En esta noticia

Mucho se habla de dejar que el dinero trabaje por uno y de mantener las inversiones durante años para aprovechar el crecimiento del mercado. Sin embargo, invertir no consiste en comprar activos y olvidarse de ellos.

Si bien operar constantemente suele ser un error para quienes buscan construir patrimonio a largo plazo, también lo es abandonar por completo el seguimiento de la cartera. Los cambios en el mercado, el desempeño de las empresas y la evolución de cada inversión pueden modificar la distribución original del portafolio y exigen ajustes periódicos.

Por eso, además de definir qué activos comprar, los asesores financieros recomiendan establecer desde el comienzo cuándo revisarlos, en qué momento conviene venderlos y bajo qué criterios rebalancear la cartera para evitar que una posición crezca más de lo previsto y aumente el riesgo.

Cada cuánto conviene revisar una cartera de inversiones

Para Nicolás Parreira, asesor financiero y director financiero de Grupo Sigma, una estrategia de largo plazo debe apoyarse en una cartera diversificada y alineada con los objetivos de cada inversor.

“El objetivo no debería ser encontrar un único activo ganador, sino construir una combinación capaz de atravesar distintos escenarios económicos”, señala.

Aum racha

En ese sentido, explica que las revisiones periódicas forman parte del proceso, pero no existe una frecuencia única que sirva para todos los inversores.

La periodicidad depende del tipo de activos, los objetivos y el perfil de riesgo de cada persona. Lo importante es establecer momentos concretos para revisar las posiciones y evitar que el seguimiento quede librado a las emociones o a los movimientos diarios de los precios.

Una revisión permite comprobar cuánto representa cada inversión dentro del total, si la cartera continúa diversificada y si los activos siguen respondiendo al objetivo por el que fueron incorporados. También es una oportunidad para evaluar si hubo cambios en las necesidades personales, el horizonte de inversión o la tolerancia al riesgo.

Esto no implica que haya que comprar o vender en cada revisión. En muchos casos, alcanza con verificar que la distribución de los activos siga siendo consistente con el perfil de riesgo definido inicialmente y con el contexto de mercado. La decisión de modificar la cartera no debería responder al temor que puede generar una caída puntual o la tentación de perseguir un activo que viene subiendo.

Además, sostiene que una de las mejores formas de reducir la dependencia de los movimientos de corto plazo es realizar aportes periódicos y mantener la disciplina durante los años, aprovechando incluso las caídas para continuar acumulando posiciones.

Cuándo conviene rebalancear una cartera

El rebalanceo consiste en ajustar el peso de los activos para que la cartera vuelva a la distribución definida al momento de invertir. Esto puede ser necesario porque algunos instrumentos subieron más que otros y, con el tiempo, pasaron a representar una porción mayor del patrimonio.

Fuente: ShutterstockShutterstock

Por ejemplo, si una persona decidió destinar el 10% de su cartera a una acción y, después de una fuerte suba, esa posición pasa a representar el 20%, quedó más expuesta a ese activo de lo que había previsto. En ese caso, puede vender una parte y redistribuir el dinero entre otras inversiones para recuperar los porcentajes originales.

Mauro Cavallo, asesor financiero, explica que una de las reglas que utiliza es definir antes de comprar qué proporción de la cartera ocupará cada activo. Si una inversión supera ese límite como consecuencia de una suba, puede ser momento de vender parcialmente y rebalancear.

“El precio de salida se suele dar cuando supera el valor intrínseco o cuando desbalancea el porcentaje que habíamos determinado para ese activo en el total de la cartera”, afirma.

El rebalanceo también puede servir para recuperar la diversificación cuando una inversión pierde peso o cuando cambian las condiciones del mercado. La clave es que la decisión responda a una estrategia definida y no a la intención de adivinar cuál será el próximo movimiento de los precios.

La lógica detrás de esta herramienta es evitar que una sola apuesta determine el resultado de todo el portafolio. Incluso si se trata de una empresa de excelente calidad, una concentración excesiva aumenta el riesgo.

Cómo saber cuándo entrar y cuándo salir de una inversión

Según Cavallo, uno de los errores más comunes entre los inversores es tomar decisiones sobre la marcha, influenciados por las noticias o las emociones del mercado. Por eso, recomienda establecer las reglas antes de invertir.

Su metodología comienza con un análisis fundamental de la empresa. Allí evalúa el sector en el que opera, el contexto económico global, las tasas de interés y la evolución de sus ingresos durante los últimos años.

Fuente: ShutterstockShutterstock

También presta especial atención a indicadores de valuación como el Price Earnings Ratio (PER), que compara el precio de una acción con sus ganancias, y el Price to Sales, que relaciona el valor bursátil con las ventas de la compañía.

Con esa información, el objetivo es calcular el valor intrínseco del negocio, es decir, cuánto vale la empresa según sus fundamentos, más allá del precio al que cotiza en el mercado.

Luego, Cavallo define dos referencias: un precio de entrada y otro de salida. Como criterio general, señala que busca comprar cuando la acción cotiza un 20% por debajo de su valor intrínseco. En cambio, considera vender cuando supera esa valuación o cuando la posición crece tanto que desbalancea el porcentaje que tenía asignado dentro de la cartera.

“Es una muy buena práctica tener los dos precios escritos antes de comprar la acción”, sostiene.

La ejecución también forma parte de la estrategia. Cavallo explica que compra cuando el activo alcanza el precio establecido y vende de manera escalonada cuando llega a los objetivos de salida. De esa forma, evita tomar decisiones por miedo ante una caída o por entusiasmo después de una suba.

Otra señal para revisar una inversión es que hayan cambiado los motivos por los que se compró. Si la empresa presenta balances más débiles, pierde competitividad o atraviesa un deterioro en su negocio, puede ser necesario volver a evaluar la tesis original.

Qué estrategia seguir para invertir a largo plazo

Para Parreira, obtener buenos resultados a lo largo del tiempo requiere combinar diversificación, aportes periódicos y disciplina. En lugar de intentar encontrar el momento exacto para entrar al mercado, recomienda invertir de manera gradual.

Los aportes periódicos permiten reducir la dependencia de un único precio de compra y continuar incorporando activos incluso durante las caídas. Esto puede ser útil para quienes tienen un horizonte de varios años y no necesitan utilizar ese dinero en el corto plazo.

Otro factor importante es reinvertir los intereses y dividendos. Según el especialista, la acumulación de esos pagos puede tener un impacto relevante en el resultado final de una inversión a diez años. Por eso, al elegir acciones, Cedears o ETF, también recomienda analizar la solidez y continuidad de la política de dividendos, además de su potencial de crecimiento.

“No se trata solamente de elegir activos por su nombre o por su rendimiento reciente, sino de analizar su comportamiento histórico, su volatilidad, la duración de las caídas, la velocidad de recuperación del capital y el aporte de los dividendos al rendimiento total”, señala.