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"Ecobosques ganaderos": ¿Una solución múltiple para el suelo y el medioambiente?

La producción ganadera, maderera y energética en un mismo lugar podría ser una solución para enfrentar los efectos del cambio climático, aunque tiene sus cuestionamientos

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Existe un aliado clave para frenar los efectos del cambio climático: los bosques.

Estos absorben dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacenan en los árboles.

Y es por eso que Mayco Mansilla, un ingeniero agrónomo de 32 años, quiere transformar un rincón de la provincia de Santa Fe, en el centro-norte de Argentina, combinando bosques y ganadería.

Pero no es una mezcla cualquiera. Mansilla es el fundador de "Ecobosques ganaderos", un proyecto que en su esencia busca la combinación inteligente de bosques cultivados con la producción ganadera con alimentación a base pastoril.

En Argentina hay un gran bosque: el parque chaqueño. Incluye desde el norte de Córdoba, norte de Santa Fe, parte de San Luis, Santiago del Estero, Salta, Formosa y la provincia de Chaco. Conjuntamente con Bolivia y Paraguay conforman el Gran Chaco americano, que es el segundo bosque más grande de Latinoamérica después del Amazonas.

Durante el último siglo hubo una tala indiscriminada de este bosque para distintos usos: desde la explotación de la madera, la reconversión a la agricultura, hasta la cría de ganado.

Las consecuencias fueron muchas y variadas de acuerdo a la zona, como la pérdida de biodiversidad y la transformación de campos que ahora son fácilmente inundables.

"Reforestar donde se desmontó"

Ecobosques Ganaderos es una inversión a largo plazo socialmente responsable combinando la forestación de árboles de alta gama con la ganadería para la producción de madera renovable de calidad, carne carbono neutro, biomasa energética y bonos de carbono, detalla el plan.

El proyecto brinda "la posibilidad de poder desarrollar productos con certificaciones que piden los consumidores: una carne a pasto con bienestar animal, carbono neutral, que se pueda hacer una certificación con la medición de carbono muy precisa, siguiendo los lineamientos internacionales y hacer una ganadería mucho más eficiente y sostenible", enumera Mansilla.

Tradicionalmente, para la explotación ganadera se suele desmontar un área para que las vacas pastoreen. Sin embargo, la cría de bovinos en espacios de bosques nativos tampoco es una rareza, lleva más de 100 años en Argentina. Este tipo de actividad ocurre en varias zonas del país como en Corrientes, Misiones, Chaco, incluso en los vecinos Brasil y Paraguay.

Pero "nosotros estamos hablando de reforestar, es decir, de plantar árbol aprovechando que Argentina tiene un montón de superficie ganadera que previamente desmontó", aclara Mayco Mansilla.

La plantación forestal tiene un ciclo bastante largo. Entonces con este tipo de proyectos de combinación con actividad ganadera se busca generar ingresos a un plazo más corto, señalan especialistas consultados.

Según Mansilla, este plan también ayuda a satisfacer la alta demanda de madera. "Un bosque cultivado puede producir la cantidad de madera de cinco hectáreas de bosque nativo. Entonces, le sacamos presión a los bosques nativos que muchas veces se terminan talando", detalla el también docente de Bioeconomía en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe.

En Argentina hay 54 millones de hectáreas de bosques nativos, según ordenamiento territorial.

Es decir, tanto a nivel nacional como las distintas jurisdicciones y provincias, a partir de la sanción de la Ley de Bosques (Ley 26.331) en 2007 establecieron un ordenamiento territorial para ponerle un freno a la deforestación.

Según datos oficiales, se calcula que en 20 años (1998-2018) se perdieron 6,5 millones de hectáreas en Argentina, el 43% de esto durante la vigencia de la ley.

Mansilla y su equipo planean iniciar el proyecto en la localidad de San Javier, en el noreste de Santa Fe. Allí plantarán cerca de medio millón de árboles en enero de 2024 en un campo de 300 hectáreas y pretenden duplicar esa cantidad cada año por varios años. Planean plantar especies nativas, como el algarrobo, y exóticas, como eucalipto.

"Nosotros estamos introduciendo a las especies exóticas en un lugar donde no existen bosques nativos", remarca, porque "algunas especies exóticas son de mucho más rápido crecimiento".

"Efecto esponja"

En esa zona de Santa Fe se da una situación particular porque es un área desmontada desde hace muchos años fundamentalmente cuando se instaló "La Forestal", una compañía inglesa que a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX taló cerca del 90% de los extensos bosques de quebracho que había.

"Esa zona fue convertida a la agricultura. Tuvo una ventanilla de tiempo relativamente exitosa donde prosperó el algodón, posteriormente la soja, pero acto seguido prosperó el agua y es una zona que perdió potencial de producción por tierras inundables. En algún momento el efecto esponja que hacía el bosque se perdió", explica Mercedes Borrás, consultora y exdirectora de Bosques de Argentina.

Según el ordenamiento territorial, en un bosque nativo no se permite hacer una plantación de eucaliptus, por ejemplo. Pero sí se puede realizar un enriquecimiento con una especie nativa de la zona como el algarrobo.

"De alguna manera es ayudar al bosque a recuperarse con especies de valor y eso se hace en compatibilización con la ganadería o no", explica Borrás.

"Al mismo tiempo que estás haciendo una actividad productiva de ganadería donde buscás lograr kilos de carne a futuro, ese enriquecimiento con algarrobo va a permitir extraer y hacer un aprovechamiento de una madera de valor comercial", añade.

Otro punto fuerte que destaca el ingeniero Mansilla es la alta presencia de aserraderos en esa zona de Santa Fe. Estos se verían beneficiados por la madera que pueden extraer de estos campos reforestados cercanos para su producción y para la generación de energía.

"Si generas energía local y energía barata es mucho más fácil que se radiquen industrias" y se cree más empleo, concluye el ingeniero.

"No se necesita batir récords de producción"

Si bien el proyecto es ambicioso y prometedor, tiene desventajas que el mismo Mansilla expone, sobre todo de manejo y asesoramiento.

"Si se plantan árboles de más o no se podan a tiempo puede hacer mucha sombra y afectar el crecimiento de la pastura, por ende, merma la producción ganadera. Y también al revés", ejemplifica.

También existen riesgo de incendio forestal y otras adversidades climáticas.

Sin embargo, Pablo Preliasco, que es especialista en ganadería sustentable de la Fundación Vida Silvestre, observa una desventaja clave: la pérdida de biodiversidad.

"En general los agrónomos entendemos a la biodiversidad como la que es funcional a la producción. Pero no la biodiversidad originaria y completa que debería estar en un lugar. Y a nivel global la pérdida de biodiversidad es tan grave como el calentamiento global", advierte.

"El noreste de Santa Fe es una zona que fue muy deforestada y que hay que restaurarla con su vegetación original. Si vamos a poner el eucaliptus ahí, no es restauración, es una plantación. Entonces es lo mismo que haya soja o que haya eucaliptos para la biodiversidad", describe.

La solución que plantea el ambientalista es el modelo Manejo de Bosques con Ganadería Integrada (MBGI) que propone la conservación del bosque nativo y su biodiversidad basándose en la adopción de tecnologías de bajo impacto ambiental.

Y agrega: "No se necesita batir récords de producción. Necesariamente no gano más plata por producir más. Muchas veces produciendo menos, pero gastando muy poco, gano más".

"A todos nos picó el bichito"

Para invertir en el proyecto, Mansilla y su equipo crearon un fideicomiso. Cada participante puede ingresar con un aporte de US$10.000 con un plazo de permanencia mínima de 8 años, aunque existe la figura del retiro anticipado.

"Se creó el fideicomiso por las características también de la producción, teniendo en cuenta que son varios años era importante crear una figura que le permita entrada y salida a los inversores", señala Mansilla.

"Fue todo un desafío armar el proyecto", reconoce el ingeniero que asegura que debió sortear muchos obstáculos. "Subestimamos el tema de conseguir campo. No hay mucha gente que quiera alquilar o asociarse a un proyecto a 10 años", dice.

Mansilla destaca que este proyecto es innovador para esa zona de Santa Fe. Y también lo es en su naturaleza de ser un plan modular con un formato que permite a los inversores ser parte con una pequeña porción.

"De esta manera nosotros podemos encarar un proyecto que tiene una rentabilidad de entre 15% y el 30%", garantiza.

Y dice que es prometedor en lo que este proyecto se pueda convertir y habla de la potencialidad de emitir tokens.

"Imagínate si tenemos la posibilidad de tokenizar árboles y que cualquier persona pueda comprar 100 árboles, venderlos a los seis meses y poder tener su ganancia. Ahí es donde realmente se puede hacer muy masivo", dice entusiasmado.

Roberto Daniel Santos es ganadero, tiene 69 años y es de Madariaga, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Él, junto a un grupo de inversores, decidieron apostar por el proyecto "Ecobosques ganaderos".

"A todos nos picó el bichito de hacer algo mixto que en realidad tenía unos cuantos beneficios adicionales", cuenta.

Los ganaderos "estamos sufriendo los embates de las grandes empresas que hacen agricultura y alquilan campos. No tenemos mucha posibilidad de reinvertir o de crecer y esto es poner los huevos en otra canasta", detalla.

También "esto de poder hacerlo a través de un fideicomiso, de alguna forma asociativa, permite a pequeños productores participar de estos proyectos con US$10.000 neto para tener una idea", dice.

Por último, "hay un poquitito de alguna filosofía de hacer algo más trascendente sobre todo por el tema de la sustentabilidad, del ambiente, de cuidar el recurso suelo, con todo esto de la ecuación del dióxido de carbono que tiene tan comprometido al planeta. En fin, es un conjunto de cosas que llevó a pensar que este proyecto era viable y apetecible para entrar".

"Como de ciencia ficción"

El proyecto destaca la posibilidad de acceder a la venta de bonos de carbono porque son relativamente fáciles de medir en una plantación homogénea. "Eso hace también que sea mucho más fácil de comercializarlo", afirma Mansilla.

 Pero aún este mercado es muy nuevo y genera desconfianza.

"La sensación es como que todavía no está claro. No hay un mercado claramente definido y al productor hablarle de eso es como ciencia ficción", señala la consultora Borrás.

"El productor va a vender una vaca en el remate ferial, conoce al rematador, al consignatario de hacienda. Son todos tangibles y en muchos casos el productor tiende a moverse en su círculo de confianza", describe.

"Esa incertidumbre hace que no sea tan tentador para el productor ingresar en esos mercados", analiza Borrás. "Obviamente siempre hay productores de vanguardia, súper innovadores".

Ese es el caso de Santos. "Me pareció interesante la posibilidad de monetizarse a través de la venta de los bonos... hoy todo el mundo habla de eso. Pero hace cuatro años, cuando empezamos a hablar del proyecto, recién comenzaba el tema".

"Mitigar el cambio climático"

Varias de las fuentes consultadas para este artículo coinciden en que la explotación ganadera en combinación con el bosque es el futuro. Pero advierten que no es inmediato y que aún falta más conocimiento técnico, comunicación y profundización en varios temas para encontrar cuál es el punto de equilibrio.

"Hoy, para llegar a una ganadería sustentable todavía nos falta mucho camino por recorrer, por mejorar y corregir. Y cuando uno dice ganadería sostenible es tratar de que la actividad tenga su máximo beneficio económico posible, que sea socialmente equitativo y que sea ambientalmente responsable", analiza Mercedes Borrás.

"Por otro lado, está esto de empezar a negociar, romper este divorcio eterno entre conservación versus producción. Es necesario limar un poquito. El productor ganadero no es un demonio, el conservacionista no es un ángel", sostiene.

Mayco Mansilla es optimista.

Ecobosques ganaderos "es un sistema que realmente puede transformar, puede ser la principal herramienta para mitigar el cambio climático. Porque por más que todos los sectores de la economía mitiguen carbono, la única forma de realmente capturar carbono es a través de la fotosíntesis", afirma.

"Y la agricultura, la ganadería y la actividad forestal o todo lo que es producción de biomasa son lo único que puede bajar las emisiones de carbono netas", concluye Mansilla.

Este informe ha sido redactado y elaborado en el marco de un programa de formación periodística impartido por la Fundación Thomson Reuters. El contenido es responsabilidad exclusiva del autor y del editor.

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