

En 1807 el capitán Abraham Bristow liberó un grupo de cerdos en las remotas Islas Auckland ubicadas a 560 kilómetros al sur de Nueva Zelanda para que funcionaran como reserva de alimento para futuros náufragos.
La región subantártica es conocida por sus fuertes vientos, bajas temperaturas y mareas peligrosas, por lo que quedar atrapado allí sin alimento era una sentencia de muerte segura. El marinero buscaba poder ayudar a quienes quedaran varados ofreciéndoles provisiones para sobrevivir.
Con el paso de los años, las condiciones extremas hicieron que los animales muten a una genética nunca antes vista que causó asombro entre los científicos.
Cómo evolucionaron los cerdos de las Islas Auckland
Durante casi 200 años, la población de cerdos permaneció aislada de otras poblaciones porcinas.
Su presencia tuvo consecuencias: con el tiempo comenzaron a depredar la vegetación nativa y comerse nidos de aves marinas que anidaban en el suelo.
Al descubrir esta situación, el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda impulsó una campaña para erradicarlos por completo de la isla y recuperar el equilibrio ecológico.
Esta medida encontró oposición entre especialistas en conservación de razas animales. Tras tantos años aislados, los cerdos de Auckland habían desarrollado características genéticas que no existía en otro lugar del mundo.

Qué descubrieron los científicos en los cerdos
En 1999, un grupo de conservacionistas viajó a las islas para rescatar algunos ejemplares previos a la erradicación por parte del Departamento de Conservación.
Los científicos quedaron perplejos al ver que no eran más cerdos domésticos de granja. Los especímenes habían mutado a un cuerpo más delgado y musculoso potenciado por las condiciones climáticas extremas de la isla.
El hambre era una amenaza constante y las condiciones exigentes hicieron que las hembras desarrollen pocas mamas funcionales, una característica asociada con la baja supervivencia de las crías.
Una vez atrapados y en cautiverio, los investigadores descubrieron que presentaban una incidencia muy baja de numerosas infecciones habituales en las poblaciones porcinas comerciales.
Los años de aislamiento había reducido considerablemente su exposición a enfermedades presentes en otros animales domésticos y salvajes.
Tras los estudios científicos, detectaron la presencia de retrovirus endógenos porcinos, elementos genéticos que son sumamente relevantes para los científicos que investigan la posibilidad de utilizar tejidos y órganos animales en seres humanos.

De alimento a materia para la investigación contra enfermedades
El descubrimiento abrió la posibilidad de utilizar los animales en investigaciones vinculadas al xenotrasplante, una ciencia que estudia la transferencia de células, tejidos u órganos entre distintas especies.
Estos cerdos, que en un inicio fueron abandonados a su suerte para ser alimento, despertaron el interés para investigaciones relacionadas con la diabetes tipo 1 debido a sus células de los islotes pancreáticos responsables de producir insulina.
Varias empresas analizaron el uso de células obtenidas de estos animales y comenzaron a probarlas en estudios clínicos preliminares. El objetivo es desarrollar nuevas terapias para enfermedades en las que las células encargadas de producir insulina pierden su función.
Qué pasó con los cerdos rescatados de la Isla Auckland
Los 17 animales rescatados en 1999 permitieron preservar esta población fuera del archipiélago. Los descendientes son mantenidos con fines de conservación e investigación.
Los que quedaron en la isla siguieron formando parte del ecosistema que el Departamento de Conservación busca restaurar.













