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Un huevo fosilizado de hace aproximadamente 250 millones de años está cambiando lo que se sabía sobre el origen de los mamíferos. Dentro de ese fósil, descubierto en 2008, hay una cría perfectamente conservada de Lystrosaurus, un animal herbívoro que antecedió a los mamíferos tal como se los conoce hoy.
El hallazgo fue analizado recientemente con tecnología de punta en el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón (ESRF), en Francia, que permitió estudiar huesos diminutos y extremadamente delicados sin dañar el fósil. Los resultados fueron publicados en la revista científica PLOS ONE y firmados por investigadores de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica.
Lo que ese huevo revela sobre la reproducción de nuestros ancestros llevaba décadas sin respuesta. El asombroso descubrimiento no solo resuelve una pregunta antigua sobre los orígenes de la reproducción mamífera, sino que también arroja luz sobre cómo ciertos animales lograron sobrevivir a la peor extinción masiva que ha sufrido el planeta.
La primera prueba directa de que los antepasados de los mamíferos ponían huevos
Hasta este descubrimiento, la hipótesis de que los ancestros de los mamíferos ponían huevos era una suposición basada en evidencia indirecta. El huevo fósil del Lystrosaurus es la primera confirmación directa, según Julian Benoit, uno de los autores del estudio.
“Resuelve una cuestión que llevaba mucho tiempo sin resolverse sobre los orígenes de la reproducción mamífera”, afirmó el investigador según la agencia EFE.
Los científicos determinaron que esos huevos probablemente tenían cáscara blanda, un tipo de estructura que raramente se preserva como fósil, lo que explica por qué este hallazgo es tan excepcional. La rareza del fósil no es solo su antigüedad, sino las condiciones que permitieron su conservación durante 250 millones de años.
El estudio también reveló que los huevos del Lystrosaurus eran relativamente grandes en comparación con el tamaño corporal del animal. En la biología actual, eso significa más yema y, por lo tanto, mayor autonomía para el embrión desde el momento en que nace, sin necesidad de alimentación parental. Esto lleva a los investigadores a concluir que este ancestro mamífero no producía leche para sus crías.
Cómo la reproducción del Lystrosaurus fue clave para sobrevivir la extinción más devastadora de la historia
Los huevos que ponía el Lystrosaurus se destacaban por ser grandes, resistentes a la desecación y diseñados para producir crías precoces. Eso significa que las crías nacían en una etapa avanzada de desarrollo, capaces de alimentarse solas, escapar de depredadores y alcanzar la madurez reproductiva rápidamente. Esta ventaja fue decisiva en un contexto de plena crisis para el planeta.
La extinción masiva del Pérmico-Triásico, ocurrida hace unos 252 millones de años, eliminó aproximadamente el 90% de las especies marinas y el 70% de las terrestres. Fue el evento de extinción más catastrófico registrado en la historia de la Tierra, y el Lystrosaurus no solo lo sobrevivió, sino que prosperó en ese entorno de calor extremo y sequías prolongadas.
Los investigadores señalan que su estrategia reproductiva fue parte central de esa supervivencia. Los huevos grandes eran más resistentes a la desecación, una ventaja crucial en un mundo árido e inestable. Y la capacidad de las crías para valerse por sí mismas desde el primer momento redujo la vulnerabilidad del ciclo reproductivo en un entorno hostil.
Las conclusiones a las que arribó Benoit sobre este hallazgo trascienden la paleontología, ya que entender cómo los organismos del pasado sobrevivieron a catástrofes globales puede ayudar a predecir cómo responderán las especies actuales al cambio climático y a la crisis ecológica contemporánea.