Los problemas de Kodak son inusuales

George Eastman no inventó la cámara fotográfica, pero puede decirse con justicia que inventó la instantánea. Cuando en 1888 lanzó la cámara Kodak, cargada con un rollo de film Kodak, la fotografía era una actividad que involucraba el uso de trípodes, placas y productos químicos. El éxito de Eastman se debió a que le ofreció al público masivo una forma barata y fácil de acceder a la fotografía, convirtiendo la cámara en algo útil y fácil de usar, como el lápiz.

Ahora, Kodak es una de las marcas que más se conocen en el mundo. Sin embargo, como el lápiz, corre riesgo de ser barrida por la revolución digital. La venta de las cajitas amarillas de película fotográfica cae en picada porque la gente opta por las cámaras digitales, que producen imágenes que pueden verse en pantalla, compartirse por Internet y ser copiadas en las impresoras hogareñas. La semana pasada, Eastman Kodak, propietaria estadounidense de la marca, anunció planes para eliminar 20% de su fuerza laboral como parte de un penoso ajuste a los tiempos cambiantes.

Es fácil ver a Kodak como otra reliquia de la era industrial que resulta víctima del progreso tecnológico. En realidad, sin embargo, pertenecería a un club notablemente reducido. Aunque la era digital produjo nuevas marcas, como Microsoft, Intel, Nokia y Amazon, destruyó muy pocas de las viejas. Algunos productos fueron desplazados –las máquinas de escribir, los discos de vinilo y las enciclopedias de 32 volúmenes–, pero las grandes marcas del mundo emergieron prácticamente ilesas.

Esto no es lo que se esperaba. El advenimiento de la revolución industrial cambió casi todo, porque las economías manuales y agrarias, que habían permanecido sin variaciones durante miles de años, se transformaron en economías basadas en la industria y las maquinarias. Cuando llegó la revolución digital, se supuso que, en gran medida, ocurriría lo mismo. En cambio, aparte de acelerar las comunicaciones, hasta ahora su principal efecto fue el de modificar productos existentes. No creó autos voladores, por ejemplo, sino que introdujo sistemas sofisticados para controlar el motor de vehículos cuya tecnología básica ha cambiado poco desde que Henry Ford lanzó su Modelo T.

La fotografía es un buen ejemplo de este fenómeno. La tecnología digital no modificó de manera fundamental el acto de llevar una cámara, usarla para captar un instante en el tiempo y después compartir ese momento con parientes y amigos, pero ha cambiado la forma en que se realiza el proceso. El gran problema de Eastman Kodak es que permitió que la marca Kodak quedara asociada de manera demasiado estrecha al método utilizado –el rollo de película– y no al acto de tomar una foto instantánea.

La compañía está tratando de corregir esto, avanzando más agresivamente hacia la imagen digital. Si no lo logra, quedará como un inusual monumento a los peligros del cambio tecnológico: tal vez como un pintor de cavernas en la era de Rembrandt.