Estoy leyendo con cierto retraso un libro llamado “El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda”. Recién voy por la mitad, pero la idea central es que hay valor en abrazar la adversidad, elegir bien las batallas y simplemente no esperar que el mundo te haga feliz. Encontrá satisfacción en las cosas que podés controlar y que son importantes para vos. Preocupate menos.

Lo menciono no porque me haya convertido en columnista de autoayuda, ni porque sienta un orgullo extraño en leer libros de no ficción popular una década después de su lanzamiento, sino porque realmente parece que los mercados financieros internalizaron ese mensaje.

Las últimas siete semanas fueron una prueba de estrés enorme para los nervios de los inversores. La inflación de precios energéticos saltó al mayor ritmo en un cuarto de siglo, según los analistas de UBS, y hay chances de que empeore. En muchas partes del mundo, ya empeoró. El FMI dice que la economía global se desacelerará a un ritmo similar al del Covid si seguimos así. La OTAN está en peligro. La geopolítica es un desastre. Los gobiernos en casi todas partes tienen que encontrar el dinero para defensa y rápido.

Los brotes de violencia en Medio Oriente no son, por supuesto, ninguna novedad. Pero cada vez que ocurrieron en los últimos años, la reacción de los mercados fue acotada porque los inversores se consolaron pensando que no se convertirían en conflictos más amplios ni bloquearían el Estrecho de Ormuz. Bueno, ahora tuvimos ese conflicto más amplio, y ese bloqueo al estrecho, y los mercados típicamente sensibles al riesgo, como las acciones, después de una caída, subieron de todas formas. El avance hacia una reapertura del estrecho, aunque frágil y lejos de ser una solución rápida, añadió más combustible al optimismo.

Puede llevar semanas o meses volver a la normalidad, pero los inversores decidieron, de algún modo, que eso ya no importa tanto. El simple hecho de que haya algún tipo de negociación en marcha, orientándose de manera vaga y sinuosa hacia un cese del fuego real, alcanza para reavivar el entusiasmo que se había enfriado en el punto más álgido del conflicto con Irán en marzo.

Los precios del petróleo siguen rondando los u$s 100 el barril, un 45% por encima de donde empezaron el año. Pero las acciones estadounidenses borraron el golpe que sufrieron el mes pasado —medido por el índice de referencia S&P 500— y de hecho marcaron un nuevo récord histórico. Los rendimientos de los bonos soberanos, y por ende los costos de endeudamiento a nivel mundial, están más altos que hace seis semanas, pero estables. El dólar, que ofreció una pálida imitación de activo refugio en la parte más ruidosa de la guerra con Irán, está cediendo terreno. Los amantes del oro están redescubriendo su entusiasmo especulativo.

Las empresas se compran entre sí a buen ritmo y siguen invirtiendo en innovación y expansión. La conversación en torno a la IA, en palabras de Andrew Sheets de Morgan Stanley, pasó de “¿y si fracasa?” a “¿y si funciona?”. En definitiva, “huele a espíritus animales”, dice.

Fieles a su caricatura de agoreros, los inversores en bonos parecen algo más sensibles a los titulares sobre Irán que sus primos de la renta variable. Como señala Jim Reid de Deutsche Bank, las acciones “están rompiendo las cadenas” que las ataban al precio del petróleo, “mientras que los bonos han operado prácticamente en sincronía”. Los bonos soberanos se estabilizaron, pero no recuperaron el tropiezo de marzo ni de cerca en la misma medida. Aunque podría argumentarse que eso se debe a que los bonos arrancaron desde un lugar equivocado, inflados por las preocupaciones en torno a la IA y la economía estadounidense que ahora se van desvaneciendo.

La inflación de precios energéticos saltó al mayor ritmo en un cuarto de siglo y hay chances de que empeore.Reuters

¿Podemos vivir con el petróleo a u$s 100 y una desintegración del orden de defensa global? El valor de mercado de la estabilidad de la OTAN parece ser prácticamente cero. Incluso para quienes anticipaban un buen año para los activos de riesgo, esto realmente sorprende.

¿Qué concluir de todo esto? Matt King de Satori Insights cree que los inversores están “hartos de la guerra” y que “los mercados simplemente quieren que todo esto termine”. Es cierto. Pero también señala algo más: el consenso entre los analistas sobre las ganancias corporativas apenas se movió y, de hecho, sigue creciendo. La temporada de resultados en Estados Unidos está en sus primeras etapas, pero está arrojando buenos números. Y a menos que la guerra con Irán realmente golpee el desempeño empresarial, no va a golpear a las acciones. Es, dice, “asombroso lo bien que resistió el riesgo”.

El siempre optimista equipo de estrategia multiactivo de HSBC resume bien el clima positivo. “‘Menos malo’ es suficientemente bueno”, escribió en una nota esta semana. “Sospechamos que los llamados a la complacencia de los inversores abundarán en las próximas semanas.”

Pero, agregaron, lo que importa es la tasa de cambio. “No necesitamos un retorno pleno a la normalidad” para desandar los movimientos nerviosos del mercado de las últimas seis semanas.

No hace falta ser un genio para ver cómo esto podría salir mal. Los mercados optimistas alientan a la administración Trump a seguir empujando los límites de lo que la geopolítica y los mercados financieros pueden tolerar, lo que eleva el riesgo de accidentes.

Pero sin algo que rompa el hechizo —como otro salto importante en el precio del petróleo que lleve a la economía estadounidense a la recesión, o una suba desmedida de tasas de interés por parte de bancos centrales asustados por los riesgos inflacionarios— es difícil ir contra el mercado. Preocupate menos y andá con la corriente.