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La promesa de la transición energética suele presentarse como una solución limpia y sin fisuras frente al cambio climático. Sin embargo, detrás de la proliferación de infraestructura fotovoltaica se esconde un reto ambiental urgente: ¿qué ocurrirá con los millones de módulos solares cuando cumplan su ciclo o queden fuera de operación antes de tiempo?

Ximena Cantú, directora de la Asociación Civil Rafiqui, señaló que un panel fotovoltaico promedio ostenta una vida útil de entre 25 y 30 años, pero el desgaste prematuro, los fenómenos climáticos y la rápida actualización tecnológica están adelantando la llegada de una masa crítica de residuos industriales en el país.

En entrevista con El Cronista, Cantú, quien también es encargada de ESG en Energía Real, dijo que el volumen de desechos solar que acumulará la nación en esta década exige transitar de inmediato hacia un modelo de economía circular.

En este sentido, Cantú advierte que, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena, por sus siglas en inglés), México tendrá 36,500 toneladas de residuos de paneles solares para el año 2030.

El reto del manejo de los residuos de los paneles solares radica principalmente en que la mayor parte de ellos se desecha de forma adelantada, es decir, mucho antes de que concluya su vida útil.

“Lo impactante es que, de pérdida temprana, se estima que van a ser 30,000 toneladas para el 2030 de residuos de paneles solares solo en México”, señala Ximena Cantú.

El desecho acelerado, explica, se debe a fenómenos naturales, como el paso del huracán “Otis” en Acapulco, a lo que se suman las fallas del sistema, la falta de mantenimiento preventivo y en mayor medida a la evolución tecnológica, que permite una mayor eficiencia en la generación de energía.

Hoy en día, explica Cantú, la rápida evolución tecnológica y la reducción de costos en los módulos permiten que en una misma área donde antes existía cierta capacidad instalada, resulte conveniente sustituir equipos antiguos por modelos de mayor eficiencia, generando una ola de retiros anticipados.

De acuerdo con datos de la industria, la evolución en la eficiencia energética de los paneles solares en los últimos 10 años permite duplicar la capacidad de generación de energía en el mismo espacio. En 2016, la capacidad promedio de generación de un panel fotovoltaico era de 15% y los paneles actuales permiten hasta 24%.

Recuperación de materiales tiene un gran valor agregado

Para Ximena Cantú, los paneles que salen de las grandes instalaciones no son basura tóxica sin destino, pues la mayoría de los paneles solares comerciales —compuestos principalmente de silicio— contienen insumos con un alto potencial de reinserción en la cadena productiva.

La vocera de Rafiki aclara que evitar que estos módulos terminen en tiraderos tradicionales permite recuperar materiales pesados que fácilmente pueden integrarse a otros procesos industriales.

La mayor parte de la composición de los paneles solares corresponde al vidrio, que representa entre 70% y 75% del peso total. Este insumo se está destinando a empresas capaces de transformarlo en recipientes, contenedores de vidrio o materiales abrasivos para procesos de limpieza industrial.

A esto se suma 10% del peso total en aluminio, un producto que es sumamente sencillo de reciclar, principalmente a través de fabricantes de metal que producen perfiles y estructuras que no demandan material 100% virgen.

El resto del peso corresponde a una mezcla de materiales que incluyen el plástico y el cobre. Estos componentes, comentó Cantú, se procesan a través de empresas recicladoras de aparatos eléctricos y electrónicos que recuperan los metales mediante tratamiento en hornos para redirigirlos a diversas cadenas manufactureras.

El reto de reciclar

Respecto al panorama actual sobre la disposición final de los paneles en las plantas a gran escala y en la generación distribuida, Cantú explica que la industria mexicana se encuentra en una etapa de transición donde predomina el resguardo temporal.

“Hoy lo que nosotros hemos estado entendiendo de qué se está haciendo con esos paneles es que se han estado almacenando, justo esperando a que exista una correcta disposición, sobre todo fomentando el reciclaje”, explica la vocera de Rafiqui.

No obstante, reconoce que otra porción de los módulos retirados termina en vertederos convencionales. En el mejor de los casos, dentro de dichos basureros solo se rescata el marco de aluminio. La directiva advierte sobre la ineficiencia de esta práctica, ya que al recuperar únicamente el 10% del peso del panel, se desecha un 90% de componentes utilizables que podrían aprovecharse mediante los procesos adecuados.

Ante la urgencia de coordinar la responsabilidad extendida en el sector solar, Rafiqui opera como una asociación civil integrada por entre 15 y 17 empresas de la industria fotovoltaica, con el objetivo central de incentivar la economía circular y garantizar la trazabilidad de los residuos desde el diseño e instalación hasta el desmantelamiento.

Para concretar la transformación física de los desechos, la organización adquirió e instaló maquinaria especializada en Ciudad Guzmán, Jalisco.

La empresa implementa métodos de reciclaje mecánico, que consiste en retirar el marco de aluminio y posteriormente someter el resto del equipo a un proceso de triturado controlado para aislar el vidrio y el concentrado de metales.

En paralelo al reciclaje de equipos inservibles, Rafiki impulsa un esquema de recuperación para dar una segunda vida a aquellos módulos que son retirados antes de tiempo pero conservan su capacidad operativa.

“Nos hemos encontrado con proyectos desde 50 a 200 paneles solares que se han tenido que retirar, pero que siguen funcionando al 100%, igual con un poco menos de eficiencia. Los podemos recuperar para poder destinar y reusar en comunidades vulnerables”, puntualiza Ximena Cantú.

El propósito de estas acciones, aseguró, es demostrar que la sustentabilidad de la energía solar no debe limitarse a la generación de electricidad limpia, sino a la gestión responsable de todo su ciclo de vida, respondiendo desde hoy a la pregunta de qué sucederá con los residuos del mañana.