

El gobierno federal y la industria siderúrgica firmaron un acuerdo para que el acero utilizado en compras y obras públicas sea prioritariamente producido en México, en una apuesta por reactivar un sector presionado por importaciones y tensiones comerciales.
“Es esencialmente que lo que compra el gobierno… sea acero mexicano o producido en México”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum durante la presentación del pacto, parte del Plan México.
El acuerdo, suscrito por 19 dependencias y tres cámaras empresariales, se articula en tres ejes: compras públicas, política industrial y financiamiento, con el objetivo de fortalecer la producción local, sustituir importaciones y apuntalar el empleo.
Desde el lado empresarial, la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero) calificó el convenio como un paso para dar “certidumbre a inversiones” y respaldar al sector. “Este Acuerdo es clave para respaldar cerca de 90 mil empleos directos, dar certidumbre a inversiones en curso por más de 8 mil millones de dólares, y fortalecer la competitividad y la sustentabilidad de nuestra industria”, señaló el organismo en un post en redes sociales.
En línea con ese posicionamiento, el sector también se comprometió a garantizar calidad, abasto, entregas oportunas y precios competitivos, un punto central para que la estrategia no presione los costos de obra pública.
En el papel, al menos, la perspectiva es alentadora para el sector, que ha sufrido embates que van desde dumping, importaciones ilegales, presiones tarifarias desde Estados Unidos, y cambios en la política de inversión pública desde el pasado sexenio.
Para 2026, de acuerdo con lo dicho por la actual administración, el gobierno estima requerir alrededor de 200 mil toneladas de acero para infraestructura, mientras que en todo el sexenio la demanda podría superar 1 millón de toneladas, principalmente en proyectos ferroviarios, carreteros y de equipamiento urbano.
El acuerdo llega en un contexto complejo. México consume cerca de 28 millones de toneladas de acero al año, pero produce alrededor de la mitad, según datos de la Canacero, lo que ha ampliado la dependencia de importaciones, particularmente de Asia. A esto se suman denuncias del sector sobre prácticas desleales, como la triangulación de acero para evadir aranceles, lo que ha llevado a reforzar verificaciones a importadores.
En paralelo, el frente con Estados Unidos sigue abierto. El acero mexicano ha enfrentado aranceles en los últimos años, en medio de disputas comerciales y revisiones de reglas de origen, un tema que se perfila hacia la próxima revisión del TMEC.
El acuerdo también funciona como una señal de política industrial: usar el poder de compra del Estado para apuntalar cadenas productivas locales frente a un entorno global más proteccionista.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lo planteó como un esfuerzo conjunto para “respaldar, promover y facilitar” a la industria, con el objetivo de que México “importe menos y produzca más”.
La efectividad del acuerdo dependerá de que la industria cumpla los compromisos asumidos, dice un industrial del acero que pidió anonimato por ser promotor del acuerdo. “Habrá que ver temas de calidad, precio y entregas en un mercado donde el acero importado, especialmente de Asia, ha ganado participación en los últimos años”, aseveró
El propio gobierno ha reconocido que aún se requiere complementar la demanda con importaciones, mientras refuerza mecanismos para evitar prácticas irregulares en el comercio del insumo.
















