El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires oficializó un cambio de paradigma en el mantenimiento de los edificios educativos.

A través del “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”, las autoridades porteñas establecieron que los gastos derivados de roturas intencionales, pintadas y grafitis ya no serán absorbidos directamente por la caja central del Gobierno, sino que deberán ser afrontados por la dirección y la cooperadora de cada institución.

La normativa abarca a todos los niveles y modalidades, tanto de gestión estatal como privada. Aunque el financiamiento provendrá de la caja chica escolar o del Fondo Único Descentralizado de Educación (FUDE), el protocolo habilita a los colegios a organizar jornadas de reparación con participación activa de los alumnos e involucrar a las familias en la estrategia para subsanar los daños.

Cómo funcionará la cobertura de gastos y la distinción de riesgos

El nuevo esquema establece un criterio diferenciado según la gravedad y el tipo de daño registrado en los establecimientos.

Si las roturas de bancos, puertas o pintadas no representan un peligro inmediato para docentes o alumnos, el Ministerio no intervendrá financieramente y las escuelas deberán utilizar sus fondos operativos para reparar las instalaciones.

Por el contrario, cuando el deterioro comprometa la seguridad física de la comunidad educativa, el Gobierno porteño mantendrá la cobertura presupuestaria inmediata.

“El que rompe, paga”: la nueva medida que cambia las reglas en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires

Para evitar el impacto económico en las arcas escolares, los equipos directivos también podrán convocar a los propios estudiantes a participar en tareas de restauración y pintura dentro del ámbito institucional.

El diagnóstico de conducta y las estrategias pedagógicas

La medida se sustentó en un diagnóstico de conducta realizado junto a la Universidad de San Andrés en 42 escuelas secundarias, el cual determinó que el clima de respeto mutuo y el compromiso colectivo reducen significativamente el vandalismo.

Para reforzar el sentido de pertenencia, la resolución promueve la figura de “Embajadores del cuidado” por curso, la creación de murales estudiantiles sobre paredes vandalizadas y la reserva de los últimos minutos de clase para el orden del aula.

Asimismo, se busca fomentar el trabajo entre pares y acuerdos de convivencia elaborados directamente por los estudiantes.

El nuevo Plan Institucional de Gestión Integral de Residuos

Además de las pautas de cuidado edilicio, el protocolo obliga a cada colegio a implementar un Plan Institucional de Gestión Integral de Residuos en cuatro etapas bien definidas.

Para llevarlo a cabo, se designará un Referente Ambiental que coordine la instalación de equipamiento de separación en cada sector y se conformará un Comité Ambiental integrado por directivos, docentes, familias y alumnos.

Este equipo tendrá la responsabilidad de realizar auditorías periódicas y gestionar el circuito correcto para todas las corrientes de desechos generadas en la institución.