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La distracción digital dejó de ser una preocupación abstracta para convertirse en uno de los principales desafíos de la educación en la región. Según las pruebas PISA 2022, Argentina, Uruguay y Chile figuran entre los tres países con mayor nivel de distracción por el uso del celular en clase, en una medición que abarcó a más de 80 países.
En ese escenario surgió MotivEd, una startup que propone un enfoque distinto al de las prohibiciones aisladas: fundas de cierre magnético que bloquean la señal del dispositivo, combinadas con protocolos institucionales y programas de formación para docentes, alumnos y familias.
La propuesta ya se implementó en 10 colegios de Argentina y Uruguay, con lo que alcanza a más de 2.000 estudiantes, y en Argentina cuenta con el respaldo de la Red Itínere.
Un problema que todos veían, pero nadie resolvía
Nicolás Viñales, cofundador de MotivEd, cuenta que la idea no nació en un laboratorio sino en conversaciones directas con directivos escolares.
“Surgió a partir de una conversación con directores de distintos colegios que coincidían en un mismo problema: todos entendían que el uso del celular estaba impactando la atención, la convivencia y el aprendizaje, pero no había una manera de abordarlo que sea simple y sostenible”, explica.
El equipo empezó a rastrear qué se estaba haciendo en otros países y encontró que existían herramientas interesantes, pero que ninguna resolvía el verdadero cuello de botella, que era la implementación. “Muchas instituciones necesitaban mucho más que un producto; necesitaban un proceso que las ayudara a definir protocolos, alinear a docentes y directivos, comunicar el cambio a las familias y lograr una adopción consistente”, señala Viñales.
A partir de ese diagnóstico, MotivEd tomó forma como algo distinto a lo que su producto físico sugiere a primera vista: “No como una empresa que vende fundas para celulares, sino como un programa institucional que combina tecnología, acompañamiento y metodología para ayudar a los colegios a gestionar el uso del celular de forma simple y sostenible”.
El punto de inflexión, dice, llegó cuando los primeros resultados superaron las expectativas del propio equipo y los colegios empezaron a recomendarse la solución entre sí. Ahí entendieron que no estaban resolviendo un problema puntual de un puñado de instituciones, sino atendiendo una necesidad compartida por buena parte del sistema educativo.
Vender una metodología, no solo un producto
A diferencia de otros modelos que retiran el celular del alumno durante toda la jornada, MotivEd propone que el estudiante conserve su teléfono, pero dentro de una funda individual que bloquea la señal. Cada institución define en qué momentos y espacios puede usarse el dispositivo con fines pedagógicos, sin que la escuela tenga que custodiar ni gestionar cientos de aparatos.
Convencer a los primeros colegios de sumarse no fue automático. “Al principio, el mayor desafío fue explicar una tecnología y una metodología que prácticamente no existían en nuestra región”, recuerda Viñales. Muchos directivos, cuenta, veían las fundas y asumían que estaban comprando un objeto, cuando en realidad ese es solo un componente del programa.
La experiencia les mostró rápido dónde estaba el verdadero valor: “El éxito no dependía de la tecnología, sino de cómo se implementaba dentro de cada institución”. Por eso el proceso incluye el diseño del protocolo institucional, la capacitación docente, la planificación del lanzamiento y la comunicación con las familias, adaptados a la cultura particular de cada colegio.
Resultados medibles en menos de tres meses
MotivEd no se apoya solo en percepciones. La startup mide el impacto del programa con encuestas a docentes, estudiantes y responsables de implementación, antes y después de cada lanzamiento. Los números que arrojan esas mediciones son contundentes: el porcentaje de alumnos que dice sentirse involucrado en las clases pasó del 38% al 60%, y los conflictos frecuentes entre estudiantes por el uso del celular cayeron un 75% en apenas 90 días. A eso se suma que el 83% de los docentes percibe a sus alumnos más presentes y comprometidos, y que el 100% calificó la implementación como sencilla de incorporar a su rutina de trabajo.
El impacto, según Viñales, también se nota fuera del aula, con más interacción cara a cara en los recreos, menos conflictos vinculados al celular y docentes que recuperan tiempo antes destinado a controlar los dispositivos para volcarlo a la enseñanza.
En el plano comercial, MotivEd ofrece dos vías de acceso: la compra directa del programa completo o un modelo de suscripción que reduce la inversión inicial de la institución. En ambos casos, aclara Viñales, el nivel de acompañamiento es idéntico; lo que cambia es únicamente la forma de pago.
De dos países a una región que empieza a regular
El contexto regional juega a favor del crecimiento de la startup. Países como Francia, Brasil, Chile, Corea del Sur, Holanda y distintas jurisdicciones de Estados Unidos avanzaron en los últimos años con regulaciones sobre el uso del celular en las aulas, y en América Latina el debate ganó fuerza rápidamente. Para Viñales, esa discusión ya cambió de eje: “Creemos que el debate ya dejó de ser si los celulares deben regularse o no. La pregunta ahora es cómo hacerlo de una manera que funcione en la práctica y que sea sostenible en el tiempo”.
Ahí es donde el cofundador ubica la oportunidad de MotivEd: “Las regulaciones son un paso importante, pero por sí solas no resuelven el problema. Los colegios necesitan herramientas, protocolos y acompañamiento para transformar una política en una práctica cotidiana”.
La aspiración declarada de la startup es convertirse en el socio de referencia para las instituciones que buscan implementar políticas de uso saludable del celular en la región.
Los planes inmediatos apuntan a consolidar la presencia en Uruguay y Argentina antes de iniciar la expansión hacia otros mercados latinoamericanos, siempre dentro del ámbito escolar. “Creemos que este mercado recién está comenzando y que existe una enorme oportunidad para construir soluciones que ayuden a mejorar la experiencia educativa de millones de estudiantes en la región”, cierra Viñales.
