FENÓMENO

De El juego del calamar a BTS: cómo Corea hizo de la cultura su exportación más popular

A fines de los '90, Corea del Sur apostó a la industria cultural como un sector clave para aumentar su competitividad. Veinte años después, se ha convertido en uno de los mercados maás grandes del mundo.

Salvo que viva en un lugar sin Internet, hoy es casi imposible que alguien no sepa qué es El juego del calamar: la brutal serie coreana que lleva al extremo las desigualdades de una sociedad capitalista, fue vista por más de 142 millones de personas y es récord en Netflix. En YouTube, los videos sobre la serie se dispararon a 17 mil millones de visualizaciones.

Con un tamaño de u$s 63,6 mil millones, actualmente el mercado de contenidos culturales coreano (que incluye series y películas; música; animación; videojuegos; desarrollo de personajes; y contenidos de nueva generación como realidad virtual y realidad aumentada) es el séptimo más grande del mundo, después de Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia. En términos de PBI, los contenidos creativos representan entre el 2,5% y 3% de la economía coreana.

"Hoy vivimos la 4° Revolución Industrial, la era de la cultura, la creatividad y la imaginación, que sigue a la 3° Revolución Industrial, centrada en la informatización y la industria de servicios. Vivimos en la era de la economía de la experiencia y la sociedad de los sueños, un paso más allá de la sociedad de la información y el conocimiento", le dice el embajador de la República de Corea, Jang Myung-soo, a El Cronista.

El Juego del Calamar tendrá temporada 2: qué se sabe sobre la segunda parte

En este escenario, las industrias culturales emergieron como "un sector fundamental para el crecimiento de la nación", explica Jang y agrega: "Corea anunció el primer plan quinquenal de promoción de las industrias culturales en 1999. Desde entonces, ha estado promoviendo el establecimiento de la infraestructura básica para el crecimiento de las industrias culturales, el desarrollo de la tecnología y la capacitación de la mano de obra profesional, el mantenimiento del sistema y la obtención de recursos financieros, y la promoción de nuevas empresas y mercados".

"Desde la década de 2000, Corea ha juzgado que las nuevas tecnologías con mayor proyección hacia el futuro [future promising technology] serán un medio clave para mejorar continuamente la competitividad nacional y mejorar la calidad de vida de la sociedad del siglo XXI. Entre ellas, los medios digitales y la tecnología de contenidos digitales fueron reconocidos como industrias de alto valor agregado con mucha proyección hacia el futuro", explica Jang.

De hecho, la Agencia de Contenido Creativo de Corea -Kocca, por sus siglas en inglés, un ente gubernamental dedicado a promocionar la industria, que cuenta con oficinas en Estados Unidos, China, Europa, Japón, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Vietnam- estima que el sector seguirá creciendo a una ritmo del 3% por lo menos hasta 2024.

"El gobierno coreano ha estado impulsando la transición hacia una economía creativa desde 2013 y ha puesto el foco en el desarrollo de las industrias culturales", explica el embajador Jang. "La economía mundial ha pasado de un crecimiento orientado a la producción hacia una economía industrial dominada por los servicios y la tecnología, es decir, una economía basada en la información y el conocimiento. Ahora, a medida que la fuente central de competitividad se ha transformado y reside cada vez más en la cultura y la creatividad, lo que se conoce como poder blando [soft power], el paradigma económico también se ha desplazado hacia la economía de la creatividad y el desarrollo cultural", señala.

Ese soft power no sólo ha sido beneficioso para Corea en términos de ingresos, también es una poderosa herramienta diplomática: "A medida que aumenta la importancia del poder blando, la Diplomacia Pública (Cultural) emerge como un nuevo eje del poder diplomático. Ahora, la diplomacia cultural basada en el poder blando debería convertirse en el eje de la nueva diplomacia, ocupando un rol central que antiguamente pertenecía exclusivamente a la diplomacia política y económica tradicional centrada en el poder duro", comenta Jang y afirma que "en el futuro, esta diplomacia cultural jugará un papel cada vez más importante en la política exterior de Corea".

El juego del calamar puede ser el último gran éxito de la industria de contenidos coreana, pero no es el único: el año pasado, Parasite rompió esquemas al ser el primer film de habla no inglesa en ganar un Oscar como mejor película. En septiembre las chicas de Blackpink pasaron a Justin Bieber y se convirtieron en las artistas más seguidas de YouTube, con más de 65,5 millones de suscriptores a su canal.

En septiembre, la banda de K-Pop, BTS, dio un discurso en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, invitados por el presidente de la República de Corea, Moon Jae-in, y recientemente se aliaron con el exchange de criptomonedas más grande del país para lanzar sus propios NTF (tokens no fungibles).

Hace casi una década, Psy literalmente rompió YouTube con su video Gangnam Style, el primero de la historia en llegar a las 1000 millones de views.

Aunque la ‘ola coreana' -o Hallyu, el nombre con que se popularizó el fenómeno- es (relativamente) nueva en Occidente, se trata de un proceso que nació hace 20 años, impulsada por una fuerte apuesta del gobierno que, tras la crisis financiera asiática de 1997/98, vio en la industria creativa una oportunidad de crecimiento económico más allá de otros sectores más tradicionales como la manufactura.

Veinte años más tarde, la pandemia le daría la razón: el consumo de productos culturales se disparó mientras los gobiernos establecían restricciones y confinamientos en todo el mundo. En 2020, con las cadenas de suministro globales paralizadas por el coronavirus, las exportaciones coreanas cayeron 5,4% pero las de entretenimiento aumentaron 6,3%, según datos de Bloomberg.

El Juego del Calamar: los 5 aspectos de la realidad de Corea del Sur que muestra la serie de Netflix

Aunque el sector sigue siendo relativamente pequeño en comparación con otras exportaciones de Corea -como semiconductores, maquinaria, autos, acero, barcos y computadoras- la ‘ola coreana' no sólo crece en sí misma sino que también impulsa otros rubros como cosméticos, ropa y alimentos, que crecieron un 5,5% el año pasado.

La ola llegó primero a los vecinos: entre fines de los '90 y principios de los 2000, las series de televisión coreanas se conquistaron a los gigantes de la región, China y Japón. Ya para mediados de los 2000 el surgimiento de nuevas bandas de chicos y chicas (idol stars) hizo que el K-Pop conquistara nuevos territorios, desde América latina hasta Europa del Este, de la mano de un público adolescente particularmente activo y fiel a sus artistas.

Ya para la década de 2010, cuando comienzan a surgir algunas de las bandas más importantes del K-Pop como BTS, BlackPink o Monsta X, el avance de las redes sociales se encontraría con un fenómeno cultural que encajaba perfectamente con el nuevo momento.

Así, la industria de contenidos coreana fue desarrollada como una política de Estado, donde la cooperación pública-privada también jugó un rol importante. Un ejemplo de esa alianza es el Comité Hallyu 3.0, un grupo de planificación público-privado creado en 2014 con el objetivo, de promocionar la industria de contenidos y otros sectores de la economía. Se trata de un órgano consultivo que nuclea universidades e instituciones relacionadas, miembros de la industria y el gobierno.

Ahora, Corea se prepara para la pospandemia con un New Deal Digital que también incluye una ‘Estrategia de crecimiento de la industria de contenidos culturales', anunciada este año por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo. La iniciativa tiene tres estrategias claves de promoción: el desarrollo intensivo de contenido no presencial; ser pioneros en el mercado de contenidos de próxima generación; y fortalecer la competitividad global del contenido coreano (K-Content).

Tags relacionados

Comentarios

  • MHVDV

    MONICA HERRERA- Vieja de viaje.

    Hace 11 segundos

    No he leído la nota porque desde el título está mal. Creo que lo correcto serí "Desde BTS al Juego del calamar". ¿Acaso creen que la serie sería tan exitosa por sí sola? Los Army consumimos todo lo que se relaciona con Korea solo por los chicos. Bangtan Sonyeondan es el motor que impulsa el creciente interes por Korea del Sur. Investiguen cómo el crecimiento económico, cultural y turístico a crecido a la par de de BTS. El gobierno coreano no anda regalando medallas y honoríficos a cualquiera, solo a Bangtan, porque se lo han ganado.

    0
    0
    Responder