Cuando Anna Wintour apareció el mes pasado en el programa de televisión de David Letterman, a pocos les resultó sorprendente que usara sus característicos anteojos para sol. La directora de la versión estadounidense de la revista Vogue, famosa por su actitud reservada, confiesa que usa los accessorios como armadura y los anteojos, sumados a su pelo ferozmente cortado al estilo paje, sirven para perpetuar su imagen como figura controladora e inescrutable a la que se describe habitualmente como la jugadora más poderosa de la industria de la moda, que mueve u$s 300.000 millones.

Sin embargo, cuando se sentó con Letterman, se sacó los lentes y los puso sobre el escritorio. Es inconcebible pensar que ese gesto fuera otra cosa que una señal cuidadosamente coreografiada: íbamos a poder ver algo de la Anna auténtica; el aura de misterio sería dejada de lado por unos preciosos minutos.

Wintour estaba en el programa para promocionar un documental que registra la creación del número de septiembre de 2007 de su revista. Los que hicieron The September Issue tuvieron suerte: esa edición de 840 páginas, de las cuales 727 correspondían a avisos, marcó un pico en la fortuna de la revista.

Desde entonces se ha instalado la recesión global y los gorjeos rococó de la alta moda nunca han parecido más irrelevantes. La prueba está en la revista Vogue de este mes. Aunque septiembre es tradicionalmente el mes más lucrativo del ciclo para las revistas de moda, la edición cayó a 584 páginas, con un bajón de 36% en avisos comparado con 2008.

O tal vez sea más significativo que se informara en junio que por primera vez en su historia de 24 años en Estados Unidos la principal rival de Vogue, la revista Elle, logró tener más páginas de avisos en el primer semestre del año. Lo que está claro es que Wintour, que ocupa su posición actual desde 1988, enfrenta un clima económico que hace que todos estén notablemente menos fascinados por el mundo glamoroso. Algunos dicen que, además, Wintour está luchando por salvar su vida profesional. A medida que se aproxima a los 60 años, cada vez se especula más con la posibilidad de que estén preparando para ocupar su puesto a un sucesor que esté más consciente de las nuevas realidades económicas y cambie sutilmente la dirección de la revista. El nombre que más se menciona es el de Carine Roitfeld, directora de la versión francesa de Vogue.

Lo que se percibe como una lucha de poder apasiona al sector. De ahí la fascinación por la súbita inclinación de Wintour por la sinceridad. Su aparición en el programa de Letterman reveló algunas facetas inesperadas. Hubo una bien ensayada autoreprobación: al comentar recientes descripciones de sí misma en el diario The New York Times como: reina de hielo, rey sol, extraterrestre y dominatrix, Wintour hizo un resumen diciendo que es un “miembro de la realeza tibio con un látigo, pero del espacio exterior. ¿Qué les parece?

Pero cuando le preguntan si se parece a Miranda Priestly –el personaje de la directora de revista interpretado por Meryl Streep, y supuestamente basado en Wintour, en la película The Devil Wears Prada– su respuesta es ácida: “realmente nos gusta la ficción en Vogue . Pero después retornó a su frío estereotipo: “Soy muy decidida: trato de darle directivas muy claras a las personas con las que trabajo. A veces, lamentablemente, la respuesta que reciben no es la que les gustaría oír .

Ninguna de estas descripciones de sí misma resultaría extraña en boca del CEO de cualquier compañía de alto desempeño; sin embargo, son atributos inusuales en el universo de la moda. Es la tensión entre el aspecto independiente y controlador de Wintour y los manierismos de quienes la rodean lo que vuelve tan atractiva su historia y le da un toque mordaz a The September Issue.

Al mostrar el funcionamiento de una empresa en su mejor momento, el documental le da más lustre a la mitología de Anna Wintour. En un momento en que le habla directamente a la cámara revela que su padre, Charles, editor del Evening Standard, le dijo que debería convertirse en editora de Vogue cuando era una criatura. Su dedicación a la moda hizo que dejara el colegio a los 16 años para iniciar una brillante carrera en el periodismo especializado que la llevó a las revistas Harper’s Bazaar y New York antes de que comenzara a trabajar en Condé Nast, en 1983, como directora creativa de Vogue.

Su instinto infalible le ha dado frutos a ella (con una remuneración de u$s 2 millones), y a la revista. Wintour fue una de las primeras en entender la cultura de la celebridad, y también el hecho de que el gusto por el lujo y la moda de alto nivel es compartido por los que no pueden pagarlos: la edición de septiembre tiene una circulación de 13 millones, lo que representa una de cada 10 mujeres estadounidenses. Además, usó la revista para crear tendencias en la moda, explotó su cachet para causas caritativas e indignó a los defensores de los animales al promocionar las pieles.

Los momentos más divertidos del film ocurren cuando captan la desnuda arrogancia del estilo de edición de Wintour. Descarta incisivamente una sesión de fotos de u$s 50.000 y critica con concisión de haiku: una notita marca su foto preferida de la modelo de tapa Sienna Miller diciendo “me gusta esta, pero dientes . Los acólitos se precipitan con aerógrafos a eliminar la ofensa dental. Otro asistente abandona una reunión en estado de confusión existencial: “Me quiero matar. Ya no sé más qué estoy haciendo .

Pero la Wintour que se presentó en el programa de Letterman fue más humilde. Usó la entrevista como plataforma para promocionar la “Fashion’s Night Out organizada por su revista, que es un intento por apoyar a los minoristas de moda de Nueva York.

El aire de sensiblería fue palpable. Sin embargo, se produjo un impagable momento tipo María Antonieta cuando Letterman le preguntó qué puede hacerse con un presupuesto para moda reducido de u$s 100 a u$s 20. “Podría comprarse un labial , fue la respuesta, rápida como rayo.

Nadie ha hecho más que Wintour para crear ese universo paralelo que se enorgullece de su tenue relación con el mundo real y que, sin embargo, ahora debe converger con sus incertidumbres. En The September Issue es Bee, la hija de Wintour, la que brinda la perspectiva más sabia del mundo sobreexcitado de su madre, cuando dice que “es divertido pero hay otras cosas por ahí .

No es sorprendente que, en los créditos de la película, Wintour dice que su debilidad son sus hijos. Tal vez saben algo que ella ignora.