Con una sola publicación en Truth Social, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el fin de su guerra contra Irán justo cuando esta estaba al borde de una escalada peligrosa. El régimen islámico, de manera predecible, declaró que Estados Unidos había “capitulado ante la determinación del pueblo iraní”, pero también dijo que aceptaría un alto al fuego de dos semanas. La guerra elegida por Trump fue una apuesta temeraria desde el principio, carente de objetivos coherentes o de un plan para el día después. Tras más de cinco semanas de conflicto, que se extendió por todo Medio Oriente, costó miles de vidas —en su mayoría iraníes—, sacudió los mercados energéticos y amenazó con desencadenar una crisis económica global, la tregua trajo alivio a millones de personas.
No hubo ganadores en esta guerra. Estados Unidos declaró la victoria militar y el conflicto ciertamente golpeó duramente la infraestructura militar e industrial de Irán. Pero Irán también salió de la guerra con el régimen islámico aún en pie —quizás incluso más radical— y con una nueva palanca de poder gracias a su control sobre el estratégico estrecho de Ormuz. Trump puede fantasear con un cambio de régimen, pero el nuevo líder de Irán es el hijo de Alí Jameneí, el líder supremo asesinado el primer día de la guerra.
El alivio de las tensiones en Medio Oriente debe moderarse con cautela: se trata de un alto al fuego frágil entre dos adversarios que desconfían profundamente el uno del otro tras décadas de hostilidad. Hay un largo camino entre un alto al fuego y el fin permanente de la guerra. De hecho, se reportaron ataques iraníes en todo el Golfo el miércoles, mientras Israel lanzaba masivos bombardeos aéreos sobre Líbano y Hezbollah, respaldado por Irán. Israel insistió en que Líbano no estaba incluido en el alto al fuego. Pakistán, el mediador, no estuvo de acuerdo e Irán advirtió que su consentimiento para reabrir el estrecho de Ormuz dependía de que se incluyera al Líbano.
Una prueba crucial será si todas las partes pueden llegar a un acuerdo sobre el Líbano. Otra es si Irán permite el libre tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, tal como estipula el acuerdo de alto al fuego. A medida que los precios de la gasolina en Estados Unidos superaron los 4 dólares por galón, reabrir la vital vía marítima se convirtió en el principal objetivo de Trump, luego de que la masiva ofensiva militar estadounidense-israelí no lograra derrocar al régimen ni forzarlo a capitular. Sin embargo, Irán ha señalado que seguirá exigiendo un peaje, una línea roja para la mayoría de los aliados del Golfo Pérsico de Estados Unidos, que dependen de esa vía.
Las negociaciones para un acuerdo definitivo también serán complicadas. Trump describió un plan de diez puntos presentado por Irán como una “base viable” para las negociaciones. También dijo que estaba “hablando” sobre el alivio de las sanciones con Irán y debatiendo cómo su administración trabajaría con el régimen para recuperar el uranio altamente enriquecido, enterrado bajo los escombros de las instalaciones nucleares que Estados Unidos bombardeó el pasado junio.
Pero una cosa es hablar de la posibilidad de un acuerdo y otra es conseguir uno que ambas partes acepten. Para empezar, aún no está claro si Trump e Irán están hablando del mismo plan de diez puntos. Además, Trump prefiere las victorias rápidas, pero si las negociaciones han de incluir lo que queda del programa nuclear iraní, los iraníes tienen mucha más experiencia y pericia y son conocidos por negociar durante años.
La arrogancia de Trump y su subestimación del enemigo ayudan a explicar por qué inició la guerra en primer lugar. Impulsado por los halcones estadounidenses y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, hizo caso omiso de las advertencias de los aliados árabes de Washington.
Estos habían predicho que un régimen iraní que enfrenta una batalla existencial atacaría las instalaciones energéticas del Golfo para elevar los costos para sus enemigos y tomaría como rehén el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz. El riesgo para ellos ahora es que el alto al fuego no desemboque en un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, sino que se prolongue indefinidamente. Eso es preferible a una guerra total. Pero no sería paz, sino más bien un estado permanente de inestabilidad.
