En 2012, Aeroméxico firmó uno de los acuerdos más relevantes en la historia de la aviación comercial latinoamericana: la compra de 100 aeronaves como parte de un plan de renovación de flota con una inversión cercana a los 11,000 millones de dólares. Dentro de ese pedido figuraban 10 unidades del Boeing 787 Dreamliner. El desempeño del modelo llevó a la aerolínea a ampliar la apuesta, y hoy opera 25 equipos de este tipo.

Los 25 Dreamliners constituyen la columna con la que la aerolínea sostiene su expansión hacia mercados donde el avión de fuselaje angosto ya no alcanza. Con esta familia de aeronaves, Aeroméxico conecta la Ciudad de México con destinos de larga distancia como Buenos Aires y Shanghái, además de Madrid, Seúl y Tokio.

Fibra de carbono y eficiencia: la ingeniería detrás del 787

A diferencia de los aviones con fuselaje metálico, buena parte de la estructura del 787 está fabricada con materiales compuestos de fibra de carbono, más ligeros y resistentes. Esto permite presurizar la cabina a una altitud menor que la de los aviones convencionales y mantener un nivel de humedad más alto, lo que reduce la fatiga y la resequedad que suelen acompañar a los vuelos de muchas horas.

Motor GENx-1B  de GE.
Motor GENx-1B de GE.Empresa

La aeronave integra más de 2.3 millones de componentes. Entre ellos destaca el motor GEnx-1B de General Electric, uno de los más potentes de la industria. Según la aerolínea, genera una energía equivalente a la de 75 autos de Fórmula 1 y alcanza en su interior temperaturas superiores a los 1,500 centígrados. Con una velocidad crucero de 903 km/h y una combinación aeronave-motor altamente eficiente, el 787 puede dar la vuelta al mundo con una sola escala.

El argumento de negocio está en el consumo. Frente a los modelos a los que sustituye, el Dreamliner reduce hasta 25% el uso de combustible, con el consecuente recorte en emisiones de carbono. Para una aerolínea cuyo principal costo operativo es la turbosina, esa diferencia pesa tanto en el estado de resultados como en sus compromisos de sostenibilidad.

20,000 horas hombre: el mantenimiento que garantiza la aeronavegabilidad

Para la aerolínea bandera de México, la seguridad es el eje de la operación. Mantener la aeronavegabilidad de los 787 exige un programa de mantenimiento en dos niveles. El primero son los servicios en línea, tareas que se ejecutan mientras el avión permanece en el aeropuerto y que toman entre dos y seis horas. El segundo es el servicio mayor, que solo puede realizarse dentro de un hangar y se extiende entre 15 y 30 días.

A bordo del 787 Dreamliner de Aeroméxico.
A bordo del 787 Dreamliner de Aeroméxico.Empresa

“Nuestro servicio mayor requiere aproximadamente de 20 mil horas hombre. En él realizamos revisiones detalladas de la estructura, desarmamos la mayor parte del avión y llevamos a cabo pruebas para asegurar la funcionalidad de todos los sistemas”, explica David Nakamura, director senior de Ingeniería, Planeación y Servicios Técnicos de Aeroméxico. A ello se suman cerca de 32 horas hombre diarias de mantenimiento por aeronave.

Premier One: la cabina como propuesta de valor

La tecnología también se traduce en producto. En los 787, la cabina Premier One ofrece asientos que se convierten en cama completamente plana (cama plana completa), un sistema de entretenimiento a bordo amplio y menús diseñados para alejarse de la comida convencional de avión. En rutas transoceánicas, donde el pasajero premium compara aerolíneas por la calidad del descanso, ese diferencial es clave.

La cabina Premier One de Aeroméxico cuenta con asientos modalidad full-flat-bed.
La cabina Premier One de Aeroméxico cuenta con asientos modalidad full-flat-bed.

La flota de Boeing 787 Dreamliner resume la estrategia de Aeroméxico: operar de forma más segura, eficiente, puntual y sostenible. La combinación de estas aeronaves con el trabajo de pilotos, ingenieros y especialistas en mantenimiento es lo que permite conectar a México con el mundo bajo los estándares más altos de la aviación comercial.