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El océano suele verse como un sistema estable, pero las últimas mediciones muestran que esa idea empieza a quedar atrás. Un trabajo publicado en Nature confirma que el Índico sur acumula cada vez más agua dulce desde hace más de seis décadas.

El fenómeno no es menor: aparece en una zona que conecta cuencas oceánicas y que actúa como un eje dentro de la circulación global.

Un punto clave en la red oceánica del planeta

El Índico sur funciona como un corredor natural. Desde el Pacífico, parte de sus aguas pasan hacia el Índico por el paso indonesio. Más al sur, esas masas se integran en sistemas que influyen de manera indirecta en el Atlántico.

Por eso, los investigadores remarcan que lo que ocurre en esa región tiene efectos que pueden viajar miles de kilómetros.

La líder del estudio, la profesora Weiqing Han, señala que se observa un aumento persistente de agua dulce, que crece cerca de un 6,5% por década. Para ilustrar la magnitud, los científicos comparan el aporte anual con más de la mitad del volumen del lago Tahoe.

Un mapa que cambia en silencio

Durante 60 años, la zona de aguas tradicionalmente salinas ubicada frente al suroeste de Australia se redujo cerca de un 30%. Es el ritmo más veloz de dulcificación registrado en todo el hemisferio sur.

El proceso se explica por dos motores principales:

  • Un flujo más fuerte desde Indonesia, que empuja al Índico masas de agua menos salinas.
  • Un giro subtropical más intenso, que reparte ese caudal dulce hacia latitudes australes con mayor eficacia.

Ambos elementos transforman la estructura superficial del océano. En los primeros 200 metros, la capa que intercambia energía con la atmósfera, el agua dulce toma rutas distintas, lo que indica una reorganización del sistema.

Vientos que se desplazan y una atmósfera que cambia

Los especialistas vinculan esta modificación con variaciones en los vientos del hemisferio sur. La expansión hacia los polos de la célula de Hadley, que transporta aire cálido, mueve también los cinturones de viento y, con ellos, las corrientes superficiales.

Otro factor que acelera el proceso es el calentamiento sostenido de la warm pool del Indo-Pacífico, una región con aguas muy cálidas. Ese aumento de temperatura refuerza el flujo indonesio y profundiza la llegada de agua dulce al Índico sur.

¿Por qué importa la salinidad para el clima?

La salinidad y la temperatura definen la densidad del agua. Ese equilibrio impulsa la circulación termohalina, una enorme corriente global que transporta calor y regula el clima de continentes enteros.

Cuando la salinidad baja, el agua pierde densidad, y ese cambio puede afectar el mecanismo que permite que el Atlántico Norte reciba masas frías y salinas que se hunden y vuelven hacia el sur. Es un sistema que influye incluso en el clima de Europa occidental.

Por eso, cualquier alteración en el Índico sur podría generar un efecto dominó en otras cuencas.

Alerta científica: el mar se vuelve más dulce y podría alterar lluvias y sequías en todo el planeta

¿Qué puede pasar si el calentamiento global avanza?

Los investigadores advierten que, si las temperaturas continúan en alza, la presencia de agua dulce en el Índico sur seguirá en expansión. Ese avance podría modificar:

  • patrones de lluvia en el hemisferio sur
  • duración de sequías
  • distribución de nutrientes en zonas clave de pesca
  • intensidad de corrientes oceánicas

Lo que hoy parece una simple “pérdida de sal” podría ser una señal temprana de que el clima mundial ajusta su engranaje más importante: la circulación marina.