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Los últimos informes de Morgan Stanley y el banco suizo UBS muestran una coincidencia poco habitual para el caso argentino: el riesgo ya no está en el diagnóstico, sino en la velocidad de ejecución.

Ambos gigantes parten de ángulos distintos, pues uno lo hace desde el crédito soberano y el otro desde el equity corporativo, pero convergen en una misma lectura: Argentina empieza a pasar de “historia binaria” a una “de compresión gradual”, con precios que todavía no reflejan del todo ese cambio de régimen.

Desde el lado macro y de deuda soberana, Morgan Stanley destaca que el pago de u$s 4200 millones en bonos en moneda extranjera realizado en enero funcionó como la primera prueba concreta de normalización financiera.

“No fue un evento simbólico: obligó al Tesoro a comprar dólares, al BCRA a administrar reservas y al sistema a mostrar coordinación operativa”, dice el documento.

Para el banco, el Gobierno mostró voluntad de pago y capacidad operativa incluso sin acceso pleno a los mercados. El foco, sin embargo, no está en lo que ya pasó, sino en lo que viene.

En 2026, restan u$s 15.600 millones en pagos en moneda dura, con julio como el próximo mes crítico, y la conclusión es que el esquema es manejable, pero exige una combinación precisa de financiamiento multilateral, emisiones en dólares y uso de reservas.

Morgan Stanley es explícito en un punto que el mercado internaliza de a poco: aun con déficit nominal cero, la Argentina necesita dólares, no pesos.

El equilibrio fiscal reduce el riesgo de default, pero no resuelve por sí solo el problema de liquidez externa. En su escenario base, el Tesoro logra cubrir parte de los vencimientos con organismos multilaterales y nuevas emisiones, pero aun así queda un gap cercano a u$s 5000 millones que deberá cubrirse vía compras al BCRA o con mayores flujos de capital.

Por eso, el banco pone el acento en la acumulación de reservas como la verdadera ancla del programa y como la condición necesaria para que el regreso al mercado internacional sea creíble y sostenido, no, un evento aislado.

El mensaje implícito es que el riesgo país ya no depende tanto del “si” sino del “cuándo”. Morgan Stanley mantiene una visión constructiva sobre la deuda argentina y considera que el catalizador real para una nueva compresión del riesgo país no será otro pago puntual, sino el acceso efectivo al mercado de capitales internacionales antes de los vencimientos de julio.

En ese contexto, el tramo largo de la curva soberana aparece como el principal beneficiado porque es donde el mercado todavía exige una prima elevada frente a un escenario que, en términos de solvencia, luce más ordenado que en ciclos anteriores.

Cambio para una acción argentina

Desde el lado de la micro y del equity, el informe de UBS sobre Vista Energy funciona casi como un espejo del razonamiento macro. El banco suizo decide subir la recomendación a “Buy” y elevar el precio objetivo a u$s 65 no porque ignore los riesgos de la Argentina, sino porque entiende que, aun incorporándolos, la valuación actual descuenta un escenario demasiado conservador.

UBS observa que el mercado trata a las compañías argentinas como opciones macro, cuando algunas ya operan con lógica de ejecución industrial y generación de caja.

En el caso de Vista, UBS pone el foco en tres elementos que dialogan directamente con la lectura soberana de Morgan Stanley.

  • Primero, la capacidad de crecimiento está respaldada por inversión, infraestructura y logística, no por supuestos optimistas.
  • Segundo, los costos operativos bajos y la flexibilidad de capex funcionan como un seguro natural frente a escenarios adversos de precios o ruido macro.
  • Y tercero, la valuación refleja un castigo que no se condice con los fundamentals proyectados, lo que abre espacio para una repricing si el riesgo país continúa normalizándose.

La coincidencia entre ambos bancos es conceptual. La Argentina empieza a dejar atrás el régimen de crisis permanente, pero el mercado todavía no termina de ajustar sus precios a esa transición.

En el soberano, eso se ve en spreads que siguen elevados pese al orden fiscal y a la mejora institucional. En las acciones, se observa en múltiplos comprimidos, que asumen escenarios de estrés más propios del pasado que del presente.

Ni Morgan Stanley ni UBS plantean un camino libre de sobresaltos, pero ambos coinciden en que el balance de riesgos ya no es asimétrico en contra, como lo fue durante años.