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Los economistas Alex Edmans, Diego García y Øyvind Norli analizaron más de 1100 partidos internacionales de fútbol en 39 países y encontraron que las derrotas importantes tienen un efecto medible sobre los mercados bursátiles. El trabajo, publicado en The Journal of Finance, detectó que cuando una selección es eliminada de un torneo relevante como la Copa del Mundo, el índice bursátil del país registra al día siguiente un rendimiento anormal cercano a 0,4% por debajo de lo esperado. En algunas muestras de partidos de eliminación directa, la caída llegó a rozar los 0,5%.
El dato más llamativo es que el efecto no aparece después de las victorias. En otras palabras, los mercados parecen castigar las derrotas, pero no premiar los triunfos. Y la explicación no está en los fundamentos económicos, sino en la psicología: las derrotas generan una reacción emocional más intensa que los triunfos. Ese fenómeno es conocido como “aversión a la pérdida”.
Y es que, si bien un resultado deportivo no modifica las ganancias de las empresas, las tasas de interés ni la política monetaria, el estado de ánimo sí puede influir en la toma de decisiones de miles de inversores individuales.
Así, un país frustrado por una eliminación mundialista puede mostrarse más pesimista, asumir menos riesgo o vender activos de manera impulsiva. El efecto es más fuerte en acciones de empresas pequeñas, donde la participación de inversores locales suele ser mayor.
¿Cómo es el “Fecto Mundial”?
Las copas del mundo no son inocuas para los mercados y Argentina no es la excepción. “No existe un “efecto Mundial” estructural que cambie fundamentos económicos, pero sí hay evidencia de que eventos deportivos pueden afectar el humor del mercado y generar movimientos de corto plazo”, apuntó a El Cronista Leo Anzalone, director de CEPEC.
La liquidez es la clave
Y señaló que, “en países como Argentina, donde el componente emocional y minorista tiene mucho peso, eso puede sentirse más en la operatoria, la liquidez y la demanda de cobertura que en una tendencia bursátil de fondo”.
Para el analista de mercados Daniel Pesalovo, “no afecta a las acciones el Mundial”. Y en este sentido tiene un punto, dado que Anzalone sostuvo que, en Argentina, el “efecto Mundial” puede sentirse más por el lado cambiario que bursátil. Indicó que implica salida de divisas por turismo, consumo en el exterior y gastos asociados. Y en 2026 se da en el segundo semestre, que coincide con la peor estacionalidad cambiaria.
Por eso, los especialistas consideran que el “efecto Mundial” existe, aunque su magnitud es limitada y sólo puede observarse cuando se analizan muchas décadas de datos. Es poco probable que un gol cambie la tendencia de Wall Street, pero la historia demuestra que, cuando se trata del humor de los inversores, el fútbol puede jugar un partido más importante de lo que parece.