

Entre ricos y pobres en México, el uso del efectivo se mantiene firme. En la tortillería, la gasolinera y las casetas de cobro: desde bodas ostentosas hasta honorarios de médicos particulares se pagan con billetes.
Para compras menores a 500 pesos (unos 30 dólares), cerca del 85 por ciento de los mexicanos afirma que usa principalmente efectivo. Las empresas y trabajadores informales temen pagar impuestos si procesan sus cobros por el sistema bancario, además de que las comisiones por cobro con tarjeta le cuestan a los pequeños negocios entre el 2 y el 4 por ciento de cada venta.
Sin embargo, depender del peso en físico resulta una anomalía para una economía de ingreso medio y compleja que, además, es el principal socio comercial de Estados Unidos. Este sistema actual conlleva altos costos.
El efectivo facilita la evasión fiscal, la corrupción y la delincuencia. Según una acusación reciente en Estados Unidos, los sobornos mensuales del cártel de Sinaloa a diversos funcionarios públicos se entregaban en una caja grande llena de dinero en efectivo. La clase política está entre los usuarios más entusiastas del dinero en efectivo; expertos en fiscalización electoral señalan que solo se declara formalmente una fracción mínima de las donaciones.
Tras varios intentos fallidos en el pasado, el gobierno actual afirma que prepara un impulso firme para digitalizar la economía. La presidenta Claudia Sheinbaum encomendó a uno de sus asesores más cercanos, José Antonio Peña Merino, la coordinación de un plan para la adopción masiva de pagos digitales. Tanto él como otros funcionarios afirman que ella busca convertir esto en parte de su legado.
“La presidenta tuvo esto en mente desde el principio, desde la transición”, comentó en entrevista. “Para 2027, al menos el 50 por ciento de los adultos realizará al menos un pago digital. Honestamente, creo que la cifra será mayor... A fin de cuentas, si creas un producto que resuelve un problema, la gente lo adopta”.
Existen motivos para el escepticismo. Hace siete años, el banco central lanzó CoDi, una plataforma de pagos similar al exitoso sistema Pix de Brasil. Sin embargo, pasó casi desapercibida entre la población porque los bancos y comercios no la promovieron y la experiencia de usuario era compleja.
Peña Merino señaló que su equipo analizó dos de los ejemplos más exitosos a nivel mundial: la Interfaz Unificada de Pagos (UPI) de India y el sistema Pix de Brasil. En ambos casos, el uso de efectivo cayó drásticamente y fue sustituido por pagos directos entre cuentas sin costo, eliminando las comisiones por cobro con tarjeta.
El plan de Sheinbaum contempla varios pilares, como simplificar y promover CoDi, así como incentivar a los negocios informales a abrir un nuevo tipo de cuenta bancaria en línea que no esté vinculada a un RFC. Asimismo, la mandataria ha impulsado y hará obligatorio el pago digital en gasolineras y casetas de peaje.
Peña Merino, quien digitalizó gran parte de la gestión en la capital durante el mandato de Sheinbaum como jefa de Gobierno, encabeza la recién creada Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, con amplias facultades. Los programas sociales representan un punto de partida natural, explicó: este año el gobierno distribuirá cerca de 1 billón de pesos ($57,300 millones de dólares), destinados principalmente a adultos mayores, estudiantes y personas con discapacidad.
Bajo las nuevas reglas del banco central, para finales de año todas las instituciones bancarias del país deberán estandarizar la experiencia de usuario en CoDi, permitiendo realizar envíos de dinero mediante números telefónicos y nombres de usuario.
El sector bancario afirma estar comprometido. “Es el punto de partida para reducir la informalidad, mejorar la productividad, elevar la recaudación, incrementar la inclusión financiera e incluso bajar los índices delictivos”, señaló Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM).
El éxito de esta política dependerá de si la nueva versión de CoDi resulta funcional y atractiva, y de si el sector informal —que abarca a más de la mitad de la población ocupada— percibe que los beneficios superan el temor a pagar impuestos a futuro.
Algunas grandes empresas se están adelantando. La cadena de tiendas de descuento Tiendas 3B (cuyo nombre alude a Bueno, Bonito y Barato) realiza pruebas en sucursales donde solo se acepta efectivo y CoDi para ahorrar comisiones bancarias. Peña Merino mencionó que existen pláticas con proveedores de tienditas como Pepsi y Grupo Modelo para extender los pagos digitales, ya que estas empresas manejan operaciones logísticas complejas y de alto riesgo para el traslado de efectivo en zonas apartadas del país.
“Ellos llegan a rincones donde casi nadie más entra”, afirmó.
La ironía radica en que, si México logra consolidar este cambio, podría enfrentar un reto distinto. Este año, la administración de Trump aplicó aranceles a Brasil argumentando, en parte, que su plataforma Pix otorga un trato desleal a las empresas de procesamiento de pagos estadounidenses. Considerando los problemas que genera el dinero en efectivo en la actualidad, este parece ser un riesgo que el gobierno mexicano está dispuesto a asumir.
















