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A la hora de comprar carne, el color suele ser uno de los primeros aspectos que llaman la atención.

Para muchas personas, una pieza de color rojo intenso y brillante transmite una mayor sensación de frescura, mientras que un tono rojo oscuro despierta dudas y suele asociarse con un producto viejo o en mal estado.

Sin embargo, esa creencia no siempre es correcta. El color de la carne puede variar por diferentes procesos naturales relacionados con el contacto con el oxígeno, el tipo de corte e incluso la forma en que fue almacenada.

Carne roja brillante o rojo oscuro: por qué cambia el color y qué significa realmente

Aunque muchas personas utilizan el color como principal criterio de compra, la apariencia de la carne responde a un proceso completamente natural. El responsable es la mioglobina, una proteína presente en el músculo que almacena oxígeno y le da su tonalidad característica.

Cuando la carne recién se corta o permanece envasada al vacío, suele presentar un color rojo oscuro o violáceo porque tiene poco contacto con el oxígeno.

Al exponerse al aire durante algunos minutos, la mioglobina reacciona y se transforma en oximioglobina, un compuesto que le otorga ese rojo brillante que suele verse en las carnicerías y supermercados.

Por este motivo, ambos colores pueden corresponder a una carne fresca. La diferencia no indica necesariamente mayor o menor calidad, sino el tiempo de exposición y el método de conservación utilizado.

También es importante tener en cuenta que algunos músculos trabajan más durante la vida del animal y contienen una mayor concentración de mioglobina, por lo que naturalmente presentan un color más oscuro que otros cortes.

Carne roja brillante o roja oscura: cuál conviene comprar y qué revela realmente el color. Fuente: ShutterstockFuente: ShutterstockUlgenDes

Cuál conviene comprar: carne roja brillante o carne roja oscura

Más allá del color, existen otros aspectos mucho más confiables para evaluar si una carne está en buenas condiciones.

Uno de ellos es el olor. La carne fresca debe tener un aroma suave y característico. Si desprende un olor ácido, fuerte o desagradable, es mejor no comprarla.

La textura también aporta información importante. Al tocarla, debe sentirse firme y ligeramente húmeda, pero nunca viscosa o pegajosa. Si al presionarla recupera rápidamente su forma, es una buena señal de frescura.

Otro detalle para observar es la grasa. En la mayoría de los cortes frescos presenta un color blanco o crema. Si adquiere tonos amarillos muy intensos, grises o muestra signos de oxidación, puede indicar que la carne lleva demasiado tiempo almacenada.

Asimismo, conviene revisar el envase si se trata de carne en bandeja. Debe estar perfectamente sellado, sin exceso de líquido y respetando la fecha de vencimiento.

El error más común al comprar carne

Uno de los errores más frecuentes es pensar que cuanto más roja y brillante sea la carne, mejor será su calidad. En realidad, la iluminación de las vitrinas, el tipo de envase e incluso el tiempo que lleva expuesta pueden modificar considerablemente su apariencia.

Por eso, los especialistas recomiendan evaluar el producto de manera integral y no basar la decisión únicamente en el color.

Antes de comprar, es recomendable:

  • Verificar que no tenga olores extraños.
  • Observar que la superficie sea firme y no viscosa.
  • Elegir cortes con grasa blanca o color crema.
  • Revisar que el envase esté intacto y sin pérdidas de líquido.
  • Controlar la fecha de elaboración y vencimiento.
  • Mantener la cadena de frío hasta llegar al hogar.

Una vez en casa, lo ideal es refrigerar la carne lo antes posible o congelarla si no se va a consumir dentro de las siguientes 24 a 48 horas. De esta manera, conservará mejor su calidad y será más segura para el consumo.