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El CEO de Binance, tras el derrumbe de su patrimonio: "El dinero en verdad no me importa mucho"

Los críticos dicen que Changpeng Zhao se convirtió en el hombre más rico de las cripto por operar el equivalente a un casino sin autorización. Su respuesta es que todo eso quedó en el pasado.

En los primeros meses de este año -cuando comprar tokens digitales con nombres de memes de perros era visto en algunos círculos de avanzada como una forma perfectamente razonable de participar en el nuevo futuro brillante de las finanzas- el exchange de criptomonedas Binance promovía una nueva forma de bajo riesgo de entrar en acción. Incitaba a los clientes a invertir en algo llamado TerraUSD. Ese token era conocido en el sector como una stablecoin, un tipo de criptomoneda que funciona como una cuenta de ahorro y promete valer siempre US$ 1. A los clientes que usaban el servicio para comprar, vender e invertir en distintas criptomonedas, Binance les decía que esta "stablecoin" en particular ofrecía algo especial: la promesa de retornos anuales de casi el 20 por ciento. TerraUSD, indicaba Binance a los clientes, podría ser a la vez "segura" y de "alto rendimiento".

Como bien lo saben los entusiastas de las cripto, y como puede suponerlo cualquiera acostumbrado a las normas habituales de las finanzas, Terra no fue ni segura ni de alto rendimiento. La divisa fue una estafa Ponzi, alegan los críticos, y el comienzo del derrumbe que hundió los precios del Bitcoin e hizo que empresas de todo el sector despidieran empleados y congelaran retiros de los clientes. El Bitcoin bajó casi 70 por ciento desde su máximo en noviembre, y ahora para referirse al desplome del sector se habla de un invierno cripto.

Fueron malas noticias para los inversores arrastrados por el frenesí, así como para la propia Binance. El 16 de mayo, el director ejecutivo Changpeng Zhao reveló la magnitud de las pérdidas propias de Binance vinculadas a Terra. La participación de la compañía se había tasado en US$ 1600 millones, pero ahora valía casi cero. Lo que no quiere decir que Zhao escuchara o formulara advertencias. "Debo decir algunas cosas sobre mí -confió en una entrevista ese día. El dinero en verdad no me importa mucho".

El comentario, que formuló mientras sorbía un jugo de naranja de US$ 14 en un restaurant francés en el hotel Four Seasons en Dubái, era difícil de creer, viniendo como venía del hombre más rico de un sector que gira enteramente en torno del dinero. Zhao es delgado y se afeitó la cabeza, tiene voz suave y un vestuario que parece estar formado enteramente de camisas negras Binance. También es algo así como un enigma. Dependiendo de con quién se hable, es a) un pionero que está revolucionando un sistema en el que un grupo de gigantes de monedas digitales integrados verticalmente -como Binance y rivales como FTX - reemplazarán no solo a los mercados de valores sino a todo el orden financiero mundial, o b) el jefe del casino ilegal más grande del planeta.

En enero pasado, Zhao -CZ en la jerga cripto - estaba entre las diez personas más ricas del mundo, al menos sobre el papel. Su patrimonio neto se destruyó junto con el precio del Bitcoin, y cayó de US$ 96.000 millones a US$ 11.000 millones, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg. Aun así, Binance sigue siendo por lejos la principal compañía cripto, al procesar más transacciones que las cuatro firmas que le siguen combinadas. Cada día unos US$ 50.000 millones cambian de manos en la plataforma, que por lo general cobra una comisión de 0,1 por ciento. En la práctica, esto implica que Zhao, quien es por mucho el principal accionista de la compañía, gana dinero cuando sus clientes compran o venden. "En realidad lo que sorprendió fue la resiliencia -dijo en relación con el desplome de Terra. No hay rescates. No hay banco central. Ninguna intervención estatal". La caída del mercado seguía en marcha, pero en la mente de Zhao no había mucho para ver. El sector, agregó, continuaba su marcha.

El año pasado Zhao se mudó a Dubái. La ciudad futurista del desierto -donde los extranjeros superan 9 a 1 a los locales, con turistas que esquían bajo techo con 43 grados de calor, y donde cualquier sentido de pertenencia quedó oscurecido hace tiempo por la vasta riqueza que generaron sus prósperos vecinos petroleros - era un lugar adecuado para alguien que a veces parece un hombre sin patria. Ciudadano canadiense nacido en China que emigró a Vancouver a los 12 años y se graduó en Ciencias Informáticas en la Universidad McGill, de Montreal, Zhao dio vueltas por el mundo a lo largo de toda su vida adulta, y rara vez se quedó más de unos pocos años en algún lugar.

"Como periodistas pueden escribir dos relatos diferentes, ¿no? Pueden decir que un tipo se metió en un restaurante o que un tipo entró lentamente en el restaurante disfrutando de la vista del sol".

A los veinte escribió un código para la Bolsa de Tokio. Luego vino un período en Bloomberg LP en Nueva York. Y después se fue a Shanghái, donde fue uno de los fundadores que desarrolló software para operadores de alta frecuencia antes de crear Binance en 2017. Pero ese mismo año el gobierno chino prohibió los mercados de criptos, y Zhao salió en busca de una jurisdicción que no tratara de expulsar a su empresa o multarlo a él por vender valores no registrados. "Vivía con dos valijas -confesó. En realidad, una valija grande y otra más pequeña".

En Dubái finalmente se sintió en casa. Compró un departamento, se consiguió una minivan, trasladó sus pertenencias y alquiló una oficina como parte de la nueva fase de Binance a la que definió como la de ser "los adultos del lugar, básicamente". Apuntó que, a los 45 años, era al menos un decenio más viejo que la mayoría de los emprendedores cripto, en tanto se ufanaba de su estrecha relación con el gobierno del emirato. Decía que las cripto son inversiones más sensatas de lo que creen los críticos, y Binance iba a ser la compañía que lo demostraría. "Tenemos 120 millones de usuarios que nos confían los ahorros de su vida -declaró. Nosotros los protegemos. Nos comunicamos con gobiernos y reguladores. Ya sabes, somos los tipos estables".

Era una afirmación audaz. El lavado de dinero, las estafas y la piratería digital han sido parte de la historia del sector, y hasta los proyectos más respetables pueden parecer, al ojo no entrenado, como recubiertos de improvisación. Pero en Binance esa improvisación tiene una cierta consistencia. La compañía es actualmente el blanco de investigaciones de casi todos los importantes reguladores financieros norteamericanos -el Departamento de Justicia, la Comisión de Operaciones con Materias Primas a Futuro, el Servicio de Recaudación Interna, y la Comisión de Valores - y de otros en el mundo. Binance presenta esas pesquisas como parte de las negociaciones de buena fe que mantiene con gobiernos que, en su opinión, no saben cómo tomar a las cripto. Pero de ninguna manera resulta claro que los reguladores también lo vean así.

La historia de Binance, que se relata aquí a partir de documentos judiciales, presentaciones empresarias y entrevistas con unos 40 empleados actuales o pasados y socios empresarios, se hizo grande mediante la oferta de apuestas desreguladas con pequeños tokens digitales, algunos de los cuales se llaman "shitcoins". (El más conocido entre ellos, el Dogecoin, empezó como una broma y ahora tiene un valor de mercado de US$ 8000 millones). A partir de allí Binance se expandió a productos financieros altamente apalancados que vinculaba con esas monedas. Esos derivados son ilegales en muchas jurisdicciones, pero eso no afectó a Binance, puesto que no está radicada en ninguna jurisdicción. Durante años los críticos advirtieron de posibles rendijas que permitirían que delincuentes y lavadores de dinero muevan fondos a través del mercado. En junio, Reuters informó que se había utilizado a Binance para lavar al menos US$ 2350 millones en fondos de mercados narcos de la dark web, grupos de piratas informáticos norcoreanos y estafadores comunes y corrientes.

He, cerca del viejo edificio de la Bolsa parisina.

Binance responde que esas acusaciones son engañosas y señala la tarea de un equipo de seguridad e investigaciones de 120 miembros entre los que figuran exfuncionarios policiales de los Estados Unidos, el Reino Unido y Europa. En lo que respecta a Zhao, Binance solo ha operado como un mercado extraterritorial, lo que trae a la mente ya sea un moderno banco en las Islas Caimán o, lo que es menos halagüeño, la República de los Piratas, aquel seudo gobierno ilegal que manejó el comercio en las Indias Occidentales a comienzos del siglo XVIII. En cualquier caso -y Zhao preferiría mucho más la analogía con las Caimán - esos días se terminaron. "Oficinas, cuartel general, casa matriz, al comienzo les dijimos que no teníamos nada de eso, y por supuesto que se molestaron", evocó refiriéndose a las preguntas de los reguladores. "Así que en el último año establecimos todo eso".

En su intento de adaptarse tras años de empujar las fronteras de la ley, Zhao sigue un camino popular entre los revolucionarios de la tecnología, como Airbnb, Uber o PayPal: desatender las exigencias de los gobiernos todo lo que sea posible. Luego, trabajar con esos mismos gobiernos para asegurarse una porción de mercado. Pero ahora los mercados de las cripto están entrelazados con buena parte de las finanzas mundiales, y los reguladores ya indicaron su deseo de dar el ejemplo con los que consideran que tienen la peor conducta, lo que prepara un enfrentamiento de proporciones potencialmente épicas. Cuando eso concluya Zhao podría terminar procesado penalmente. O convertirse en el hombre más rico del mundo.

Binance siempre se ha presentado como una compañía descentralizada, en caso de que "compañía" sea el término correcto para definir lo que Zhao está formando. Hablando en términos legales, una firma en las islas Caimán llamada Binance Holdings Ltd es propietaria de la marca (y del logo que Zhao se tatuó en el antebrazo derecho). Los dueños de esa entidad nunca fueron revelados. Zhao es el único dueño de Binance Capital Management, registrada en las islas Vírgenes británicas, que compró el sitio de datos cripto CoinMarketCap por unos presuntos US$ 400 millones y colocó otros US$ 200 millones en una compañía que preveía colocar a Forbes en la Bolsa. Muchas operaciones de Binance, como las de Malta, Singapur, Irlanda, Francia o Italia, también son propiedad integral de Zhao, ya sea directamente o través de una entidad que controla, indican presentaciones empresarias. Gran parte de las operaciones en Binance se canalizan a través del mercado insignia, Binance.com, cuya sede nadie conoce y solo Dios sabe a quién pertenece.

Cuando los operadores contratan una cuenta en Binance aceptan hacer negocios con "las partes que administran Binance", las cuales, según indican los términos, podrían cambiar con el tiempo. "Parece que la Plataforma Binance no es propiedad de ninguna compañía o entidad legal", escribió un abogado en un memo, obtenido por Bloomberg Businessweek, dirigido a un cliente que buscaba recomponerse después de perder lo que calculó en US$ 1,2 millones tras operar con una oscura stablecoin. El cliente se rindió, pero otros que trataron de demandar a Binance mencionan una lista de compañías y directivos.

En entrevistas con medios chinos Zhao ha dicho que solo emplea el término "compañía" para comodidad de los demás. En lo que a él respecta, Binance es una "organización". Los empleados son "miembros del equipo". Como fuere, Binance no parece tener una estructura tradicional de accionistas ni un directorio. A tono con la ideología cripto, Zhao dice que es un admirador de los movimientos sin líderes que se forman en torno a la lógica inmutable de la blockchain. Pero cuando se trata de Binance, exempleados e inversores afirman que solo Zhao la controla. "Al final del día, él es la casa matriz", señala un exdirectivo que, al igual que otros citados en este artículo, pidió el anonimato para no enfadar a Zhao.

A muchos inversores en Binance nada de eso les importa. Su participación en el mercado de Zhao no consiste en capital -Binance casi no parece tener accionistas externos - sino por medio del token, llamado BNB. Hoy esa moneda se comercializa a unos US$ 220 cada una, en un valor total supuesto de mercado de unos US$ 36.000 millones. Binance lo vendió por primera vez en 2017 a 15 centavos en su ICO (una versión cripto no regulada de una IPO). "Las blockchains no tienen fronteras", declaraba el folleto de Binance para los inversores.

En los primeros días de la compañía, todo el que quería comerciar en Binance -a diferencia de un mercado regulado como Coinbase - debía primero adquirir Bitcoins. Podían transferir fondos de una cuenta bancaria a un mercado regulado antes de enviarlos a Binance, o podían salir del sistema bancario vendiendo algo a cambio de criptos (un auto usado, opioides), o comprando cripto a otro entusiasta pagándole en efectivo. Binance.com permite que cualquiera pueda abrir una cuenta desde casi cualquier parte del mundo solo con datos personales básicos y una dirección de mail, nada que pruebe quién es la persona. Estos días los usuarios con cuentas no verificadas no pueden hacer mucho, pero durante años les permitieron retirar dos Bitcoins por día, por valor de hasta US$ 120.000 antes de que se modificaran las normas en 2021. La compañía bajó el límite máximo a 0,06 Bitcoins, unos US$ 1200 diarios a precios actuales. "Tal vez seamos una de las primeras compañías en crecer en 180 países al mismo tiempo", afirma ahora Zhao. Tenemos usuarios en todas partes. Y equipos por todos lados".

Pero estar en todos lados no es lo mismo que decir en ningún lado. El propio Zhao ha sido un nómada que ha trabajado en habitaciones de hotel, departamentos alquilados y centros turísticos por todo el mundo, mientras se comunica con su personal a través de mensajes de texto, mails o videollamadas. Durante años, señalan exempleados, Binance contó también con una sede clandestina. Era algo inconveniente, no solo porque iba en contra de la ideología confesa de la compañía de ser una "organización" descentralizada sino porque esa sede se hallaba en China, donde las cripto estaban prohibidas. Por lo tanto, incluso cuando Pekín cerraba mercados rivales, unos cien empleados de Binance se presentaban todos los días a trabajar en una oficina en el distrito Huangpu, de Shanghái, donde se sentaban en puestos de tareas convencionales con tarjetas bilingües con sus nombres. Los habían contratado y concedido visas empresarias usando un alias corporativo, Ruique Cultural Development, y se les pedía que fueran cuidadosos al usar productos de la compañía en público, y que evitaran contar dónde trabajaban.

Luego, en noviembre de 2019, se les pidió que tomaran sus cosas y dejaran las instalaciones. Algunos tomaron las tarjetas con sus nombres y las pusieron bajo el agua en el baño para que fueran ilegibles, señalan varias personas que estaban allí en ese momento. Los reasignaron a una constelación de espacios de coworking en Shanghái, o se fueron al exterior, como Zhao.

Cuando Block, una publicación dedicada a las cripto, informó que la oficina de Huangpu había sufrido un "allanamiento policial" como parte de las acciones chinas contra las cripto, Zhao lo negó. Alegó que no solo no había ocurrido el allanamiento, sino que Binance ni siquiera tenía oficinas en Shanghái. "No hubo policía, ni allanamiento ni oficina", tuiteó. Decía que la nota de Block era "FUD", acrónimo en inglés de "miedo, incertidumbre y duda", que se emplea en círculos cripto para definir cualquier información que no contribuya a la percepción que se tiene sobre el Bitcoin. "Vamos a entablar acciones", agregó. Block actualizó su información, aclarando que el término "allanamiento" era discutible, pero por lo demás se mantuvo firme.

Zhao no presentó demandas. Tampoco negó la existencia de la oficina en Shanghái durante la entrevista en el Four Seasons de Dubái. "Un funcionario gubernamental visitó la oficina -dijo. Ni siquiera era un regulador. Era solo un funcionario". Luego se lanzó a criticar a los medios. "Como periodistas pueden escribir dos relatos diferentes, ¿no?", agregó con mirada conspirativa. "Pueden decir que un tipo se metió en un restaurante o que un tipo entró lentamente en el restaurante disfrutando de la vista del sol".

Hizo una pausa y miró alrededor, como para indicar su preferencia. Estábamos en un salón completamente vacío que había sido revisado por los guardias de seguridad de Zhao. También el sol entraba por las ventanas. Continuó: "Hay muchos relatos por ahí que se basan en información inexacta".

El sector de las cripto siempre ha tenido algo con los relatos. Las divisas nacionales, señalan los promotores de las Bitcoin, se basan en poco más que en decretos oficiales y en creencias colectivas, la "fe" del dinero fiduciario. Pero mientras que el dólar se beneficia del acuerdo generalizado de que conservará más o menos su valor a lo largo del tiempo, las criptomonedas se expanden debido a la convicción compartida entre los fieles de que subirán, sin que importe mucho su utilidad intrínseca. "¿Por qué? No tengo idea. Podría ser una estafa Ponzi", opinó Dave Portnoy, emprendedor de medios deportivos que, brevemente, fue la mascota de inversores en acciones meme, al definir las inversiones en un token oscuro que no se negociaba en Binance. "Si es una Ponzi, entren cuando esté por el piso".

Binance, afirma un agente que utiliza el mercado, es un "enorme casino de shitcoins". La persona, que pidió el anonimato por temor a que Binance tome represalias y le congele la cuenta, dice que Zhao merece el crédito por haber admitido que gran parte del atractivo de las cripto está en la pura especulación. "Tomó las partes más tontas del sector y las volvió fáciles de usar". Desde Binance el mensaje, según el agente, siempre fue "vayan a comprar sus Dogecoins y háganse ricos". Una portavoz de Binance, Jessica Jung, destaca que algunos mercados de cripto ofrecen incluso más token que Binance, y que la compañía emplea un "proceso riguroso" para revisar sus cotizaciones. Agrega que después del derrumbe de Terra, Binance empezó a evaluar el modo en el que promueve las monedas.

Aun así, el tratamiento de las shitcoins por parte de Binance ha sido un elemento clave que diferenció a la compañía en sus primeros días: mientras que Coinbase, el gran mercado estadounidense, ofrecía solo tres tokens, Binance vendía más de 100. Las promovía como si fueran bebidas con proteínas, con un programa de comercialización de varios niveles en el que ciertos influencers recibían una parte de las comisiones según las menciones que hicieran. Binance organizó torneos en los que los usuarios con los volúmenes más altos competían por premios como Lamborghinis o Maseratis, mientras que voluntarios denominados "Ángeles Binance" difundían la empresa en chats de Telegram o montaban reuniones presenciales para divulgar la sabiduría de poner el dinero en las cripto. Binance asegura que los "Ángeles" trabajan gratis, motivados no por el deseo de enriquecerse sino por el amor a la comunidad cripto. "Son como sacerdotes", dice la cofundadora He Yi, exconductora de televisión que se reconvirtió en influencer de las cripto y ahora es la directora de marketing de la compañía.

A pesar de las afirmaciones incluidas en la ICO en cuanto a que Binance sería un mercado "exclusivamente cripto", Zhao parece haber tenido ambiciones mucho más grandes casi desde el comienzo. Un exgerente de productos recuerda que en una entrevista laboral de 2017 le dijeron que Binance pretendía dominar no solo el mercado de las casas de criptomonedas sino también los mercados como el Nasdaq. Para hacerlo tendrían que atender a clientes que no cuentan con cripto, lo que implicaría tratar con el sistema bancario y las regulaciones. "Los primeros que adoptaron las cripto no tienen problemas con estar offshore -dijo Zhao en el Four Seasons de Dubai. Pero el resto son usuarios corrientes. Posiblemente prefieran un mercado regulado".

Otros mercados de cripto hicieron cálculos similares, pero mientras Coinbase desarrolló políticas que parecían pensadas para mantener a raya a los reguladores norteamericanos, como la exigencia de que los usuarios tuvieran documentos de identidad emitidos por gobiernos, Binance adoptó un método coherente con su cultura despreocupada. Binance.com seguirá siendo un mercado no regulado, pero la compañía también trabajará para establecer mercados locales regulados donde los usuarios puedan comprar cripto con dólares u otras divisas.

Binance cortejó a gobiernos en Japón, Malta y Singapur, todos los cuales eventualmente resolvieron prohibirle la apertura, mientras que reguladores de otros lugares -como Países Bajos, Sudáfrica, Tailandia y hasta las islas Caimán - le advirtieron que no permitirían actividades en su territorio. Zhao considera que esos fracasos fueron reveses que forman parte del proceso de "observar múltiples lugares para determinar cuáles serán más favorables a las cripto".

Las cosas fueron incluso más caóticas en el Reino Unido, donde hay dos operaciones de Binance que compiten - el rasgo distintivo, indican exempleados, de una estrategia desperdigada que fomentó intensas rivalidades internas. Las dos subsidiarias tenían tan pocos contactos entre sí que el directivo de una de ellas dijo que descubrió a la otra cuando lo felicitaron por haber contratado a una persona a la que nunca había visto. Jung señala que los equipos británicos trabajaron juntos. "No están desperdigados", observó respecto de la estrategia de la compañía. "Es a propósito". En junio de 2021 la Dirección de Conductas Financieras del Reino Unido ordenó que una de las subsidiarias, Binance Markets Ltd., frenara cualquier "actividad regulada" y colocara un aviso en su página web indicando que no estaba autorizada a hacer negocios en el país. Declaró que Binance "no está en condiciones de ser supervisada de manera efectiva". La empresa colocó el aviso en su página, pero Binance.com siguió abierta a operadores en el país ya que, legalmente, no tiene nada que ver con la reprendida filial británica.

En 2019 Zhao formó Binance.US, de la que declaró que sería totalmente independiente y cumpliría con las leyes estadounidenses que limitan el acceso a ofertas riesgosas. Pero en 2020 Forbes informó de la obtención de documentos filtrados que hablaban de una pretendida estrategia de "gato por libre" por la cual Binance.US sería la trampa pensada para alejar la vigilancia del mercado principal. Binance declaró que se había malinterpretado la propuesta y presentó una demanda por difamación.

Forbes ratificó su artículo y con el tiempo Binance retiró la demanda. "El artículo es inexacto", dijo Zhao en Dubái, aunque agregó que la disputa no intervino en su decisión de ofrecer US$ 200 millones por una participación en la revista, y que no interferirá en asuntos editoriales. Cuando se le preguntó qué había de inexacto en el artículo, respondió que no estaba seguro. Zhao lleva años sin viajar a Estados Unidos, que para algunos es la admisión del miedo que tiene a ser arrestado. Él lo ha negado, solo evita el país para no provocar un enfrentamiento. "Creo que estoy totalmente autorizado en Estados Unidos, no hay problemas -señaló. Pero no quiero dar la idea de que estamos tratando de buscar usuarios allí". Cuando habla en conferencias en EE.UU lo hace por Zoom.

Binance es objeto de investigaciones de la Comisión de Valores por la posible venta de títulos no registrados durante la ICO de 2017 y por operaciones con información confidencial. También afronta dudas del organismo respecto de la relación entre el mercado internacional y su brazo en EE.UU. Todd White, socio gerente de Rulon & White Governance Strategies, una firma de lobby de Washington centrada en criptomonedas, afirma que esas investigaciones son la consecuencia de que Zhao no se tomó en serio el cumplimiento de las normas. "Creaban mercados por todo el mundo -dice White. Entiendo que trataran de construir algo, pero las normas contra el lavado son importantes".

White agrega que en una reunión de 2018 instó a los directivos de Binance a que se tomaran las cosas más en serio, pero lo descartaron. "Eran muy reacios -precisa. Ser amorfos es una decisión estratégica. No se puede procesar a una nube". Binance rechaza el relato y asegura que se toma en serio el cumplimiento de las normas.

Changpeng Zhao.

Lo irónico para una empresa construida a partir del escepticismo con Wall Street, es que Binance está más centralizada que las grandes entidades financieras. Hoy es, al mismo tiempo, un mercado, una agencia de bolsa, un banco de ahorros, un inversor de capital de riesgo, un proveedor de datos y un "casino de shitcoins". Es, en otras palabras, Nasdaq, Charles Schwab, Bank of America, Andreessen Horowitz, Morningstar y el Caesars Palace, todos en uno. La organización cripto de Zhao "tiene una integración vertical que no se les permitiría a las instituciones financieras tradicionales", opina Lex Sokolin, economista en la empresa de blockchain ConSensys Software Inc..

El modelo de negocios de Binance está, en resumen, plagado de potenciales conflictos de interés. Por caso, en razón de su tamaño, la cotización en su mercado suele disparar el precio de la moneda, y ha habido picos de actividad comercial justo antes de las cotizaciones en Binance. Jung, portavoz de la empresa, afirma que los empleados están sujetos a un "código ético estricto" que les prohíbe las operaciones de corto plazo. Agrega que la firma despide a todo el que vulnera esa norma.

La compañía es popular con los operadores de cripto, pero su historia ha incluido cortes de luz, congelamiento de retiros y al menos un hackeo. En tanto Binance y otros mercados rivales maduran, siguen manejándose de maneras que van en contra de las regulaciones pensadas para proteger a los consumidores, dice John Reed Stark, extitular del sector de Internet de la CV. "Operan sin ninguna infraestructura fiduciaria, sin protección del consumidor, sin supervisión, solo con la libertad de ser ellos -observó. No es lo que uno quiere en lo que respecta a las finanzas".

En Dubai, Zhao replicó que muchas de las críticas a Binance podrían dirigirse también a los rivales de la empresa. Numerosos mercados de cripto fueron acusados de delitos o infracciones con valores, y hasta competidores afianzados atravesaron problemas regulatorios. Sam Bankman-Fried, cofundador de FTX y rival de Zhao, utilizó su dinero y dominio de los medios para donar sumas enormes a políticos demócratas y reclutar el apoyo de figuras como Tom Brady, Gisele Bündchen o Steph Curry, pero FTX también fue rechazado de los paraísos impositivos. (Actualmente está radicado en Bahamas). Mientras tanto, Coinbase, que en sus primeros años siguió un método conservador, abrazó luego las shitcoins y ahora cotiza unos 100 tokens que incluyen a Dogecoin y Shiba Inu, una moneda similar al Doge que de algún modo ha funcionado como una metabroma y como auténtica oportunidad de inversión a caballo de un ciclo de entusiasmo. La página de Coinbase incluye guías que explican, entre otras cosas, cómo invertir en un índice apalancado de shitcoin cuyo símbolo de cotización es "Bullshit". (Binance tiene una guía similar). El precio del Bullshit se hundió un 99,96 por ciento desde el otoño boreal pasado.

Zhao reconoce ciertos reveses por parte de la compañía y afirma que en el último año cambió de rumbo. Antes Binance trataba de explicar a los reguladores por qué un mercado de criptos enorme y sin regulación no era en verdad grande. Pero Zhao terminó por percatarse: "No vamos a instruirlos y a cambiarles la mente. Cambiar es más fácil para nosotros".

Zhao ha tratado de machacar su mensaje mediante una suerte de campaña de opinión. La inversión en Forbes, que hizo mediante una compañía específica para la adquisición, parece haber fracasado. Pero Binance volcó decenas de millones de dólares en relevantes auspicios en el fútbol (que incluyen a la Selección argentina, al Lazio de Italia y a la liga principal de Brasil), y prometió US$ 500 millones para respaldar la oferta de Elon Musk de adquirir Twitter. "Queremos apoyar la libertad de expresión", declaró Zhao sobre la operación de Musk. Aunque vaciló cuando se le preguntó cómo cuajaba eso con su decisión de contratar a Harder y demandar a Forbes. "Es muy difícil definir la libertad de expresión -dijo. Nunca hablé con Charles Harder. De eso se ocupó nuestro equipo".

Como parte de la nueva fase adulta, Zhao ha gozado de un rebote en los medios. Sus encargados de prensa le sugirieron que ofreciera a Businessweek una muestra de su costado humano, tal vez un recorrido por las partes favoritas de la nueva ciudad en la que vive. Pero Zhao parece tener pocos intereses discernibles por fuera del trabajo, y la gira quedó reducida a un viaje de diez minutos de un hotel a otro en su Toyota Granvia negra.

Binance trataba de explicar a los reguladores por qué un mercado de criptos enorme y sin regulación no era en verdad grande. Pero Zhao terminó por percatarse: "No vamos a instruirlos y a cambiarles la mente. Cambiar es más fácil para nosotros que para ellos".

"La gente me recomendaba un Rolls Royce o un Bentley, pero ninguno de esos vehículos tiene asientos reclinables", explicó Zhao, antes de presionar un botón para acostarse a la altura de las rodillas de uno de los dos ayudantes que viajaban en la tercera fila. "Esa era mi única exigencia". Mientras viajábamos resultó evidente que si algo en Dubái le gusta, no es el esquí bajo techo ni la arquitectura ultramoderna: es el cómodo clima regulatorio. De eso cuesta hacer un recorrido.

Hay otros indicios de que el giro de Zhao hacia lo convencional podría no ser totalmente urgente. El día de la entrevista le dijo a un periodista que podría visitar la nueva oficina en Dubái. Pero tras un frenesí de mails, llamadas y mensajes, durante los cuales los ayudantes y consultores de relaciones públicas presentaron variedad de excusas, un representante de Binance aclaró que la oficina estaba cerrada debido a un brote de casos de Covid-19. Eso era extraño: Zhao no había hecho ninguna referencia a la enfermedad durante la entrevista, ni tampoco lo había hecho nadie más en la compañía. El día anterior, Binance había arreglado una entrevista separada con el director de operaciones en el Medio Oriente de la compañía, quien se presentó sin barbijo en la atestada recepción del hotel donde parece celebrar los encuentros en persona.

Diez días más tarde, el director de publicidad de Binance ofreció a Businessweek un recorrido virtual dirigido por Peng Pheng Tan, integrante del equipo de Recursos Humanos. Antes de la visita, Binance había explicado que las oficinas no estaban precisamente rebosantes, pero dio la impresión de que al menos había algo de actividad en ellas. "Tenemos oficinas -había dicho Zhao - pero la gente solo concurre un par de días por semana". Tan dijo algo similar al entrar en el ascensor de un edificio cerca del World Trade Centre de Dubái, mientras transmitía en vivo desde su teléfono. "Utilizamos el sistema de puntos de trabajo compartidos", informó.

Luego atravesó unas puertas azules. Adentro había un amplio espacio con una vista asombrosa del centro de Dubái. Los pisos eran de cemento, se veían las cañerías, paneles de yeso y nada más. Hubo una pausa incómoda. "Nadie viene aquí", dijo. Otra pausa. "Sí, básicamente".

Mientras tanto, Zhao y el resto del equipo ejecutivo de Binance seguían moviéndose. Él viajó a Francia al día siguiente de la entrevista para asistir al Festival de Cine de Cannes (Binance organizaba un reparto de pizza durante la cita) y luego se fue a París durante el verano boreal. Gozaba de una racha de éxitos en Europa, porque Binance Italia obtuvo recientemente la autorización de los reguladores junto con Binance Francia. Más tarde, Zhao se ha referido a la posibilidad de que París sea otra de sus bases.

El mes siguiente Zhao tuiteó que, a diferencia de otras compañías cripto, que despedían empleados en medio del declive, Binance iba a "contratar 2000 cargos abiertos". Compartió una foto en la que se lo veía extendiendo la mano a un empleado imaginario dentro de lo que parecía una oficina bulliciosa. Era cautivante, aunque no del todo auténtico. La oficina es idéntica a una que puede encontrarse en Shutterstock, una página gratuita de imágenes de archivo. A Zhao le habían retocado la cabeza sobre el cuerpo de un modelo. Jung explicó que el tuit era "parte de una metabroma", como si Zhao jugara con su propio meme de Shiba Inu. El tuit recibió más de 50.000 likes.

Esta nota se publicó en el número 344 de revista Apertura. 

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