Mientras muchos viajeros esperan la llegada del verano para lanzarse a la aventura, un hombre de 81 años elige exactamente lo contrario.

Cada invierno vuelve a la ruta con el mismo ritual: una mochila pequeña, un termo con té caliente y el pulgar en alto, dispuesto a recorrer kilómetros a través de la Patagonia.

Lejos de considerar el frío un obstáculo, asegura que las bajas temperaturas le ofrecen una experiencia más auténtica. Para él, las rutas invernales son espacios donde el paisaje se vuelve más silencioso, las personas más atentas y los encuentros más genuinos.

El hombre de 81 años que recorre la Ruta 40 haciendo dedo

Con la tranquilidad de quien no tiene apuro, espera en las banquinas a que algún conductor decida detenerse. No busca batir récords ni completar trayectos en tiempo récord. Su objetivo es otro: disfrutar del camino y de las historias que aparecen en cada tramo.

Según cuenta, la edad le enseñó a moverse sin ansiedad y a prestar atención a detalles que antes pasaban desapercibidos. El sonido del viento, los cambios del cielo o una conversación inesperada forman parte de una experiencia que considera mucho más valiosa que llegar rápido al destino.

Su filosofía es sencilla: no se trata de demostrar que todavía puede viajar, sino de seguir haciendo aquello que realmente desea.

¿Por qué elige viajar en invierno?

A diferencia de la mayoría de los turistas, este aventurero encuentra ventajas en los meses más fríos del año.

Explica que durante el invierno las rutas suelen estar menos congestionadas y el paisaje adquiere una calma difícil de encontrar en temporada alta. La ausencia de grandes multitudes le permite conectar mejor con el entorno y vivir el viaje de manera más consciente.

Además, considera que las condiciones climáticas obligan a mantener una actitud prudente y respetuosa frente a la naturaleza.

Su método es simple: comenzar temprano, observar las condiciones del día y aceptar únicamente los trayectos que considera seguros.

Historias que nacen en cada aventón

A lo largo de sus recorridos ha compartido viajes con camioneros, docentes, profesionales de la salud, trabajadores rurales y jóvenes mochileros.

Cada vehículo se convierte en un espacio de intercambio donde las conversaciones fluyen con naturalidad. Muchas veces, asegura, las personas terminan compartiendo experiencias personales que difícilmente contarían en otro contexto.

Para él, hacer dedo es mucho más que una forma de trasladarse. Es una manera de construir confianza entre desconocidos y descubrir distintas realidades a través del diálogo.

¿Qué lleva en su mochila para recorrer la Patagonia?

La premisa principal de este viajero es cargar sólo lo indispensable. Entre los elementos que nunca faltan en su equipaje se encuentran:

  • Un abrigo liviano para soportar las bajas temperaturas.
  • Un termo con bebida caliente para las largas esperas.
  • Un mapa de papel para planificar los recorridos.
  • Una linterna frontal para situaciones de poca visibilidad.
  • Un gorro de lana que considera imprescindible durante las jornadas más frías.

Según afirma, todo lo demás aparece en el camino gracias a la solidaridad de las personas que encuentra durante el viaje.

A los 81 años recorre la Ruta 40 a dedo y revela el insólito motivo por el que elige hacerlo en pleno invierno
A los 81 años recorre la Ruta 40 a dedo y revela el insólito motivo por el que elige hacerlo en pleno invierno