Las ciudades que han sentido el sabor de la grandeza en sus vidas pasadas enfrentan un dilema: si seguir disfrutando a la sombra de glorias marchitas, o si tratar de modernizarse, y perder la distinción que las hizo grandes.

El problema es que esa decisión no siempre la pueden tomar ellas. Los turistas no visitan los grandes centros antiguos para ver si sus caños cumplen con los estándares del S.XXI, quieren ver el pasado.

Atenas y Roma son dos ciudades que ofrecen más que la mayoría a los turistas que buscan cultura: 1000 años de la civilización occidental.

Sin embargo, en ambas se están tomando medidas para mantener viva la cultura. En Atenas, un nuevo director artístico del festival de verano de la ciudad, Yorgos Loukos, está diseñando un programa internacional que por fin crea un diálogo con la modernidad y con ello atraerá una multitud de espectadores jóvenes. Para las producciones modernas, Loukos recurre a las antiguas tablas de Epidaurus, un famoso teatro griego del siglo de oro de Pericles.

En Roma, el nuevo Auditorium Paco della Musica, construido hace cinco años, está dando mayor energía cultural a la ciudad.