Más de un siglo después

El extraño caso del Titanic: por qué encontrar zapatos les dio miedo a los investigadores

El barco más famoso de la historia lleva más de un siglo hundido pero sus misterios siguen interesando a muchas personas alrededor del mundo.

La madrugada de 15 de abril de 1912 tuvo lugar una de las tragedias más recordadas en la historia de la humanidad. Se trata del hundimiento del Titanic, en el cual murieron 1500 personas y sobrevivieron 710 que lograron escapar en los botes salvavidas.

Hasta el día de hoy, más de un siglo después, los expertos continúan investigando el hecho y, recientemente, se dio a conocer un nuevo hallazgo que sacudió a la comunidad: el arqueólogo subacuático Robert Ballard, conocido por descubrir dos submarinos nucleares hundidos de la ex Unión Soviética que permanecían en secreto, encontró una nueva multitud de objetos y pertenencias personales esparcidas por el fondo del océano cuando pudo llegar hasta los restos, en 1985.

"Todo lo que quedó de los humanos fueron sus zapatos. En otras palabras, alrededor del Titanic hay miles de pares de zapatos. Estas son las lápidas y no esperaba ser golpeado emocionalmente por ellas", dijo, conmocionado, Ballard, al canal inglés BBC 4.

"Entré allí bajo control, por así decirlo, pero me quedé impresionado. Fue una experiencia muy conmovedora y no esperaba que me sucediera, luego de años de expediciones submarinas", confesó el arqueólogo.

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En las aguas submarinas que rodean el barco, pueden encontrarse miles de zapatos, mezclados con piezas gigantes de maquinaria que dan testimonio del violento naufragio.

Cuál es el origen de los zapatos

A pesar de la leyenda popular, es casi seguro que la aparición de los zapatos no se debe a que allí se asentaron finalmente los cuerpos de los pasajeros. Así lo explicó el escritor de ciencia ficción Joseph Reinemann -que tiene una novela ambientada en el Titanic llamada Shadows of time-, en la red social de preguntas y respuestas Quora.

Este fue el primer pensamiento que tuvieron Robert Ballard y su equipo cuando lo observaron, pero al reflexionar posteriormente se dieron cuenta de que no tenía mucho sentido. 

El Titanic se hundió en agua salada. Los cuerpos habrían flotado durante bastante tiempo, y los pocos que se anegaron lo suficiente como para hundirse habrían tardado mucho más en llegar al fondo del océano, tiempo durante el cual las corrientes los habrían arrastrado lejos de los restos. 

Los zapatos depositados en el fondo del mar.

Además, la ubicación de los zapatos era incorrecta: estaban colocados con demasiada regularidad y a poca distancia entre sí como para marcar el lugar en el que había caído un cadáver, y en muchos casos sólo podrían haber acabado colocados así si la persona que los llevaba se las hubiera arreglado para permanecer de pie durante veinte años mientras se descomponían lentamente.

Los equipos que siguieron realizaron un estudio más riguroso de los zapatos y se dieron cuenta de que no se trataba sólo de zapatos depositados en el fondo del océano. También encontraron pequeñas tiras de cuero, cierres metálicos y trozos de joyas y botones cuidadosamente dispuestos. 

Una vez que tuvieron esto en cuenta, se dieron cuenta de que lo que estaban viendo en realidad eran los restos de equipaje de tela que habían salido despedidos de los camarotes y de los compartimentos principales de carga cuando la proa fue aplastada por las turbulencias que creó en su hundimiento

Los zapatos habían sido empaquetados originalmente, de forma ordenada, en el fondo de las maletas y permanecieron allí hasta que los microorganismos se comieron su contenedor y la mayor parte del contenido, creando la imagen que puede verse hoy.

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Es posible que aún queden restos humanos atrapados en el pecio, probablemente en los espacios de ingeniería que han quedado sepultados en el barro en el que se incrustó el pecio al chocar. Pero es poco probable que sean accesibles, dado el estado de los restos.


La desaparición de los restos del Titanic

El Titanic está sucumbiendo lentamente a las bacterias que devoran el metal: los agujeros invaden los restos, la cofa ya ha desaparecido y la barandilla de la emblemática proa del barco podría derrumbarse en cualquier momento.

Sin embargo, y en una carrera contra lo inevitable, la expedición de una empresa de exploración submarina al lugar de los restos podría comenzar este mes, iniciando lo que se espera que sea una crónica anual del deterioro del barco. 

Con la ayuda de turistas adinerados, los expertos esperan aprender más sobre el buque, así como sobre el ecosistema submarino que generan los naufragios.

"El océano se está llevando esto, y tenemos que documentarlo antes de que todo desaparezca o se vuelva irreconocible", dijo a principios de julio Stockton Rush, presidente de OceanGate Expeditions, desde un barco que se dirige al lugar del naufragio en el Atlántico Norte, al diario inglés Express.

El transatlántico, de 109 años de antigüedad, está siendo golpeado por las corrientes de aguas profundas y por una bacteria que consume cientos de kilos de hierro al día. Algunos han predicho que el barco podría desaparecer en cuestión de décadas a medida que los agujeros se abren en el casco y las secciones se desintegran.

Desde que se descubrió el barco en 1985, el mástil delantero de 30 metros se ha derrumbado. La cofa desde la que un vigía gritaba "¡Iceberg, adelante!" ya ha desaparecido. Y la cubierta de popa, donde los pasajeros se agolpaban mientras el barco se hundía, se dobló bajo su propio peso.

El gimnasio cercano a la gran escalera se derrumbó. Y una expedición de 2019 descubrió que la inquietante bañera del capitán, que se hizo visible tras el desprendimiento de la pared exterior del camarote del capitán, ha desaparecido.

"En algún momento cabría esperar que la barandilla de la proa, que es muy icónica, se termine por derrumbar", dijo Rush.

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