

Millones en México evocamos estos días el famoso dicho: “fue por lana y regresó trasquilado”. Ojalá no sea el caso para el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien habrá sumado muchas millas a su plan de viaje por haber ido a Washington a dar la luz verde a las pláticas para renegociar el Tratado México, Estados Unidos, Canadá, y su inmediato retorno a la 89 Convención Bancaria, en Cancún.
De cualquier forma, en unas pocas horas el representante comercial mexicano y su contraparte estadounidense, que se llevan bien a juzgar por las fotos donde salen juntos, demostraron que la diplomacia comercial en la región ya no es un intercambio de cortesías, sino un duelo de esgrima a plena luz del día.
Así, esta semana, en Washington, el aire no olía a café de oficina, ni a cacahuates saladitos, sino a pólvora contenida.
Por un lado, la “espada desenvainada” de Ebrard; por el otro, la espada de Damocles que Greer sostiene sobre la mesa con un hilo que parece cada vez más delgado.
En la ruta al 1 de julio, fecha última para anunciar si hay un acuerdo, ya hubo señales de acoplamiento y fue el propio Greer quien dio los primeros salvos al señalar que él y Ebrard pidieron a sus respectivos equipos técnicos que establezcan “una serie de reuniones periódicas para hacer avanzar estas conversaciones e identificar los resultados clave”.
El “escudo” de Ebrard: datos vs retórica
Ebrard no llegó a la capital estadounidense con promesas vacías. Su “espada” es, en realidad, un escudo forjado con datos duros: un reporte basado en 573 cuestionarios aplicados al empresariado mexicano. Para México, estos Resultados de las Mesas de Consulta Pública para la Revisión del T-MEC, es la prueba de vida del éxito del acuerdo, un intento por demostrar que el T-MEC no es un favor de Washington, sino un motor regional que ya no tiene reversa.
Pero en el juego de las percepciones, los datos son solo la mitad de la historia y los hechos acompañan esta pinza. En este sentido, nada más concreto de que México hará lo que sea para mantener el T-MEC que la imposición de aranceles a productos chinos. Más que un gesto de “buena fe” o apaciguamiento, fue una jugada política de peso para reforzar la calidad de socio principal comercial. En pocas palabras, el as en la manga de Ebrard es probar que México puede ser un muro de contención contra Beijing.
La “espada” de Greer: Seguridad es comercio
Para Greer, el T-MEC ya no se trata de balances comerciales o ventajas comparativas. En su óptica, la revisión es un asunto de Seguridad Nacional.
Mientras Ebrard muestra encuestas a empresarios, Greer afila una propuesta que busca rastrear hasta el último tornillo chino en las cadenas productivas de la región. El Mecanismo de Seguridad de la Cadena de Suministro no es una sugerencia; es la herramienta con la que EE. UU. pretende auditar la soberanía industrial de sus socios.
| El “escudo” de Ebrard | La “espada” de Greer |
|---|---|
| Evidencia: Entrevistas a 573 empresarios que avalan el éxito del T-MEC. | Orden de Trump: El comercio es Seguridad Nacional, no solo economía. |
| Prueba de lealtad: Aranceles a China para demostrar alineación. | Exigencia: Mecanismos de rastreo vinculantes para cada insumo de origen asiático. |
| El factor seguridad: Omar García Harfuch en D.C. vinculando fentanilo y armas al flujo comercial. | El factor presión: El límite de renovación del 1 de julio como arma de extorsión técnica. |
México no irá con China
A pesar de que en teoría la 4T está más cercana, por ideología, al dragón chino, la pragmática ha llevado a la administración a elegir el camino del buen vecino y socio comercial con EE.UU y Canadá que seguir por el camino de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road), la estrategia de desarrollo de infraestructura global y cooperación internacional lanzada por China en 2013.
Ebrard dice que los aranceles a China y otros países asiáticos es para “salvar” cientos de miles de empleos, pero es solo una parte de la verdad. En sí, la revisión del T-MEC implica una guerra subsidiaria contra China. Washington ya no pide, exige que México se convierta en una zona “libre de dragones”. Cada componente, cada chip y cada inversión que huela a Beijing será pasada por el escáner de la seguridad nacional estadounidense.
Para México, esto es un campo minado: ¿cómo atraer la inversión del gigante asiático que el país necesita sin activar las alarmas de un Greer que tiene el dedo en el gatillo de las sanciones?
Y los chinos no olvidan ni perdonan, como fue en el caso del tren rápido cancelado hace más de una década. El proyecto original del Tren México-Querétaro, asignado a una empresa de China (CRCC) en 2014, fue cancelado en 2015. Esta decisión se debió a recortes presupuestales y polémicas políticas tras revelarse que era el único postor. China esperaba una compensación de u$s 600 millones, pero solo recibió 11 millones.
García Harfuch y el hilo de seda
Lo más revelador de esta jornada no fue solo lo económico. La presencia de Omar García Harfuch en Washington revela que la moneda de cambio ha mutado.

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México visitó Washington con el fin de reforzar la cooperación bilateral en materia de seguridad. Se reunió con altos cargos estadounidenses, entre ellos el administrador de la DEA, Terry Cole, y el director del FBI, Kash Patel, centrándose en la lucha contra el narcotráfico, el tráfico ilegal de armas y la reducción de la violencia.
México está vinculando la cooperación en fentanilo y tráfico de armas con las facilidades comerciales. Es un quid pro quo de alto voltaje: seguridad pública por seguridad económica.

















