
Los mercados están trastornados y con altibajos, pero en los últimos tiempos tienden a estar deprimentemente bajos. La búsqueda de buenas noticias ya es desesperada. Tanto es así que la noticia de que los precios de las casas cayeron a la tasa anual más lenta en cinco meses se consideró ayer un motivo de optimismo.
La principal esperanza de muchos inversores es que la acumulación de malas noticias se transforme en una buena noticia, porque esto podría impulsar a los que elaboran las políticas públicas a tomar decisiones.
En los mercados emergentes ya se están tomando medidas, y el hecho de que la inflación siga cayendo rápidamente ofrece margen a más recortes en las tasas. En China, la inflación está un punto porcentual por debajo de la meta de 4%; en Rusia la brecha es aún mayor, mientras en Brasil, aunque todavía está por encima de la meta, la sobrepasa por el nivel más bajo desde 2010.
Se espera mucho más de los funcionarios en el mundo emergente. En Brasil, por ejemplo, se tiene en cuenta en los precios una rebaja de otro punto porcentual en la tasa, dijeron los operadores.
Los recortes en las tasas deberían ayudar al mundo en desarrollo pero algunos, como David Bowers, de la firma Absolute Strategy Research, opinan que esto fortalecerá también al mundo desarrollado.
Tal vez sea así, pero tanto la causa como el efecto de tener tasas más bajas en los emergentes sugieren que es preciso tener cautela. La razón por la que se decide la reducción es que cae la demanda en los desarrollados y esto perjudica las exportaciones de los emergentes. El recorte en las tasas sólo ayuda a Occidente si se traduce en más crecimiento interno en los emergentes, porque esto hará crecer la demanda de lo que exportan los países desarrollados.
Por otra parte, las tasas más bajas harán más marcada la caída de las monedas de los emergentes que se produjo tras la repatriación de capital extranjero. Este año, el real bajó 10% contra el dólar. Y hasta el manipulado yuan de China bajó 1%; este es el debilitamiento de más larga duración desde la crisis en 2008. Esto hace que las exportaciones de los mercados emergentes sean más baratas y las exportaciones desde los desarrollados resulten más caras. De ninguna manera puede esperarse que los precios más altos favorezcan la demanda de los productos occidentales.
En algún momento las malas noticias podrían ser lo suficientemente serias como para que la Reserva Federal de EE.UU. intervenga. En cuanto al Banco Central Europeo, parece probable que baje la tasa el mes próximo. Hasta entonces, las malas noticias serán simplemente malas noticias.











