

Carlos Slim acaba de protagonizar uno de los movimientos empresariales más audaces y estratégicos de su carrera. A través de Grupo Carso, el hombre más rico de México formalizó la adquisición total de Fieldwood, filial operativa de la petrolera rusa Lukoil, en una transacción que supera los 600 millones de dólares.
Esta jugada maestra no solo consolida su dominio en el sector energético nacional, sino que lo posiciona como un actor importante en la extracción de hidrocarburos en el Golfo de México.
En específico, la operación otorga el control absoluto del Área Contractual 4, una zona estratégica de 58 kilómetros cuadrados frente a las costas de Campeche que alberga los prometedores yacimientos Ichalkil y Pokoch.

Una inversión millonaria de 600 millones de dólares que cambia el mapa energético de México
Según los documentos presentados ante la Bolsa Mexicana de Valores, la operación de Grupo Carso se estructuró en dos componentes principales: un pago directo de 270 millones de dólares por la adquisición de las acciones de Fieldwood, y la asunción de 330 millones de dólares en deuda que la filial mantenía con su matriz rusa Lukoil.
Esta inversión total de 600 millones de dólares representa una apuesta calculada en un momento en que los yacimientos reportan una producción actual de 11,500 barriles diarios.
Sin embargo, el potencial real de Ichalkil y Pokoch va mucho más allá de estas cifras actuales. Grupo Carso cuenta con vasta experiencia en ingeniería y contratos de perforación, valorados en más de 2 mil millones de dólares, que le permitirán optimizar y aumentar significativamente la producción en los próximos años.
El movimiento estratégico comenzó a gestarse a mediados de 2024, cuando Carlos Slim identificó la oportunidad de consolidar su posición tras la salida de socios anteriores. Ahora, con el control del 100% de Fieldwood México, el magnate elimina intermediarios y toma las riendas completas de la operación, asegurando que las decisiones estratégicas y los beneficios económicos fluyan directamente hacia su conglomerado empresarial.
Ichalkil y Pokoch: los yacimientos que convertirán a Carlos Slim en el zar del petróleo mexicano
Los campos petroleros que ahora controla Carlos Slim no son activos ordinarios. Ichalkil y Pokoch representan dos de los proyectos de aguas someras más prometedores del sureste del país, ubicados en una zona privilegiada del Golfo de México que históricamente fue productora de hidrocarburos de alta calidad.
Estos yacimientos se destacan por su accesibilidad operativa y su potencial de expansión. A diferencia de proyectos de aguas profundas que requieren inversiones masivas y tecnología ultra especializada, las características de estos campos permiten una explotación más eficiente y económicamente viable, lo que se traduce en márgenes de ganancia más atractivos.
La importancia estratégica de Ichalkil y Pokoch radica en su capacidad para sostener y revitalizar el mercado de exploración privado en México. En un contexto donde Pemex enfrenta severas presiones financieras y problemas de producción, la entrada de actores privados con músculo financiero y experiencia técnica como Grupo Carso se vuelve fundamental para mantener los niveles de producción nacional.
Con esta adquisición, el empresario se posiciona para convertir al Área Contractual 4 en el motor de crecimiento energético de su imperio durante la próxima década. La meta es clara: maximizar la producción, optimizar la infraestructura existente y establecer a Grupo Carso como un competidor de primer nivel en las grandes ligas de la extracción de petróleo.

El desafío geopolítico: navegar las sanciones estadounidenses y las relaciones con Rusia
La operación de Carlos Slim no ocurre en un vacío político. Fieldwood México es filial de Lukoil, una petrolera rusa que se encuentra en la lista de entidades sancionadas por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.
La transacción debe ser supervisada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC), que actualmente mantiene una licencia vigente hasta febrero de 2026 que permite este tipo de negociaciones. Sin embargo, el futuro de esta licencia y las condiciones bajo las cuales podría ser renovada o revocada dependen de factores geopolíticos que escapan al control directo de Grupo Carso.
A nivel nacional, la operación también requiere el visto bueno de la Comisión Nacional Antimonopolio y la Secretaría de Energía de México. Estas autoridades deberán evaluar no solo los aspectos comerciales y de competencia, sino también las implicaciones estratégicas de permitir que un conglomerado mexicano adquiera activos previamente controlados por intereses rusos.














