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Lo que comenzó en 2013 como un método atípico para combatir la erosión en la playa de St. Annes se convirtió en un caso de éxito ecologista. A más de una década de su inicio, la iniciativa no solo frenó el desgaste costero, sino que expandió el cordón de dunas y protegió a las poblaciones locales.
Cuando terminan las fiestas de fin de año, el destino habitual de la mayoría de los árboles de Navidad secos es la basura. Sin embargo, en la costa de Fylde (condado de Lancashire, Inglaterra), estos residuos vegetales encontraron un propósito estratégico. Desde hace más de trece años, la comunidad local implementó una técnica de ingeniería ecológica tan simple como efectiva: enterrar pinos en la arena para frenar el avance del mar.
¿Por qué perdió el 80% de sus dunas la costa de Fylde?
La estrategia detrás del proyecto Fylde Sand Dunes aprovecha la propia estructura de los árboles. Al sembrar o colocar los pinos en desuso directamente frente al oleaje y a las formaciones de arena ya existentes, sus ramas ramificadas actúan como una barrera o “freno” contra el viento costero.
El proceso funciona por acumulación gradual:
- Las ramas disminuyen la velocidad de las ráfagas de aire.
- La arena que transporta el viento queda atrapada entre las acículas y troncos.
- Con el paso del tiempo, la arena cubre por completo los ejemplares, eleva el terreno y da origen a nuevas montañas de arena.
Posteriormente, las plantas nativas colonizan estos nuevos montículos, enraizando la arena y consolidando una infraestructura natural de defensa frente a tormentas e inundaciones.
Una comunidad comprometida con su litoral
Los resultados de esta labor sostenida son contundentes. Solo en la jornada de febrero de 2026, decenas de voluntarios de la región se movilizaron para colocar más de 2000 árboles donados por las propias familias del lugar. Esta acción colectiva ha logrado ensanchar significativamente el sistema de dunas, devolviéndole metros vitales a la costa.
Amy Pennington, responsable del proyecto, señala que estas franjas de arena no solo funcionan como una “defensa costera blanda” contra el cambio climático y las marejadas, sino que albergan un ecosistema altamente especializado y vital para la biodiversidad local.
Por su parte, el concejal Tommy Threlfall destacó el impacto duradero de la iniciativa al afirmar que el acto de donar un simple árbol navideño permite construir protecciones ambientales que salvaguardarán a las comunidades costeras durante generaciones.