

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la llamada “lluvia negra” registrada en Irán tras los ataques a instalaciones petroleras representa un riesgo sanitario importante para la población, principalmente por sus efectos sobre el sistema respiratorio.
El fenómeno se produce cuando la lluvia arrastra contaminantes generados por incendios industriales, formando una precipitación oscura cargada de compuestos tóxicos.
Según explicó en Ginebra el portavoz de la OMS, Christian Lindmeier, los ataques contra depósitos de petróleo y refinerías provocaron la liberación masiva de hidrocarburos tóxicos, óxidos de azufre y compuestos de nitrógeno en la atmósfera.
Estos contaminantes pueden causar irritación en ojos y piel, dolores de cabeza y dificultad para respirar. En algunos casos, la exposición prolongada a ciertos compuestos aumenta el riesgo de cáncer.
Ante este escenario, las autoridades iraníes recomendaron a la población permanecer en interiores. Durante los últimos días, Teherán amaneció cubierta por una densa nube de humo negro después de que una refinería fuera alcanzada en el marco de los ataques contra infraestructuras energéticas del país.
La química detrás de la “lluvia negra”: cómo se forma el smog tóxico
La llamada “lluvia negra” no es una anomalía meteorológica en sentido estricto, sino el resultado de un proceso físico y químico bien conocido en ciencias atmosféricas.
Ocurre cuando las precipitaciones arrastran partículas contaminantes suspendidas en el aire, un mecanismo denominado deposición húmeda.
En el caso de los incendios petroleros, el humo contiene una mezcla compleja de contaminantes:
- Carbono negro (hollín) generado por la combustión incompleta del crudo.
- Óxidos de azufre (SOx) que reaccionan con el agua para formar ácido sulfúrico.
- Óxidos de nitrógeno (NOx) que contribuyen a la formación de lluvia ácida.
- Compuestos orgánicos volátiles (VOC) y trazas de metales pesados.
- Partículas finas PM2,5, capaces de penetrar profundamente en los pulmones.

Cuando las gotas de lluvia atraviesan una columna de humo cargada de estas partículas, actúan como una especie de “esponja atmosférica”, capturando los contaminantes. El resultado es una precipitación oscura y a veces viscosa, visualmente similar a un líquido aceitoso.
Fenómenos similares se observaron durante los incendios petroleros de Kuwait en 1991, cuando grandes columnas de humo procedentes de pozos en llamas provocaron lluvias contaminadas en distintas zonas del Golfo.
Por qué la geografía de Teherán agrava el problema
El impacto de la contaminación es particularmente severo en Teherán debido a su configuración geográfica. La capital iraní se encuentra en una cuenca semicerrada al pie del macizo montañoso de Elburz, con picos que alcanzan entre 2.000 y 4.000 metros de altura.
Este relieve limita la circulación del aire y favorece la acumulación de contaminantes.
Además, la ciudad experimenta con frecuencia inversiones térmicas, un fenómeno atmosférico que impide que los gases contaminantes se dispersen hacia capas superiores de la atmósfera. En lugar de ascender, el aire frío queda atrapado cerca del suelo mientras una capa de aire más cálido actúa como una barrera.
Durante el día, la capa límite atmosférica en Teherán suele situarse entre 1 y 1,5 kilómetros de altura, por debajo de las montañas que rodean la ciudad. Esto reduce la ventilación natural del aire.
Cuando cae la noche, esa capa desciende aún más y concentra los contaminantes cerca del suelo, justo donde vive la población. A este efecto se suma la propia estructura urbana: la densidad de edificios crea lo que los especialistas denominan “pasillos urbanos”, que restringen aún más el flujo de aire.
Riesgos para la salud: partículas microscópicas y exposición prolongada
Los científicos advierten que el mayor peligro no proviene únicamente de la lluvia visible, sino de las partículas ultrafinas suspendidas en el aire.
Las llamadas PM2,5, con un diámetro inferior a 2,5 micrómetros, pueden penetrar profundamente en los pulmones y atravesar las barreras biológicas del organismo. En algunos casos incluso alcanzan el torrente sanguíneo.
Entre los efectos inmediatos asociados a este tipo de contaminación se encuentran:
- irritación de ojos y piel
- dolores de cabeza
- dificultad para respirar
- ataques de asma
- mareos o náuseas por exposición a monóxido de carbono
La exposición prolongada puede provocar daños pulmonares crónicos, enfermedades cardiovasculares y un mayor riesgo de cáncer, especialmente por la presencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos derivados de la combustión del petróleo.
Los grupos más vulnerables son niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias o cardíacas, cuyos organismos tienen menor capacidad para filtrar partículas finas o responder a episodios de contaminación extrema.
Con información de EFE y Reuters.
















