El pollo puede tener la piel blanca o amarilla, una diferencia que suele generar dudas a la hora de elegirlo en la carnicería o el supermercado.
Mientras algunos consumidores asocian el tono amarillo con una mejor calidad o una crianza más natural, los especialistas advierten que el color, por sí solo, no permite sacar conclusiones.
De acuerdo con el Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la tonalidad puede variar por factores como raza, edad y alimentación.
Qué diferencia hay entre el pollo de piel amarilla y el pollo de piel blanca
La principal diferencia está relacionada con los pigmentos presentes en la alimentación del ave. Algunos alimentos, como el maíz, contienen carotenoides, pigmentos que pueden acumularse en la piel y la grasa del pollo, y darle una tonalidad amarilla.
En cambio, cuando la alimentación contiene menos de estos pigmentos, la piel puede presentar un tono más blanco.
¿El pollo amarillo es más natural que el blanco?
El color amarillo no significa que necesariamente el pollo haya sido criado al aire libre, que haya tenido una alimentación más saludable o que haya crecido de manera más natural.
La USDA explica que el color no constituye por sí mismo una señal de que el producto sea mejor o peor.
¿Cuál es mejor para la salud: el pollo amarillo o el blanco?
El USDA señala que el color de la piel no determina el valor nutricional, el sabor, la terneza ni el contenido de grasa del pollo. En consecuencia, el aspecto exterior no permite establecer cuál de los dos aporta más proteínas o tiene menos calorías.
Ambos pueden formar parte de una alimentación equilibrada. Para comparar sus características nutricionales, conviene considerar el corte, la proporción de grasa, la presencia de piel y la forma de preparación.
Qué hay que mirar para elegir un pollo de mejor calidad
Para elegir un pollo, conviene prestar atención a su procedencia, etiquetado y condiciones en las que se comercializa.
También hay que revisar fecha de vencimiento, estado del envase y condiciones de refrigeración. La piel no debería estar viscosa, ni pegazosa, y el producto no debería presentar olores desagradables.
Además, la manipulación y la coacción son fundamentales. Para garantizar la seguridad, el organismo estadounidense recomienda cocinar las aves hasta alcanzar una temperatura mínima interna de 74°C.