

Cuba atraviesa una de sus crisis energéticas más severas de las últimas décadas. El gobierno de Miguel Díaz-Canel ordenó el cierre parcial de hoteles y la reubicación de turistas extranjeros como parte de un plan de emergencia para racionar energía ante un desabastecimiento de combustible que tiene a la isla caribeña al borde del colapso económico.
El viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga anunció esta semana la implementación de medidas para “optimizar el funcionamiento de las instalaciones turísticas”, un eufemismo que encubre el cierre temporal de establecimientos en destinos clave como Varadero, Cayo Coco y Cayo Guillermo, principales polos de atracción para el turismo internacional.
Cadenas internacionales en el ojo de la tormenta
La medida impacta directamente en grandes operadores hoteleros internacionales. Las españolas Meliá Hotels International e Iberostar, junto con la canadiense Blue Diamond Resorts, se ven obligadas a concentrar sus operaciones en menos propiedades, relocalizando huéspedes y reduciendo servicios.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba (ONEI), el sector turístico —principal fuente de divisas del país— registró en 2025 apenas 1,8 millones de visitantes, el peor resultado desde 2002 y una caída del 62% respecto a los 4,7 millones alcanzados en 2018, durante el breve deshielo diplomático con Estados Unidos bajo la administración Obama.

Díaz-Canel rescató del pasado el concepto de “opción cero”, un plan de supervivencia extrema diseñado por Fidel Castro durante el Período Especial de los años 90, tras el colapso de la Unión Soviética. Este esquema contempla racionamiento energético severo, teletrabajo masivo, restricción del transporte motorizado y el retorno a métodos de subsistencia que marcaron la época más dura de la revolución cubana.
“Estamos enfrentando un asedio petrolero sin precedentes”, declaró el mandatario cubano en una comparecencia televisiva, evocando la retórica de resistencia característica del régimen.
La tormenta perfecta: sanciones, invasión y obsolescencia
La crisis actual tiene múltiples causas que se retroalimentan. La operación militar estadounidense en Caracas del 3 de enero pasado —que derrocó al gobierno de Nicolás Maduro— cortó de raíz el suministro de petróleo venezolano, del cual Cuba dependía históricamente mediante acuerdos preferenciales.
A esto se suman las nuevas sanciones impuestas por la administración de Donald Trump, que incluyen amenazas de aranceles punitivos contra cualquier país que provea crudo a la isla, aislando aún más a La Habana en el mercado energético internacional.

El colapso del sistema eléctrico nacional agrava el panorama. Las centrales termoeléctricas cubanas, con un promedio de edad superior a los 40 años según reportes técnicos, sufren averías constantes y no pueden garantizar un suministro estable ni siquiera para necesidades básicas.
La debacle turística refleja tanto factores externos como estructurales. Canadá y Rusia, tradicionalmente los dos principales mercados emisores de visitantes a Cuba, redujeron drásticamente sus flujos. Los turistas canadienses, que representaban cerca del 40% del total según la ONEI, migraron hacia destinos más accesibles y con mejor infraestructura en el Caribe.
La falta de inversión en mantenimiento hotelero, los apagones frecuentes, las restricciones en servicios básicos y la escasez de alimentos han deteriorado la experiencia del visitante, generando una espiral negativa difícil de revertir.
Cuba: un país que retrocede décadas
Mientras el gobierno intenta mantener operativa una infraestructura mínima, la realidad en las calles cubanas refleja un retroceso hacia los años más duros del aislamiento. El transporte público prácticamente desapareció, los comercios limitan sus horarios por falta de electricidad y la población enfrenta cortes de energía que pueden extenderse hasta 20 horas diarias en algunas provincias, según denuncias de activistas y reportes independientes.

La emigración masiva —más de 400.000 cubanos salieron del país entre 2021 y 2024, según cifras del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos— agrava la situación, privando a la isla de fuerza laboral cualificada y profundizando la crisis demográfica.
Para un país que alguna vez apostó al turismo como tabla de salvación económica, el cierre de hoteles no es solo una medida de emergencia energética: es el síntoma visible de un modelo agotado que no logra reinventarse.















