

El S.S. Central América, el barco de vapor que se hundió el 12 de septiembre de 1857 durante un huracán en el Atlántico, acaparó durante años la atención mundial. Tanto es así que su tesoro en oro fue disputado durante años.
El barco partió de Panamá rumbo a Nueva York cargando pasajeros que habían viajado desde San Francisco, muchos de ellos mineros enriquecidos. El naufragio cobró la vida de unas 425 personas y fue conocido desde entonces como el “Barco de Oro”. Durante más de un siglo, sus posesiones permanecieron intactas en el fondo oceánico, libres de oxígeno y de degradación bacteriana, convirtiéndose en una extraordinaria cápsula del tiempo de mediados del siglo XIX.
Cuáles son las piezas del tesoro más codiciadas
Algunos de los lotes recuperados podrían superar el millón de dólares. Entre los objetos más codiciados figuran:
- La tapa de la caja de envío de tesoros más antigua conocida de Wells Fargo
- Unos pantalones de minero de trabajo pesado que los expertos creen que fueron fabricados por o para Levi Strauss, con botones y patrones casi idénticos a los de la marca.
- Una pistola Colt de 1849
- Papel moneda de la década de 1850
- Una novela ilustrada de El Conde de Montecristo de 1849
- Un daguerrotipo conocido como la “Mona Lisa de las profundidades”.
El científico jefe de las misiones de recuperación, Bob Evans, describió un universo fascinante hallado a bordo como cabinas de primera clase con porcelana fina, decantadores de cristal, cremas para el cabello en frascos parisinos y gafas de oro macizo, conviviendo con el equipaje de mineros de cuello azul. “La sociedad verdaderamente refinada y los mineros se mezclaron”, señaló Evans. Esa mezcla social hace del conjunto un testimonio histórico sin igual sobre la California de la fiebre del oro.

Los artículos en mejor estado provienen de los baúles de Ansel y Adeline Mills Easton, una pareja adinerada de San Francisco, y de John Daniel Dement, veterano de la Guerra México-Americana. Su contenido incluso atrajo a investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, que estudiaron las fibras textiles como un laboratorio natural de conservación a largo plazo.
Una historia marcada por batallas legales y décadas de espera: la disputa entre tres potencias
El hallazgo del naufragio en 1988 fue proclamado por la revista Life como el mayor tesoro estadounidense jamás encontrado, pero su historia estuvo marcada por el drama ya que el cazador de tesoros que localizó el barco fue acusado de estafar a inversores y lleva desde 2015 en una prisión federal en Michigan.

Las primeras ventas de monedas y lingotes ocurrieron en el año 2000, y más artículos se vendieron en 2017, pero los efectos personales nunca habían salido al mercado.
El hallazgo del legendario “barco de oro” no solo cautivó a la opinión pública internacional, sino que también desencadenó un intrincado proceso judicial. Los pleitos legales se centraron en los tribunales de almirantazgo estadounidenses y en Carolina del Sur, estado que actúa de forma autónoma bajo el marco federal de ese país.
Cómo se dividió el motín
La justicia se encargó de evaluar los derechos de rescate y las exigencias de diversos grupos, incluyendo a los buscadores de tesoros, los accionistas y las autoridades del Gobierno. Luego de un prolongado litigio, un fallo judicial dictó el reparto del oro: se entregaron porcentajes a quienes realizaron el rescate y a quienes financiaron la expedición, mientras que el Estado se reservó la propiedad de aquellas piezas con valor cultural o histórico.















