

La industria constituye uno de los ejes en los que se basa el desarrollo de toda nación. Por ello, para progresar, la Argentina necesita tener un aparato industrial dinámico, sano y expansivo, que sea capaz de diseñar nuevos productos y procesos exportables.
Además de creer que este debería ser el enfoque estratégico a impulsar en el país, sería aún más enriquecedor revisar cuáles son los parámetros que rigen el actual modelo.
Principalmente, la industria argentina se estructura bajo el modelo hecho en el país. Este modelo resulta insuficiente ya que no genera las bases necesarias de competitividad sustentable para el desarrollo de la industria.
Además,en la actualidad, el mercado tiende a trasladar la producción de los bienes a lugares de bajo costo. Ese es justamente el rol que la Argentina no debe jugar en el escenario internacional, porque producir a bajo costo no deja el margen necesario para seguir desarrollando la industria.
Un nuevo modelo
Por ello proponemos pasar a un modelo pensado en la Argentina para el mundo. Es decir, salir del esquema de producir y competir por costos, en un mundo donde la función producir cada vez se desvaloriza más, debido a un conjunto de países asiáticos que producen a muy bajos costos. Así, proponemos que el eje de desarrollo de la industria argentina sea la creación de conocimiento y su posterior materialización en nuevos productos y procesos.
Pensar nuevos productos y procesos para producir bienes exportables: pensado y fabricado en la Argentina para el mundo, ese es el enfoque estratégico con el que el país debería desarrollar su industria. Para que esto se ponga en marcha, es necesario trabajar en pos de un cambio en el diseño y enfoque de los programas educativos en las escuelas secundarias, de grado y postrado. Cambio que debe reflejarse también en la actitud de empresarios y políticos.
Por otro lado, a pesar de que existen algunas empresas que ya operan con este esquema propuesto, no se puede afirmar que la Argentina esté recorriendo este camino con la velocidad necesaria. Algunos datos sostienen esta afirmación. El grado de apertura de la industria argentina a la exportación, si bien viene creciendo en la última década, aún representa un bajo porcentaje respecto al PBI.
Argentina ha mejorado, pero todavía necesita dar un salto mayor: pensar que su mercado es el mundo en vez de recurrir a él cuando tiene saldos exportables o cuando la cotización del peso genera oportunidades. Habría que introducir entonces el concepto de mercado mundial en forma estructural en la estrategia empresarial y de nación industrializada.
Al proponer este nuevo enfoque debemos señalar que producir y exportar productos genéricos no representa una estrategia sustentable. Por el contrario, diseñar productos con alto grado de innovación sería un sólido cambio a largo plazo. Para llevar adelante este nuevo modelo, Argentina parte de un escenario que la sitúa una posición muy pobre: mientras que en Japón se generan 185 patentes por cada millón de habitantes, en Estados Unidos 178; y en el relativamente similar Nueva Zelanda 40; en el país este número ronda las 4,5 patentes por cada millón de personas.
Según los estudios realizados por el profesor de Harvard Michael Porter en el World Economic Forum, la Argentina, en términos de patentes, en el período entre 1976 y 1999, multiplicó 0,98 mientras que Chile multiplicó por 4,0; Brasil por 2,62; y México por 2,48, esto significa que en el periodo citado la Argentina no creció en la cantidad de patentes generadas si no que retrocedió, mientras que el resto de los países latinoamericanos creció significativamente.
Por otro lado, cuando el mismo autor explica cómo fueron las inversiones en Investigación & Desarrollo (I&D) por millón de habitantes, surge que Brasil, Chile y la Argentina tienen el mismo coeficiente. Este dato permite formular la siguiente pregunta: ¿se ha invertido bien? Tratando de ahondar en las causas de estos bajos resultados, se evidencia que el mayor presupuesto está en manos del Estado.
Siguiendo con esta reflexión, muchas veces se suele escuchar que la I&D es sólo para los países ricos. Sin embargo, hay países como Chile entre los más innovadores. Además, el 60% de las innovaciones en el mundo provienen de las llamadas empresas chicas. Por lo tanto, proponemos también romper otro paradigma: I&D y diseño industrial sólo lo hacen las grandes naciones. Otro error muy frecuente es creer que las actividades de I&D son sólo desarrolladas por científicos en laboratorios altamente equipados.
Para poner en marcha este nuevo modelo, algunas líneas de acción podrían ser encaradas desde el interior de las empresas: revalorizar y asignar presupuesto a las actividades de I&D y desarrollo industrial; elaborar planes de negocio que contemplen la exportación como un elemento estratégico y no como un elemento marginal.









