

Doce años atrás, uno de los hermanos sospechosos de los asesinatos en el semanario satírico Charlie Hebdo era un joven como muchos otros en Francia, más interesado en mujeres y fumar hachís que en defender al Profeta Mahoma.
Cherif Kouachi nació en el este de París de padres argelinos que murieron cuando era niño, por lo que creció en un orfanato de Rennes. Con un diploma de profesor de deporte, regresó a París y trabajó como repartidor de pizzas.
Pese a antecedentes por vender drogas y robo, las personas lo describían como alguien más interesado en chicas lindas y la música que en el Corán. Pero eso fue antes de que conociera a Farid Benyettou, quien practicaba una forma estricta del salafismo y, según testificó Kouachi, le enseñó que los suicidas con bombas morían como mártires.
El 25 de enero del 2005, Kouachi fue arrestado cuando se preparaba para viajar a Siria en camino hacia Irak, en una acción policial para capturar a la célula que enviaba jóvenes franceses voluntarios a luchar en ese país. Fue sentenciado a tres años de prisión en 2008, pero cumplió solo 18 meses en dos de las cárceles más duras de Francia.













