La cúpula militar de Irán desestimó con dureza las afirmaciones de Donald Trump de que la república islámica estaba dispuesta a negociar, luego de que su gobierno presentara a Irán un plan de 15 puntos para terminar el conflicto.
“Nuestra primera y última palabra siempre ha sido, es y será esta: alguien como nosotros nunca llegará a un acuerdo con alguien como ustedes —ni ahora, ni nunca—”, afirmó el Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, comando militar iraní, en un mensaje en video difundido el miércoles.
“No llamen acuerdo a su derrota. La era de sus promesas ha llegado a su fin”.
El comunicado reflejó un profundo escepticismo en Irán sobre la seriedad del presidente estadounidense respecto a un eventual pacto, junto con la percepción del régimen de que mantiene la ventaja pese a la destrucción provocada por miles de ataques de Estados Unidos e Israel.
Trump ha insistido esta semana en la posibilidad de un acuerdo con Irán, luego de retroceder en su amenaza de bombardear las plantas energéticas del país si no se garantizaba el libre tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz.
Sus declaraciones —incluidas afirmaciones sobre contactos con funcionarios iraníes— habían provocado una baja en los precios del petróleo y el gas, así como un repunte en las acciones.
Sin embargo, la televisión estatal iraní citó a un funcionario que aseguró que el régimen solo pondrá fin a la guerra cuando se cumplan sus condiciones.
Entre ellas figuran el cese del conflicto en “todos los frentes”; garantías de que Irán no será atacado en el futuro; compensaciones por los daños de guerra; y el reconocimiento del “derecho soberano” del país a ejercer autoridad sobre el estrecho de Ormuz.
Pakistán, Egipto y Turquía han intercambiado mensajes entre EE.UU. e Irán. Islamabad incluso ofreció albergar conversaciones entre las partes enfrentadas esta misma semana, según fuentes al tanto de la situación.
Estados Unidos transmitió su plan de 15 puntos a través de intermediarios paquistaníes. La propuesta abarca el programa nuclear iraní, el apoyo a grupos armados, el arsenal de misiles balísticos y las condiciones para la apertura del estrecho, por donde normalmente transita una quinta parte del petróleo y gas mundial.
Dos diplomáticos informados sobre el plan lo describieron como “maximalista”. Otro señaló que es “duro” en lo nuclear, aunque “más flexible en otros puntos”.
Según una de las fuentes, tanto Estados Unidos como Irán buscan una salida al conflicto, pero el desafío será alcanzar un acuerdo aceptable para ambas partes.
La reacción militar pone de relieve la enorme desconfianza entre ambos países, un obstáculo central para cualquier avance diplomático que permita terminar una guerra que ya lleva casi cuatro semanas.
“La guerra continuará hasta que los estadounidenses sientan su impacto en su propia economía —y aún no estamos en ese punto—”, dijo una fuente cercana al gobierno iraní.
“En otras palabras, esta es la verdadera disuasión destinada a garantizar que Trump nunca se atreva a atacar Irán nuevamente. Hasta entonces, nadie dentro de la república islámica se atreverá a interactuar con ningún estadounidense, en ningún lugar”.
La misma fuente agregó que la propuesta estadounidense fue entregada al gobierno iraní, que decidirá si responde.

Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, advirtió el miércoles que “si Irán no acepta la realidad del momento actual, si no entiende que ha sido derrotado militarmente… el presidente Trump se asegurará de que reciba un golpe más duro que nunca antes”.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha sido el principal interlocutor con países de la región que buscan mediar, aunque funcionarios iraníes y regionales insisten en que no hubo negociaciones formales.
Cualquier diálogo o acuerdo debería contar con la aprobación del ayatolá Mojtaba Jameneí y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en un contexto en el que el régimen es considerado más duro que antes de la guerra.
Diplomáticos y analistas sostienen que, tras los asesinatos de Alí Jameneí —líder supremo fallecido— y de otros altos funcionarios, incluido Alí Larijani, el sistema se volvió más militarizado, con mayor poder para la Guardia.
Esta semana, Mohammad Bagher Zolghadr, excomandante de la Guardia, fue designado secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, convirtiéndose en la principal autoridad de seguridad del régimen.
Ali Vaez, del think tank Crisis Group, afirmó que el nombramiento “consolidó la militarización total del régimen iraní”.
Analistas iraníes sostienen que Jameneí sigue al mando, aunque está herido y no ha aparecido en público desde el inicio del conflicto.

Su círculo cercano incluiría a Hossein Taeb, exjefe de inteligencia de la Guardia, según Vaez y un funcionario de inteligencia de Medio Oriente.
“Es, básicamente, un equipo de halcones extremos”, dijo Vaez. “Estas personas no van a ceder, y el régimen está mucho más atrincherado que hace unas semanas”.
Saeed Laylaz, analista iraní, aseguró que Irán no está “considerando conversaciones significativas con Estados Unidos en este momento”.
“Por eso se designó a Zolghadr —como principal nexo entre las instituciones militares y diplomáticas—, inclinando la balanza a favor del sector militar”, explicó. “Con Larijani, ese equilibrio estaba más orientado a la diplomacia”.
Según diplomáticos y analistas, el régimen —que considera la guerra una batalla existencial— no aceptará un alto el fuego, sino únicamente un acuerdo que ponga fin al conflicto y garantice que Estados Unidos e Israel no reanudarán los ataques.
“Los iraníes no se reunirán a ningún nivel sin cierto grado de garantías de que Estados Unidos atenderá algunas de sus condiciones”, señaló Vaez. “Tienen muy claro lo que quieren y en esencia consideran que es mejor para ellos estar en una guerra activa que congelados en una paz fría”.
“Bajo ninguna circunstancia están dispuestos a volver al statu quo anterior y esperar otra ronda de hostilidades”.
Laylaz agregó que en Teherán sospechan que Trump “busca un alto el fuego o intenta otro engaño”, que incluso podría implicar atraer a Mohammad Bagher Ghalibaf —uno de los principales líderes en tiempos de guerra— para asesinarlo.
Al igual que otros dirigentes, Ghalibaf no ha aparecido en público desde los primeros días del conflicto.
Tras declaraciones de Trump sobre contactos con una “persona de alto nivel” en Irán, algunos medios especularon que se trataba de Ghalibaf. El propio político lo desmintió, calificándolo como “noticias falsas” destinadas a manipular los mercados.
Vaez afirmó que Ghalibaf “no va a exponerse solo para conversar con quienes bombardearon Irán dos veces en medio de negociaciones”.
Dos diplomáticos indicaron que las comunicaciones dentro de la cúpula iraní están condicionadas por el temor a que Estados Unidos o Israel rastreen llamadas para ubicar y atacar a altos funcionarios.
Laylaz concluyó: “Sin duda hay contactos […] con mediadores que involucran al presidente y al ministro de Exteriores. Pero Irán no volverá a dejarse engañar creyendo que son posibles negociaciones serias con Estados Unidos”.
Trump respaldó la guerra de 12 días de Israel contra Irán en junio pasado —en la que Estados Unidos participó brevemente— mientras mantenía negociaciones con Teherán. Luego se sumó al actual conflicto en febrero, también en paralelo a contactos diplomáticos.
A pesar de hablar sobre un posible acuerdo, Estados Unidos está enviando miles de marines al Golfo y planea desplegar unos 3.000 paracaidistas de élite.
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