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Si alguna vez miraste al cielo y te preguntaste si estamos solos en el universo, poné el foco en Saturno. No precisamente en sus anillos, sino en una de sus lunas más pequeñas y brillantes: Encélado.

Un reciente estudio liderado por Max Craddock, del Instituto de Ciencias de Tokio, acaba de dar un paso gigante para entender si ese océano oculto bajo kilómetros de hielo es, en realidad, un caldo de cultivo para la vida.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Icarus, no se quedó solo en la teoría. Los científicos fabricaron una suerte de “Encélado en miniatura” en la Tierra para ver qué pasa en el fondo de ese mar oscuro y gélido.

La cocina química bajo el hielo: ¿cómo lo hicieron?

El equipo de Craddock se propuso un desafío ambicioso: recrear los procesos hidrotermales y los ciclos de congelación que ocurren en el polo sur de la luna. Para que te des una idea, usaron una mezcla química basada en lo que ya sabíamos gracias a la misión Cassini de la NASA: agua, amoníaco y cianuro de hidrógeno.

Sometieron estos componentes a presiones altísimas y variaciones de temperatura constantes. ¿Por qué? Porque Saturno, con su enorme gravedad, “estruja” a Encélado constantemente, generando calor por fricción (fuerzas de marea). Los resultados fueron sorprendentes:

  • Lograron sintetizar glicina (un aminoácido esencial para las proteínas).
  • Generaron aldehídos y nitrilos, precursores clave para la química orgánica.
  • Los espectros obtenidos en el laboratorio resultaron ser casi idénticos a las muestras de polvo cósmico que la sonda Cassini recolectó antes de desintegrarse en 2017.

El eslabón perdido: por qué Encélado es “especial”

A diferencia de otros mundos, Encélado nos “regala” sus muestras. En su polo sur existen unas fisuras llamadas “Rayas de Tigre” por las que escapan géiseres de vapor y hielo directamente al espacio.

La NASA y otras agencias ya están diseñando conceptos como el Enceladus Orbilander, una misión que podría aterrizar en la superficie helada y buscar señales directas de vida biológica (Fuente: NASA).
La NASA y otras agencias ya están diseñando conceptos como el Enceladus Orbilander, una misión que podría aterrizar en la superficie helada y buscar señales directas de vida biológica (Fuente: NASA).

En 2023, otro grupo de investigadores analizando datos de Cassini confirmó la presencia de fósforo en estos géiseres. El fósforo es el elemento más raro de los necesarios para la vida (junto al carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno y azufre). Con el hallazgo de aminoácidos en esta nueva simulación de Craddock, Encélado se posiciona hoy como el lugar más habitable de nuestro sistema solar fuera de la Tierra.

No todo es tan sencillo: el misterio de las moléculas grandes

A pesar del éxito, el experimento de Craddock tuvo un límite. Los científicos notaron que no pudieron replicar ciertas moléculas orgánicas complejas que Cassini sí detectó. ¿Qué significa esto? Según el estudio, hay dos posibilidades:

  1. Más calor: quizás en el fondo del océano de Encélado hay puntos mucho más calientes de lo que se estimó, permitiendo reacciones químicas más potentes.
  2. Herencia cósmica: es posible que esas moléculas no se hayan “fabricado” allí, sino que Encélado las traiga desde su formación misma, hace miles de millones de años.
Aunque hoy no hay una sonda orbitando Saturno, este estudio es la hoja de ruta para el futuro (Fuente: NASA.
Aunque hoy no hay una sonda orbitando Saturno, este estudio es la hoja de ruta para el futuro (Fuente: NASA.

¿Qué sigue en la búsqueda de vida extraterrestre?

Aunque hoy no hay una sonda orbitando Saturno, este estudio es la hoja de ruta para el futuro. La NASA y otras agencias ya están diseñando conceptos como el Enceladus Orbilander, una misión que podría aterrizar en la superficie helada y buscar señales directas de vida biológica (biofirmas).

El trabajo de Craddock permite que, cuando volvamos a Saturno, sepamos exactamente qué mirar. Ya no estamos buscando a ciegas; ahora sabemos que la “fábrica” de aminoácidos está encendida bajo el hielo.