Desde los primeros minutos de No Direction Home, el magnífico documental de Martin Scorsese sobre Bob Dylan que la semana próxima se estrena simultáneamente en la televisión británica y estadounidense, uno siente que está ante algo valioso y poco frecuente.

El amplio arco de la narración lleva al espectador a través del tiempo, desde el arrogante adolescente del Medio Oeste de Estados Unidos al ícono del rock que se convirtió en símbolo de los confusos sentimientos de una generación. Y todo este espectro temporal es manejado con consumada habilidad por Scorsese.

Por empezar, el documental muestra imágenes grabadas de conciertos de rock de los años 60 y 70 que uno ni siquiera sabía que existían. Y, además, están los testimonios de todos los grandes músicos y artistas de la época: Allen Ginsberg, Joan Baez, Pete Seeger y muchos más. No se puede decir que el film capte la esencia de Dylan, porque eso implica captar el mito, el espíritu. Pero la película de Scorsese es una obra de arte.