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Domingo Cavallo volvió a encender el debate económico con una columna en la que cuestiona uno de los pilares de la gestión de Javier Milei para atraer capitales: el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones). Para el exministro, los incentivos sectoriales y los “privilegios” para grandes empresas no son el camino hacia un crecimiento sostenible, sino que podrían profundizar desequilibrios estructurales que arrastra el país hace un siglo.
Bajo el título “Es fundamental alentar las exportaciones y las inversiones sin discriminar”, Cavallo lanzó una advertencia que resuena en el Círculo Rojo: el “boom exportador” del que se habla hoy está muy por debajo del potencial real de Argentina.
El “factor Brasil” y la brecha de los u$s 90.000 millones que ve Cavallo
Uno de los puntos más provocadores del análisis de Cavallo es la comparación con el principal socio del Mercosur. Según el economista, si Argentina hubiera mantenido el ritmo de crecimiento exportador de la década del 90 y no hubiera reintroducido el “sesgo antiexportador” a partir de 2002, el escenario actual sería radicalmente distinto.
“Hoy Argentina exporta u$s 100.000 millones, pero debería estar exportando más de u$s 190.000 millones”, sentenció.
El exministro ilustró esta decadencia comparativa: a fines de los 90, Argentina exportaba u$s 26.000 millones y Brasil u$s 48.000 millones. Hoy, mientras Brasil saltó a los u$s 350.000 millones, Argentina apenas superó la barrera de los u$s 100.000 millones.
Para Cavallo, la clave no estuvo en los precios internacionales —que se duplicaron en 25 años—, sino en la política interna que castigó la rentabilidad del exportador frente al importador.
La crítica al RIGI: “¿Incentivos o privilegios?”
Aunque el mercado recibió con optimismo el RIGI y el posible “super RIGI”, Cavallo se muestra escéptico. Su argumento central es que el Estado no debe pretender “orientar” las inversiones con beneficios fiscales que el resto de la economía no tiene. Los motivos por los que sostiene su posición son:
- Discriminación: para Cavallo, estos esquemas ponen en desventaja a millones de pymes y emprendedores que no califican para los beneficios, pero que son indispensables para la agilidad económica.
- Riesgo de “Enfermedad Holandesa”: advirtió que concentrar el crecimiento solo en energía, minería y tecnología (los sectores beneficiados) sin un ambiente propicio para el resto, es un error de diagnóstico.
- Flexibilidad vs. Planificación: en un mundo de incertidumbre tecnológica y conflictos geopolíticos, el exministro sostiene que la economía necesita “agilidad en la asignación de recursos”, algo que los incentivos sectoriales suelen entorpecer.
La opinión de Cavallo: el fin del cepo como única salida
Para Cavallo, el problema no se resuelve con un tipo de cambio real alto —una idea que atribuye al “Plan Fénix” y al post-2002—, sino con la eliminación total de los controles de cambio.
“La prédica en favor de un tipo de cambio real alto sin libertad de movimiento de capitales es contraproducente”, afirmó. Su receta para el éxito de Milei es clara: asegurar la libre movilidad de capitales y acumular reservas para bajar la tasa de interés real al 5% anual.
“El sesgo antiinversor se manifiesta en la dificultad para conseguir financiamiento a tasas razonables”, explica. Si se eliminan los controles de cambio, sostiene, la baja del costo del capital permitiría eliminar retenciones y aranceles, borrando de un plumazo el sesgo que hoy frena al campo y a la industria.