Jorge Pablo Brito: "Necesitamos achicar la grieta, para que no afecte a los temas que hacen al crecimiento"

Para el nuevo vicepresidente del Banco Macro la Argentina puede tener un contexto positivo en 2021, pero depende de cómo siga la pandemia y del acuerdo con el FMI

A Jorge Pablo Brito, el segundo de los seis hijos que tuvo el fundador del Banco Macro, no le va a costar demasiado seguir los pasos de su padre, fallecido en un trágico accidente de helicóptero un mes atrás. Pasó a ser vicepresidente de la entidad en la que ya actuaba como director, y a tener una responsabilidad más directa en otras de las empresas del grupo familiar.

Tiene una visión optimista para la Argentina, pero siempre que se alcancen los consensos necesarios para sostener un proyecto de largo plazo. Sabe que el crecimiento de los bancos viene de la mano de un mejor servicio basado en la tecnología, y para eso hacen falta reglas de juego parejas para todos los actores del sistema financiero. Desde el piso 27 de la moderna Torre Macro, con la misma vista que tenía Jorge Horacio Brito, compartió un extenso diálogo con El Cronista.

¿Cómo afectó al banco el fallecimiento de tu papá, su fundador y presidente?

Más allá del dolor personal que uno puede tener por la pérdida de un padre, que era mi amigo, mi socio, mi jefe, mi viejo, lo primero que uno siente es un vacío inmenso. Desde el punto de vista del banco y de las empresas, el vació que deja Jorge -más que nada por su estilo, por su impronta- difícilmente se pueda llenar. Tendría que ser muy estúpido si intento copiar a mi padre. El me dio una formación, nos preparó a todos los hermanos para algo que él sabía que podía suceder. Y obviamente con estilos distintos, esos espacios deben ser ocupados, con la gran importancia que él le daba a las relaciones humanas, intentando mantener lo mismo.

El banco estaba acomodado a ese estilo, de alguna forma. ¿Se puede adaptar?

Sí. Los bancos somos empresas que vivimos de nuestro servicio y en eso él siempre decía que el mayor capital que teníamos era el capital humano. Si bien desde el punto de vista del balance al Macro se lo puede comparar con dos o tres bancos de los más importantes a nivel nacional, tenía una impronta distinta y parte de su core también es distinto. Ese core era el interior del país, los individuos con bajos y medios recursos, a los que tal vez otros bancos no les prestaban atención pero que para nosotros eran un pilar central.

El vínculo con las provincias, siendo agente financiero de Tucumán, Salta, Misiones y Jujuy, también es un tema central. Ezequiel Carballo, por decisión de ambas familias y de la mayoría de los accionistas pasó a ocupar la presidencia. Después de 40 años de ser socio de mi padre conoce y sabe perfectamente lo que es el banco, con una impronta distinta sobre cómo llevarlo adelante. Los empleados saben que tienen un desafío distinto ahora, porque seguramente van a tener más responsabilidades. Y estamos muy confiados en que es un paso que vamos a dar satisfactoriamente. Si mi viejo se fue ahora, por algo será. Seguramente, muchos a partir de esto tendremos que crecer y ocupar esos espacios que él tenia.

¿Cómo ves al banco hoy?

El Banco Macro tiene índices de solvencia y liquidez de los más extremos del sistema financiero. Eso le da mucha solvencia para poder afrontar cualquier vaivén, como así también un exceso de capital que nos permite poder crecer, por estar totalmente desapalancado. El exceso de capital nos permitiría prácticamente duplicar la cantidad de activos que hoy tenemos. Vemos que el contexto macroeconómico mundial va a ayudar a la Argentina en el 2021 para que sea un mejor año. Tenemos muchos desafíos internos nosotros que tendremos que superar.

El principal es el tema de la pandemia, que se terminará resolviendo con una vacuna que sea exitosa. Lo menciono porque creo que tiene un gran impacto en la economía: conseguir la vacuna en febrero o en octubre es totalmente distinto. El principal driver para explicar por qué la Argentina creció más o menos que el promedio del mundo va a estar ahí. Como así también el acuerdo con el Fondo, al que pongo en segundo lugar de importancia.

El acuerdo con el Fondo ayuda al mediano plazo ¿Se sostiene la calma financiera actual hasta que se defina?

Lo peor de la pandemia ya pasó, los depósitos en dólares están estabilizados, los bancos en general están todos líquidos y sobrecapitalizados. El BCRA también consiguió por ahora estabilizar su flujo de divisas, así que creo que estamos en el piso y a partir de ahora se empieza a restablecer la confianza.

Macro es la nave insignia, pero también tenían participación en como energía y agro. ¿Qué expectativa tienen para esos rubros?

El tema energético argentino, sobre todo en renovables, que es lo que Genneia viene desarrollando desde hace cuatro o cinco años, relegando lo que es térmico y teniendo una participación cercana al 25% en lo que es el portfolio de inversiones de Genneia, tiene un gran potencial, hoy más de la mano de la energía solar. Porque el país tiene un problema de generación pero también de transporte. Y la solar te permite hacer parques de menor envergadura en los centros de consumo.

¿La producción agropecuaria puede repuntar?

Nosotros, con Inversora Juramento, tenemos campos en Santa Cruz y en Salta, pasando por provincia de Buenos Aires y Santiago del Estero. Cuando uno ve la actividad, la renta en el campo está entre 1 y 3%, cuando el costo de capital en la Argentina está en torno a 16%. No hace falta explicar mucho para mostrar que el negocio ganadero y agropecuario no tiene buena rentabilidad. El gran desafío que tiene es cómo aumentar la exportación de valor agregado.

¿Ese objetivo lo debe cumplir el sector privado o tiene que ser un plan del gobierno?

El desafío que tienen hoy los países en el mundo es generar el trabajo que te quita la tecnología. No se puede luchar contra eso, lo debemos recibir como parte de la evolución, como la revolución industrial. Hoy tenemos la mano de obra, tenemos la materia prima. Y tiene que haber políticas de largo plazo del Estado para incentivar que se pueda invertir con la seguridad jurídica necesaria y así crear empleo en la Argentina.

¿Falta trabajar en la mejora de ese clima de inversión?

A lo largo de los últimos 20 años nos han cambiado las reglas de juego muchas veces. Y el sector agropecuario no es ajeno a esto. Creo que necesitamos políticas de largo plazo y consensuadas con la oposición. Yo entiendo que entre el oficialismo y la oposición pueden tener diferencias de mucho tipo, pero hay algo que debe primar que son las políticas de Estado. En esto todos los empresarios estamos de acuerdo y los políticos también. Creo que hay que dejar de luchar por la distribución de la riqueza y darle también importancia a la generación de riqueza. Es algo que se discute poco. Siempre estamos pensando en cómo sacarle al que creemos que le sobra para darle al que creemos que le falta.

Tu papá siempre se consideró un facilitador del diálogo y los consensos. ¿Te interesa seguir ese camino?

Los empresarios muchas veces nos hemos hecho los distraídos con la política y este país necesita de los empresarios en la política. No digo dedicándonos a la política, sino como articuladores. Tenemos que levantar el brazo y hablar cuando nos parezca que algo está mal, más allá de quién lo haga.

Un banco se debe a sus clientes y los clientes hoy demandan tecnología. ¿Cómo están frente a ese desafío?

El tema de las fintech, afortunadamente para los bancos, nos obliga a generar un cambio. Y la pandemia nos hizo entender que ese cambio tiene que ser mucho más rápido. Y en ese sentido, lo que intentamos expresar siempre a las autoridades del gobierno -tanto del anterior como del actual- es que no estamos en contra de las fintech, sino que buscamos competir con las mismas reglas de juego. Y si con las mismas reglas ellos nos ganan clientes, entonces quiere decir que algo mal estamos haciendo. Ahora, me es muy difícil entender si los clientes que estamos perdiendo en manos de las fintech tienen que ver con un tema de plataforma o con un tema de la cantidad de beneficios impositivos, salariales y regulatorios que ellos tienen.

Tenemos un convenio con la Bancaria que es más costoso, tenemos reglas impositivas que son muy distintas. Tenemos normas del BCRA de prevención del lavado de dinero, encajes, seguro de Sedesa, supervisión de la CNV y la SEC para aquellos que tenemos oferta pública. Entre el costo marginal del depósito más caro que uno paga al préstamo más barato que uno da, hay una brecha importante, cercana a 15 puntos. Lo que necesitamos es que el Estado intente nivelar la cancha para competir con las mismas reglas.

¿Y cómo les va? ¿Alcanza con iniciativas como Modo, la aplicación que unió a bancos privados y estatales?

Modo es un proyecto muy ambicioso, porque estamos todos los bancos, incluido el Nación. No se lo puede comparar todavía con otros proyectos que ya tienen cinco o seis años. Pero soy optimista, creo que va a ser relevante y líder en servicios financieros. Lo bueno de la tecnología es que te impulsa al cambio. Los bancos en muchos casos estábamos cómodos, con clientes de 20, 30 o hasta 40 años de antigüedad. Y hoy las fintech generan un mercado más dinámico, con lo cual hay mucha menos fidelidad.

¿Cada banco debe tener su tecnología o es un commoditie?

Una cosa es Modo como medio de pago, de los cuales creo que van a quedar dos o tres, por la misma razón por la que quedaron dos o tres tarjetas de crédito. Ahora la tecnología en el sistema financiero no se va a dar solo para los medios de pago, sino también para canalizar el ahorro (hago un plazo fijo, invierto en un money market o compro acciones desde un teléfono) y también se va a dar para la demanda de crédito.

¿Qué es lo que más te preocupa del horizonte económico que presenta el 2021?

Mirando hacia lo nacional, soy optimista. Pero para eso también necesitamos romper o achicar la grieta, para que no esté en los temas importantes que hacen al crecimiento del país. De cara al mundo, el desafío de acá a 10 o 15 años es ver cómo absorber toda la pérdida de fuentes de trabajo que trae la tecnología. Es un tema al que no le encuentro la solución.

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