Un asteroide de gran tamaño pasó cerca de la Tierra el último fin de semana y reactivó una vieja predicción atribuida a Baba Vanga, la vidente búlgara conocida como la “Nostradamus de los Balcanes”.
Sin embargo, lo que confirmaron los organismos espaciales tiene una explicación bastante más terrenal.
Qué dijo la ESA sobre el asteroide
La Agencia Espacial Europea (ESA) confirmó que el cuerpo rocoso, catalogado como (152637) 1997 NC1, alcanzó su punto de máxima cercanía el sábado 27 de junio a las 11:14 GMT.
Según los cálculos de la agencia, su tamaño estimado ronda entre los 750 y los 1.650 metros de diámetro, una medición basada en la luz solar que refleja el objeto.
En el momento de mayor proximidad, el asteroide se ubicó a 2.559.461 kilómetros de la Tierra, es decir, a 6,66 veces la distancia que separa nuestro planeta de la Luna. En este sentido, la probabilidad de impacto fue nula, según precisó la ESA.
El objeto se desplazó a una velocidad de 8,9 kilómetros por segundo y pudo observarse con telescopios pequeños o binoculares potentes, principalmente desde el hemisferio norte durante su fase de acercamiento.
La profecía de Baba Vanga y por qué conviene tomarla con cautela
La vidente, fallecida en 1996, habría anticipado que “una nueva luz en el cielo aparecerá durante un gran evento deportivo y la gente de todo el mundo la verá”, una frase que algunos asociaron al asteroide por coincidir con el desarrollo de la Copa del Mundo 2026.
No obstante, no existe ningún registro verificable de que Baba Vanga haya escrito o grabado esa predicción en vida. La mayoría de sus supuestas profecías circulan sin fuente documental original y se reconstruyen después de que ocurre un hecho.
A diferencia de la lectura esotérica, el paso del asteroide sí tiene respaldo científico y fue monitoreado con precisión por la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA, que descartó cualquier escenario de riesgo desde el primer momento.
En conclusión, el fenómeno astronómico fue real y estuvo perfectamente documentado, pero su vínculo con una profecía de hace décadas responde más a la viralización en redes que a una coincidencia comprobable.