Falleció a los 99 años

Felipe de Edimburgo, el militar abandonado por su padre que nunca pudo ser rey

A los 99 años de edad, el duque de Edimburgo, esposo de la Reina Isabel II, ha fallecido en el palacio de Windsor. ¿Cómo fue su vida en la sombra de la Reina de Inglaterra?

A los 99 años de edad, el príncipe Felipe de Edimburgo, leal compañero de la Reina Isabel II, ha fallecido "en paz en el palacio de Windsor", tal como confirmaron desde Buckingham Palace. El consorte más longevo de la monarquía británica ha sido protagonista de una variedad de escándalos y rumores respecto a una vida a la que le costó adaptarse: a la sombra de su mujer, una de las más poderosas del mundo.

Y es que literalmente Felipe debía mantenerse en la sombra de la Reina Isabel: como parte del protocolo, este debía posicionarse siempre tres pasos por detrás de su esposa. Conocido por sus formas militares y su humor ácido, Felipe de Edimburgo no nació estrictamente en la realeza como se espera del marido de una Reina.

Hijo menor del Príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y la Princesa Alicia de Battenberg, a los 18 meses la familia de Felipe tuvo que huir de su país natal con la caída de la monarquía griega ante la Guerra de Turquía. Allí fueron rescatados por el buque de guerra británico HMS Calypso y Felipe fue llevado hasta Francia en una cuna hecha con una caja de frutas.

Allí se establecieron en una casa prestada por su adinerada tía, la princesa Marie Bonaparte. Aunque el matrimonio aún ostentaba sus títulos de nobleza, no tenían dinero ni nacionalidad, un hecho que llevó a Andrés a ahogarse en el alcohol y las mujeres y a Alicia en la depresión.

Murió el príncipe Felipe, el duque de Edimburgo y esposo de la Reina Isabel II de Inglaterra

A los 7 años, Felipe se mudó al Reino Unido, dónde fue educado por su tío, lord Louis Mountbatten entre Inglaterra y Alemania. Aquí, el futuro príncipe solicitó la nacionalidad británica con el fin de servir en la Marina Real del Reino Unido, sin embargo, para logar esto tuvo que adoptar el apellido de su madre: Battenberg o Mountbatten en inglés.

Una vez dentro de la Marina, Felipe alcanzó el grado de teniente y allí comenzó su ascensión al trono: en 1939, cuando la joven primogénita del Rey Jorge VI visitó junto a su padre y su hermana la Universidad Naval, Felipe fue el responsable de cuidar de Isabel y Margarita.

Fue amor a primera vista para la futura reina de 13 años quién, luego de pasar el día junto al entonces cadete de Marina, comenzó a enviarle cartas que Felipe respondía con pasión, aunque no a la altura de la de ella. En este ida y vuelta de correspondencia, el mundo continuaba su paso y la Segunda Guerra Mundial se acercaba: Felipe tuvo que servir en la Marina, mientras que Isabel se capacitó como conductora y mecánica en el Ejército, dejando atrás la adolescencia para entrar a la juventud.

Luego de la guerra, Felipe fue presentado al Rey Jorge VI quién, aunque aceptó a regañadientes que su hija se encontrase tan enamorada de un individuo con historia en la nobleza pero sin fortuna, permitió que el entonces Cadete le pidiera matrimonio a Isabel.

De esta forma, el 20 de noviembre de 1947, el mundo posó su atención sobre el Reino Unido y la boda más impresionante de la década: recibieron 10 mil telegramas de felicitaciones y 2500 regalos de todo el mundo, Isabel llevó un vestido realizado por 25 costureras y 10 bordadoras, aunque Felipe utilizó su uniforme naval, asistieron 2 mil invitados y más de 200 millones de personas de todo el mundo escucharon la transmisión radial, la primera realizada de forma internacional.

Sin embargo, Felipe sólo se encontraba acompañado por su madre casi sorda ya que sus tres hermanas no fueron invitadas por haberse casado con alemanes sospechosos de simpatizar con el nazismo y su padre había muerto hace ya unos años, siéndole infiel a su esposa.

Un año después del matrimonio, nació Carlos, el polémico primogénito de la pareja real que tantos dolores de cabeza le dio a su padre. En 1949 Felipe fue enviado a Malta por la Marina y, aunque ambos eran felices, el duque de Edimburgo comenzaba a atisbar la vida detrás de la futura Reina de Inglaterra.

En este contexto, muere Jorge VI en 1952 e Isabel se ve obligada a asumir el trono de su país: comienzan los dolores de cabeza en formato de protocolos para Felipe. Al convertirse en príncipe consorte, el entonces Príncipe de Grecia tuvo que abandonar ese título, aunque lo hizo a cambio de ser llamado Duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón Greenwich y Príncipe y consorte del Reino Unido un título que Isabel le otorgaría en 1957.

Sin embargo, Felipe no se deshizo únicamente de su título ya que tuvo que dejar la Marina y renunciar a su religión, la ortodoxia griega. El rol del duque de Edimburgo pasó a ser el de acompañar a su esposa como un buen marido, caminando siempre tres pasos por detrás de ella por protocolo.

Sin embargo, el golpe de gracia a la autoestima del esposo de la Reina fue el hecho de saber que sus hijos llevarían únicamente en apellido de su madre, Windsor, y no el suyo, Mountbatten. Fue en este momento cuando Felipe pronunció una frase que pasaría a la historia: "No soy más que una maldita ameba. Soy el único hombre en el país al que no se le permite darles su nombre a sus hijos".

En este contexto, entre 1956 y 1957, Felipe decidió embarcarse en un viaje de cuatro meses por su cuenta en lo que se conoce como el mayor punto de crisis dentro del matrimonio real. Aquí comenzaron los rumores: el duque de Edimburgo le era infiel a su esposa, la mujer más poderosa del planeta, con nombres de la talla de Pat Kirkwood o Zsa Zsa Gabor, grandes estrellas de la época.

Sin embargo, Isabel II no entró en pánico y, con su reconocida calma, le ofreció un trato a Felipe que incluía el título de príncipe y consorte del Reino Unido y que sus dos hijos menores, Eduardo y Andrés, llevasen el apellido Mountbatten en primer lugar, una decisión de la Reina que nadie en el palacio de Buckingham pudo parar.

Esto pareció paliar la crisis matrimonial y Felipe continuó entonces con sus deberes como esposo de la Reina, asistiendo a un total 22219 actos oficiales y colaborando 780 organizaciones benéficas, considerándose irónicamente como el "descubridor de placas más experimentado del mundo".

Sin embargo, aunque educado y querido entre su pueblo, el duque de Edimburgo también ha sido el centro de atención en una variedad de oportunidades por sus comentarios ácidos y sarcásticos, a veces alejados de la realidad humana. Entre ellos, el dicho sobre las finanzas de la familia real que enojó a muchos por su falta de tacto: "Vamos a entrar en números rojos el año que viene, probablemente tendré que renunciar al polo".

En el año 2017, Felipe decidió retirarse de la vida pública al cumplir 96 años y, aunque se ha dejado ver en una variedad de ocasiones, tales como su aniversario de bodas número 70 con la Reina este 17 de febrero de 2021, su salud anduvo muy delicada en los últimos años como para continuar con su actividad, un hecho que lo llevó a su fallecimiento este viernes 9 de abril.

Aunque rodeado de una vida de lujos, Felipe sufrió en ciertos momentos a la sombra de su esposa, sin embargo, su longevo matrimonio le trajo una estabilidad de la cual siempre se mostró orgulloso y la familia que de niño nunca pudo tener.

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