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Kaizer es una plataforma argentina de inteligencia artificial que genera y ajusta rutinas de entrenamiento personalizadas para entrenadores, gimnasios y usuarios finales. En poco más de un año pasó de ser una app de consumo masivo a convertirse en la infraestructura tecnológica que usan miles de profesionales del fitness en Argentina, Europa y el resto de Latinoamérica, con una ronda de inversión de US$150.000 y una proyección de US$120.000.
Pero más allá de los números, hay algo casi cinematográfico en su origen. Como en esos relatos fundacionales de Silicon Valley (un poco The Social Network) la trama arranca con tres desconocidos que convergen por una frustración común de los entrenadores: todos los domingos, pierden entre siete y ocho horas armando a mano las rutinas de sus alumnos.
Agustín Anfosso (24 años), ingeniero, jugaba al básquet y era su entrenador quien perdía esas horas cada domingo. Anfosso trabajaba entonces junto al ingeniero Pedro Guarga (25 años) en una compañía que entrenaba modelos de inteligencia artificial para clientes como OpenAI, Microsoft, Apple, Google y Anthropic. La frustración del entrenador de Anfosso y el oficio de ambos en IA se cruzaron en una solución artesanal: un formulario de Google que recogía objetivos, preferencias y limitaciones físicas, y un modelo que devolvía la rutina automáticamente.
Ese experimento casero, mostrado al propio entrenador de Anfosso, fue el germen de Kaizer (un nombre que no es casual: evoca el kaizen, la filosofía japonesa de la mejora continua aplicada a procesos). Es, de hecho, la pregunta que atraviesa toda la empresa: ¿puede una máquina sostener esa mejora continua y personalizada mejor que un humano, o el rol humano simplemente se corre de lugar dentro de la cadena?
En octubre de 2024 los dos socios renunciaron a sus trabajos: “fue realmente un salto al vacío. Solo vimos que a mi entrenador le gustó y le sirvió, y ahí nos tiramos sin nadie que pague, sin nada”, recuerda Anfosso.
Arrancaron a tiempo completo, financiados con sus propios ahorros y sin sueldo. Meses después -en una sucesión de acontecimientos que solo puede explicarse con la modernidad- vía X (ex Twitter), se sumó Octavio Serpe (26 años), ingeniero y profesor del ITBA, que ya desarrollaba una aplicación propia para gimnasios, con un enfoque más técnico.
En febrero de 2025 quedó conformado el equipo fundador que sostiene la compañía hoy, y que resolvió un problema muy concreto de eficiencia:
“Antes de Kaizer, un entrenador que tenía en promedio 15 alumnos tardaba ocho horas por semana en hacer rutinas manualmente. Ahora es una hora nada más. Son 28 horas al mes de trabajo manual que le devolvemos a cada entrenador, y que puede invertir en tener más estudiantes”.
El rol de la IA: potenciar, no reemplazar
Kaizer nació como una app business-to-consumer: el usuario final se descargaba la aplicación y la inteligencia artificial actuaba como entrenador personal, generando y ajustando rutinas semana a semana. El producto funcionaba bien, pero los fundadores detectaron una distorsión de mercado; quienes realmente valoraban la calidad de una rutina generada por IA no eran los consumidores finales (sensibles al precio y dispuestos a migrar a competidores más baratos aunque peores) sino los propios entrenadores.
Ese diagnóstico llevó al pivot central de la compañía, a fines de 2025 y principios de 2026: pasar de un modelo B2C a uno B2B2C, donde Kaizer se convierte en la infraestructura tecnológica que usan entrenadores y gimnasios para atender a sus alumnos y socios. “Nuestro objetivo no es reemplazar a los entrenadores, nuestro objetivo es que un entrenador sea mucho más productivo y pueda abastecer a muchos más clientes”, resume Guarga.
“Si antes un entrenador pasaba diez horas administrando diez alumnos, ahora en esas diez horas puede administrar treinta, cuarenta, cincuenta, porque toda la parte de tarea repetitiva y aburrida se va. La única tarea del entrenador ahora es prompear: escribir, darle las instrucciones correctas a la IA”.
Ahí aparece otra vez el guiño al kaizen: la mejora ya no es una tarea manual y semanal del entrenador, sino un proceso continuo que corre en segundo plano, delegado a la máquina, mientras el humano corre a un rol de supervisión y criterio. Anfosso sitúa el problema en una escala mayor: “Hoy en día, si tuviese que decir la mayor cantidad de entrenadores, te diría que el 70% o más de los que hacen rutinas online deben seguir usando Excel. Y Excel está bien, podés hacer fórmulas, pero no tiene esta parte de una IA integrada que puede contemplar cada caso en específico”.

Entre las funcionalidades técnicas destacan: un asistente conversacional integrado, reemplazo inteligente de ejercicios según el equipamiento disponible, sobrecarga progresiva automática, e integración con smartwatch.
“Nuestra aplicación tiene live activities: cuando bloqueás la pantalla ves en tiempo real qué está sucediendo, y eso se vincula con el smartwatch. Hace que la gente te acompañe sin ser molesto, sin tener esta relación de celular metiendo la aplicación todo el tiempo”,
También mencionan un marketplace donde los entrenadores publican su perfil para captar nuevos alumnos: “Nuestra aplicación B2C le trae a los entrenadores de Kaizer nuevos clientes. Es un ecosistema”, dice Anfosso.
Los números: de bootstrapping a ronda ángel
El arranque fue austero: los fundadores calculan que invirtieron apenas unos US$1000 en la primera iteración tecnológica, financiados 100% con capital propio entre octubre de 2024 y enero de 2026. Recién este año cerraron su primera ronda de inversión, por US$150.000, íntegramente de inversores ángeles. “Los inversores que elegimos fueron todas personas que aportan mucho al día de hoy a Kaizer: fundadores de empresas, un influencer fitness, gente muy estratégica que elegimos a mano”, cuenta Anfosso.
En materia de facturación, la compañía pasó de unos US$10.000 de ingreso recurrente anual (ARR) en 2025 (cuando lanzó la app B2C y llegó a un MRR de US$4000 antes de pivotear) a una proyección conservadora de US$120.000 para fin de 2026, considerando solo las verticales de entrenadores y B2C, sin incluir aún el producto de gimnasios. “Son proyecciones conservadoras de cuando saquemos gimnasios, porque si nos va mejor de lo que esperamos, va a estar más arriba”, aclara Anfosso.
La estructura de precios combina varios niveles: para el usuario final, la app es gratuita para trackear entrenamientos, con una suscripción de IA de US$9 mensuales (US$4 semanales, US$40 anuales). Para entrenadores hay cuatro planes:
- Basic (hasta 3 alumnos, US$5/mes)
- Starter (hasta 15 alumnos, US$19/mes)
- Pro (hasta 50 alumnos, US$49/mes)
- Arnold (hasta 500 alumnos, US$149/mes, pensado para entrenadores influencers, “en honor” a Schwarzenegger, bromean).
El 20 de septiembre debutó la oferta para gimnasios, con dos planes iniciales:
- Boutique (hasta 50 socios, US$49/mes)
- Club (hasta 250 socios por US$129/mes)
- Gold (hasta los mil socios cuesta US$200)
Superando ese número de socios la compañía negocia contratos a medida. “Nos gusta darle un servicio bien personalizado. Si ya tiene más de una cadena, nos gusta charlar, conocernos, entender las necesidades”, explica Anfosso.

Tracción y expansión internacional
Hoy Kaizer cuenta con alrededor de 1200 entrenadores activos y 60 gimnasios que ya usan la plataforma. A través de ellos, unas 22.500 personas usan la app como alumnos finales, a las que se suman cerca de 12.000 usuarios que quedaron de la etapa B2C.
La compañía ya factura de forma internacional: el 40% de sus ingresos proviene de Argentina y el resto se reparte entre distintos países, con una base particularmente fuerte de entrenadores en Polonia. El próximo mercado en la mira es Brasil y para esa expansión no descartan abrir una segunda ronda de inversión.
El equipo, hoy de 8 personas, incluye además una vertical paralela, Kaizer Fitness Club, que organiza eventos presenciales pagos (social runs, clases funcionales) para construir comunidad alrededor de la marca. Sobre la velocidad de ejecución, los fundadores destacan un dato: “En enero decidimos pivotear a B2B y en abril ya estábamos a la par de las funcionalidades de competidores que llevaban diez años en el mercado. En cuatro meses de desarrollo”, subraya Anfosso.
De cara al futuro, los fundadores hablan de convertir a Kaizer en “el sistema operativo detrás de todo producto fitness”. Serpe lo grafica así: “Por ahí la cara, lo que ve la gente, tiene otra marca, pero como el famoso powered by”.
Entre las ideas de largo plazo mencionan la integración de propuestas para personas con distintas discapacidades y, a cinco o siete años, un gimnasio físico propio.
Es, otra vez, la lógica del kaizen llevada al extremo: no un salto disruptivo único, sino una acumulación constante de mejoras pequeñas (un plan nuevo, un mercado nuevo, una función nueva) que, sumadas, terminan pareciéndose bastante a una revolución. El próximo capítulo de esa acumulación se verá este fin de semana ya que Kaizer participará en la Mercado Fitness | Nutrition & Sports EXPO, en La Rural. Para una startup que empezó resolviendo el domingo eterno de un solo entrenador, no deja de ser una escena con algo de guión de película.

Por Lucía Sánchez Villegas
Subeditora de El Cronista España
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