La operación estará conectada además con un centro de control y de ingeniería centralizado en Buenos Aires.
“Acá tenemos 45 ingenieros de operaciones”, cuenta Chaab. La sala de control funcionará con personal en turnos y permitirá manejar la terminal desde la recepción del crudo hasta el despacho al barco. El sistema también tendrá monitoreo de seguridad durante toda la traza, con cámaras y controles que permitirán seguir la operación de la infraestructura.
Lo que queda por terminar
La parte más compleja que queda por delante está en la zona marina y en las conexiones.
Allí se concentran buena parte del tendido de cables de potencia y control, el montaje de instrumentos y la instalación de equipos que fueron fabricados por proveedores internacionales. Algunos llegaron por vía terrestre después de ser desembarcados en la costa y otros componentes críticos todavía están llegando para completar el montaje.
Durante la construcción, unas 1600 personas trabajan directamente en la obra para finalizar la terminal. La expectativa es que parte de esos trabajadores pueda incorporarse a futuros proyectos, entre ellos el desarrollo de GNL que se analiza para la región. Una vez que la terminal entre en operación, VMOS tendrá unas 60 personas empleadas de manera directa. A eso se sumará el empleo indirecto vinculado con la Aduana, Prefectura, servicios y otras actividades asociadas a la operación, que llevaría el total a más de 200 personas.
A eso se suman unos u$s 300 millones en productos y servicios contratados a proveedores locales y más de 80% de contrataciones locales, por un monto superior a u$s 100 millones. Hay desde empresas que aportan áridos y transporte hasta servicios de alimentación y herramientas. Para Gallino, uno de los desafíos es que esas compañías puedan aprovechar la experiencia adquirida para participar de los próximos desarrollos vinculados con la expansión de Vaca Muerta.
El impacto en la región
La transformación ya se empieza a notar fuera del predio. Gallino cuenta que, cuando comenzó a recorrer la zona para poner en marcha el proyecto, Sierra Grande, la localidad más cercana a la planta, era una ciudad muy distinta. Hoy encuentra nuevos comercios, mayor movimiento y una actividad que se extiende mucho más allá de los límites de la obra.
Para el ejecutivo, ese efecto es parte de la dimensión que debería tener una infraestructura de esta escala. Gallino recuerda que las grandes obras no solo modifican la forma de transportar un producto: también pueden cambiar la vida cotidiana de las comunidades que las rodean. En este caso, la apuesta es que Punta Colorada deje de ser el puerto que nunca llegó a cumplir la promesa para la que fue construido y se convierta en la puerta de salida de una nueva etapa para Vaca Muerta.
“Los proyectos de esta magnitud tienen que tener impacto en la comunidad”, cierra Gallino.