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En 2025 las empresas argentinas volvieron a premiar al accionista. Las compañías locales que cotizan en Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) distribuyeron el año pasado u$s 1419 millones en dividendos, el nivel más alto de los últimos seis años, por encima del 14,4% alcanzado en 2024 y casi cinco veces más que los montos de 2020.
La tendencia marca un cambio de comportamiento corporativo, una señal de mayor solidez financiera y, sobre todo, un mensaje directo para el inversor. Las utilidades dejaron de ser una promesa y volvieron en forma de retorno concreto.
Los datos surgen del Informe de Dividendos que publica BYMA, que analizó exclusivamente empresas locales (sin incluir Cedear) y expresa todos los pagos en dólares MEP para garantizar comparabilidad real entre períodos con distintos contextos cambiarios.
La entidad anunció además que, desde 2026, el documento pasará a tener periodicidad trimestral, un gesto que no es casual, pues el mercado ya entiende que la dinámica de dividendos dejó de ser eventual y pasó a ser un dato estructural que hay que monitorear con la misma seriedad que los balances corporativos o la evolución del riesgo país.
“El récord de dividendos de 2025 refleja una mayor solidez financiera de las empresas y un mercado que vuelve a convertir resultados en retornos concretos para los inversores. Que BYMA se ubique segunda en el ranking de empresas que más distribuyen dividendos reafirma nuestro compromiso con la creación de valor y con un mercado de capitales cada vez más fuerte y transparente”, señaló Alejandro Berney, ejecutivo responsable de Relaciones con Inversores (IRO, en inglés) de la entidad.
La serie histórica
La evolución de la serie histórica es un retrato nítido de cómo cambió la Argentina en estos años. En 2020, todavía enmarcado en restricciones cambiarias, presión regulatoria y enorme incertidumbre, el total distribuido fue de u$s 291 millones.
Un año después llegó el verdadero piso con apenas u$s 152 millones en 2021, producto de un cepo más rígido, empresas que atesoraron la liquidez y un mercado en modo defensivo.
A partir de 2022 comenzó la reconstrucción. Ese año el monto saltó a u$s 489 millones, 2023 consolidó el sendero con u$s 513 millones y, a partir de allí, llegó el despegue: u$s 1.240 millones en 2024 y el récord de u$s 1.419 millones en 2025. En cinco años, los dividendos medidos en dólares se multiplicaron casi por cinco.
Ese comportamiento se traduce también en nombres y sectores. Durante 2025, 29 empresas distribuyeron dividendos en distintas modalidades, pero lo más relevante es que el 91% de los pagos fue en efectivo.
El ranking empresarial muestra, además, dónde estuvo el pulso principal del mercado. Grupo Financiero Galicia fue la compañía que más dividendos repartió, con u$s 271,5 millones. BYMA se ubicó en segundo lugar con u$s 175 millones, seguida por Banco Macro con u$s 157 millones, Molinos Agro con u$s 144,3 millones e IRSA con u$s 116,4 millones.

En términos sectoriales, los servicios financieros volvieron a liderar con u$s 740 millones, pero con un dato interesante, pierden algo de peso relativo frente a “utilities” y consumo básico, lo que sugiere una diversificación cada vez mayor de las fuentes de generación de caja.
Dividendos récord, pero concentrados
Sin embargo, el informe también expone una característica estructural de la Bolsa argentina: la concentración. Las cinco empresas que más pagaron explican más del 60% del total distribuido. Las diez primeras, más del 80%. Y de las 83 compañías listadas hacia fines de 2025, menos de la mitad paga dividendos de algún tipo.
Para el inversor esto tiene implicancias claras. El mercado ofrece oportunidades muy atractivas entre las empresas líderes, pero todavía convive con un universo amplio de compañías que no han dado el salto hacia una política más activa de retribución al accionista.
Cabe destacar que el dato es más que positivo. Más dividendos implican compañías más sólidas, balances más ordenados, previsibilidad sobre flujos futuros y un mercado de capitales que gana atractivo frente a alternativas como la deuda o incluso la dolarización directa.
También fortalece la narrativa de cara a inversores internacionales, pues no se trata solo de expectativas de revalorización por precio, sino de activos capaces de generar rendimiento real y sostenido.
En un contexto global donde los flujos de capital miran riesgo, credibilidad y capacidad de pago, que la Argentina haya tenido en 2025 el mayor año de dividendos de la serie es una señal potente.
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