Antes de llegar a la góndola del supermercado, muchas personas se hacen la misma pregunta: ¿conviene comprar pollo congelado o pollo fresco?
Aunque existe la creencia de que el pollo fresco siempre es más saludable o nutritivo, la realidad es que las diferencias entre ambos productos son menores de lo que se suele pensar.
La forma en que el pollo fue conservado influye en aspectos como su textura, duración y practicidad, pero no necesariamente en su valor nutricional. De hecho, si el proceso de congelación se realizó correctamente y se respetó la cadena de frío, el pollo congelado puede conservar prácticamente intactas sus proteínas, vitaminas y minerales.
¿Pollo congelado o pollo fresco? Esta es la diferencia que realmente importa
La principal diferencia entre el pollo fresco y el congelado no está en la cantidad de proteínas, sino en el método de conservación.
El pollo fresco se mantiene refrigerado desde su procesamiento hasta la venta y suele consumirse en pocos días. Por ese motivo, es una buena alternativa para quienes planean cocinarlo de inmediato.
En cambio, el pollo congelado pasa por un proceso de congelación que detiene el crecimiento de bacterias y permite conservarlo durante varios meses sin perder su seguridad alimentaria, siempre que no se rompa la cadena de frío.
También pueden encontrarse diferencias en la textura. Si el congelamiento fue lento o el producto se descongeló de manera incorrecta, la carne puede perder algo de jugosidad. Sin embargo, cuando el proceso industrial se realiza adecuadamente, el cambio suele ser mínimo.
Pollo congelado o el pollo fresco: ¿cuál aporta más proteínas?
Desde el punto de vista nutricional, no existen diferencias significativas entre ambos.
Las proteínas del pollo no se destruyen por el congelamiento. Un pechuga congelada correctamente conserva prácticamente la misma cantidad de proteínas que una fresca. Lo mismo ocurre con minerales.
Las pequeñas variaciones que pueden observarse suelen deberse a otros factores, como:
- El corte elegido (pechuga, muslo o pata).
- Si tiene piel o fue retirado.
- La cantidad de grasa presente.
- El agregado de soluciones salinas o marinados en algunos productos congelados.
¿Qué conviene comprar? Ventajas y desventajas de cada opción
No existe una opción que sea mejor para todos los casos. La elección dependerá de las necesidades de cada consumidor.
El pollo fresco puede ser la mejor alternativa si:
- Se va a cocinar dentro de las siguientes 24 a 48 horas.
- Se busca una textura ligeramente más firme.
- Se compra en un comercio con buena rotación del producto.
El pollo congelado resulta más conveniente cuando:
- Se quiere tener una reserva de alimentos en casa.
- Se busca reducir el desperdicio de comida.
- Se aprovechan ofertas para comprar en mayor cantidad.
- No se cocinará inmediatamente después de la compra.