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La aceleración de las expectativas de inflación para 2026, que el mercado ya ubica cerca del 30%, reconfigura el mapa de decisiones en pesos y profundiza la batalla por el rendimiento entre el plazo fijo UVA y la curva de los bonos CER.
Con una desinflación que no llega, tasas reales comprimidas y mayor demanda de cobertura, los inversores recalibran estrategias en busca de mejores retornos.
Cabe recordar que esta semana el mercado recalculó al alza las expectativas de inflación para 2026 y ya la ubica cerca del 30% anual, con un deterioro claro respecto de las proyecciones de inicio de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central marcó un punto de inflexión, pues no solo subieron las estimaciones de corto plazo, sino que también se corrió el sendero de desinflación.
Para marzo, los analistas proyectan una inflación mensual de 3%, por encima del 2,5% previsto previamente. En paralelo, el proceso de desaceleración pierde ritmo y ahora se espera que la inflación baje del 2% mensual recién en agosto, cuando en el relevamiento anterior ese hito estaba proyectado para mayo.
En términos anuales, el ajuste es más contundente. Para todo 2026, el consenso del mercado estima una inflación de 29,1%, lo que implica un aumento de 7 puntos porcentuales frente a las previsiones de comienzos de año.
El deterioro es aún más marcado en el denominado “Top 10” de analistas, donde la proyección escala al 31,8%, incluso por encima del nivel estimado para 2025 (31,5%).
A 12 meses vista, las expectativas también se amplían hasta el 23,8%, y se consolida la idea de que el proceso desinflacionario será más lento y menos lineal de lo previsto.
El veredicto de la City: CER vs. Plazo fijo UVA
En ese contexto, Elena Alonso, CEO de Emerald Capital, explicó a El Cronista que, frente al plazo fijo tradicional, los bonos ajustados por inflación (bonos CER) ofrecen ventajas concretas.
- “La primera es la liquidez: se pueden vender en el mercado secundario cuando quieras y tener el dinero disponible en el día, sin estar atado a un vencimiento fijo”, dijo Alonso.
- La segunda es el rendimiento: “Mientras el Banco Nación paga hoy hasta 4,5% anual en su plazo fijo más largo, con bonos CER podés acceder a tasas reales superiores según el perfil de riesgo”, señaló la experta.
Así, para un inversor conservador, Alonso planteó que el TZXD6, con vencimiento en diciembre de 2026, que no supera en tasa al plazo fijo, “pero garantiza cobertura frente a la inflación y, sobre todo, la posibilidad de venderlo en cualquier momento”.

Para un perfil moderado, deslizó el TZXS7 vence en septiembre de 2027 y rinde una tasa real del 4% anual por encima de la inflación. “Y para quien tolerar mayor volatilidad y tiene un horizonte más largo, el DICP, con vencimiento en 2033, que ofrece un rendimiento real del 7% anual. En todos los casos, la liquidez y la cobertura inflacionaria son las ventajas que el plazo fijo convencional no puede ofrecer”, concluyó la experta.
Por su parte, Piedad Ortiz, economista y MBA en Finanzas, advirtió que el mercado argentino sigue operando en un régimen de inflación persistente, con dificultades para perforar el umbral del 2,5% mensual.
En ese contexto, con tasas reales comprimidas y una curva CER fuertemente demandada, la competencia por rendimientos se intensifica.
“El inversor amplía el menú y empieza a contrastar instrumentos tradicionales, como el nuevo plazo fijo UVA del Banco Nación, con bonos indexados a la inflación, en busca de optimizar retorno real”, planteó Ortiz.
Sin embargo, la estratega no dejó margen para ambigüedades y aseguró que esta pulseada la ganan claramente los bonos CER en el tramo mediano y largo.
Ortiz explicó que, al evaluar la alternativa bancaria, si bien ofrece una Tasa Nominal Anual (TNA) ajustada con pago mensual y cierto resguardo frente a la volatilidad de precios en comparación con la curva CER, presenta limitaciones relevantes.
“Por un lado, el capital queda inmovilizado durante todo el plazo y, por otro, la tasa real resulta acotada, salvo en horizontes más largos”, dijo.
En ese tramo, la TNA se ubica en torno al 4,5% y puede escalar hasta un máximo cercano al 4,7% para colocaciones de hasta 1095 días, “lo que reduce su atractivo relativo frente a instrumentos indexados con mayor liquidez y potencial de rendimiento, agregó.
Frente a este escenario, Ortiz aseguró que la opción CER gana atractivo relativo.”No solo por el ajuste por inflación, sino también por el factor de mercado: la fuerte demanda impulsa la cotización de los títulos y potencia el rendimiento total”, aseguro.
En ese contexto, en el tramo medio y largo, instrumentos como el TZX31, TZXD7 y TZX28 ofrecen Tasas Efectivas Mensuales (TEMs) superiores, “con spreads que van de 1 a más de 2 puntos por encima de las alternativas bancarias”.
A esto se suma un diferencial clave: la liquidez. Ante cualquier necesidad, el inversor puede desarmar posición y “acceder al efectivo con mayor flexibilidad”, dijo la experta en línea con Alonso.

Además, con expectativas de inflación que muestran una resistencia clara a la baja, la demanda por cobertura en la curva CER se mantiene firme. “Si se comparan rendimientos en términos de TEM, el mejor plazo fijo UVA del Banco Nación ofrece en el tramo corto alrededor de 0,12% y, en plazos más largos, hasta 0,39%”, comparó Ortiz.
En contraste, los bonos CER amplían ese diferencial. Aseguró la estratega que el TZXD7 rinde cerca de 0,371% en el tramo más corto, mientras que el TZX28 alcanza aproximadamente 0,523% y el TZX31 se ubica en torno a 0,547%. “La brecha es evidente: se trata de retornos significativamente superiores frente a la alternativa bancaria”, aseguró.
A esto se suma un punto técnico relevante. Con la parte corta de la curva ya muy demandada, el tramo medio y largo no solo ofrece mejor carry en términos relativos, sino también potencial de compresión adicional, lo que abre espacio para ganancias de capital además del ajuste por inflación.
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